Sobre la polémica Sarri-Mancini

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En cuanto el árbitro pitó el final del último duelo copero entre el Nápoles y el Inter la zona mixta subió de temperatura. De escenario habitual de las más anodinas respuestas a una mezcla de polvorín y púlpito ejemplarizante. En el foco, los entrenadores de ambos equipos. Roberto Mancini, visiblemente enfadado, acusó a Maurizio Sarri de racista y homófobo.

“Sarri es un racista y gente como él debería estar fuera del fútbol. Me levanté para preguntarle al cuarto árbitro por qué se habían añadido cinco minutos. Él se levantó y me gritó ‘maricón’. Alguien de 60 años que actúa así es una vergüenza. Fui a buscarle al vestuario y se disculpó, pero quiero que se avergüence de lo que ha dicho. En Inglaterra, a alguien como él no le permitirían ni poner un pie en la banda” Cualquiera con dos dedos de frente entenderá el enojo de Mancini, cualquier persona cabal aplaudirá su valentía para denunciar un comportamiento lamentable. Cualquiera seguramente, menos el Mancini de 2007.

Durante un Inter-Nápoles liguero, con Mancini en el banquillo local, la curva Nord del Meazza, donde ocupan localidad los ultras del equipo milanés, mostraron pancartas intolerables contra la afición napolitana. Quizá la más significativa, la que ha acabado siendo carne de meme fue aquella que identificaba a los napolitanos como tuberculosos, “Partenopei tubercolosi”, pero hubo más. En Italia siempre recuerdan la lona que describía a Nápoles como la cloaca de Italia. Por desgracia, esta forma de racismo es habitual en la eterna diferencia norte-sur que acostumbran a subrayar las gradas italianas, pero aquello fue tan grave que la justicia deportiva clausuró la curva durante una jornada. En cambio, cuando se le preguntó al técnico interista por el asunto decidió adoptar un discurso tibio, muy alejado de su última y encendida versión. Calificó aquello de “simples burlas” y cargó contra los periodistas acusándoles de falsos moralistas. Se defendió explicando que a Materazzi también le insultan allí donde pone un pie.

Cualquiera, también el propio Sarri, coincidirá con Mancini en que acabar con el racismo, la homofobia y la mala educación en los estadios debe ser una prioridad para todos. Cualquiera entenderá también que la lucha debe ser constante, no un desahogo aislado cuando el problema te toque de cerca.

Periodismo y social media. Infrafútbol y chatarra. Yahoo!, Radioset, Tinkle, etc. sergcortina@gmail.com

2 Comments

  1. tubilando

    21 de enero de 2016 a las 12:32 am

    Sí, mejor es erradicar todo lo que dices, pero no poner el grito en el cielo con una cosa (el caso que nos trae) y hacer oídos sordos en otros (por ejemplo, frases contra el hijo de Piqué). Con esta manera tan cínica de actuar, sólo falta que publiquen una relación de insultos homologados y los que son intolerables.

  2. Kurono

    21 de enero de 2016 a las 4:45 am

    No es extraño que en las gradas del fútbol europeo campen muchos que les gustan los insultos denigrantes racistas, homofóbicos, chuvinistas, machistas y extremistas. Desde la Lazio con sus Swastikas, el antisemitismo (camuflado con odio anti-Ajax) en Holanda, los insultos racistas en Rusia, las pancartas de mal gusto en Italia y España, hasta cosas más serias (peleas, agresiones). Y sí, parte del problema es la hipocresía, Mancini hoy día se mueve como un estandarte de la corrección política, cuando en el 2007 actuó de una manera incongruente con su “nuevo” ser. No es posible que se ponga más empeño con lo de los plátanos (de hecho, Dani Alves hizo una cosa muy TOP con comerse el feo gesto del plátano y luego simplemente no hacer “leña” del asunto: https://www.youtube.com/watch?v=3L_Zvs7AiJ0), cuando se escuchan cánticos antisemitas en otros estadios, odio xenofobo o hasta amenazas de muerte (la pancarta de “Tu Dedo nos muestra el camino”, la de “Red or Dead” de la hinchada del Standar Liegue a Defour). Y no lo digo con el hecho que el lanzamiento de plátanos sea algo “bueno”, pero también estas otras situaciones deben ser paradas.