El Madrid como un cohete

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Cristiano Ronaldo cree que Zinedine Zidane es muy simpático. Isco ha dejado de escuchar el lenguaje de los delfines para experimentar junto al nuevo entrenador un orgasmo comunicativo desconocido. Es la rara magia de Zidane y no la escasa resistencia del Deportivo y, principalmente, del Sporting la que ha transformado las estadísticas de la BBC en un diamante hasta la ceguera. Zidane consigue que Bale defienda y corra con inteligencia y parezca, de repente, un Sim nuevo por el que merece la pena no borrar la partida y destrozar el teclado contra la pared. Zidane es el hombre que gritaba desde la banda las claves exactas que a Ancelotti se le escaparon para ganar la décima. ZZ Top cierra Valdebebas y no se descarta que en algún descanso de sus maratonianas jornadas descubra la vacuna para un par de enfermedades raras.

Es palpable que el Real Madrid juega bastante mejor desde que Florentino Pérez ordenó el enésimo cambio de cromos. Algo indiscutible. La defensa logra irse al vestuario sin el culo manchado de la cal que marca los límites del área y las retinas de los delanteros son rodillos de recreativa enfurecidos con desmarques, líneas de pase inteligentes y esfuerzo generoso como únicas combinaciones posibles. Todo es alegría, todo es lo nunca visto y hasta las coberturas parecen trabajos vocacionales. El Madrid se ha enchufado, pero tiene un problema, jamás será capaz de jugar a la altura de lo que imagina la propaganda.

El Madrid fue un vendaval de fútbol ayer. Las sensaciones son un pelotón de flechitas hacia arriba en la libreta de cualquier espectador. Pero claro, todo llega contra Deportivo y el Sporting, un equipo, el asturiano, que despistó el coraje que les ha llevado a Primera en cuanto tiraron la primera selfi en el paseo por el Bernabéu.

Quiero conocer el verdadero valor de Zidane y su Madrid contra equipos que muerdan la salida de balón de Kroos, contra tíos que vivan pegados a su marcador, contra rivales capaces de colocar al Bernabéu en posición de empujar durante los noventa minutos. Quiero ver al Madrid cuando la convivencia convierta el efecto cama en un concepto incómodo. Cuando las milongas sobre formas físicas y ajustes tácticos finísimos, más antiguas que el fútbol, se acomoden en ese rinconcito de la hemeroteca que les pertenece. Quiero verles en el alambre de la eliminatoria europea contra la Roma, un equipo que comparte con el Madrid la eterna competencia contra su propia historia y la sensación de que el aire es más puro, alpino, desde que se fumigaron al último entrenador. Mientras tanto, los fuegos artificiales en el patio de tu casa nunca serán lo mismo que en la plaza mayor.

Periodismo y social media. Infrafútbol y chatarra. Yahoo!, Radioset, Tinkle, etc. sergcortina@gmail.com

4 Comments

  1. Full Norbert

    18 de enero de 2016 a las 11:01 pm

    De acuerdo con el artículo, pero yo creo que a la Roma se la pulen sin despeinarse.

  2. Sergio Cortina

    19 de enero de 2016 a las 10:37 am

    Coincido contigo, pero ese será ya un partido con la exigencia suficiente como para sacar conclusiones.

  3. Kanchelsky

    25 de enero de 2016 a las 11:17 am

    Será que no lo dijiste…ojo a los fuegos artificiales…zas!

  4. JJ

    1 de abril de 2016 a las 3:38 am

    Pues mientras sea el madrid un equipo de 1, jugando individual, pues no llegaremos a nada.