El otro adiós de Mel

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Nos queríamos, nos destrozábamos mutuamente las vidas‘, cantaban los siempre referenciales Antònia Font en ‘Tots es motors‘ mientras, así como quien no quiere la cosa, nos dejaban una lección magistral de vida. Pepe Mel y el Real Betis se han querido mutuamente. Se han amado e incluso se han deseado con desmedida pasión. Tanta pasión que unos y otro acabaron por perder el control de sus emociones. Y fue entonces cuando empezaron a hacerse daño.

Puede que aquellas muestras de cariño que la masa social bética dirigió al ya extécnico verdiblanco allá por el mes de diciembre del año 2013, cuando el consejo de administración de Heliópolis decidió prescindir de sus servicios mientras el equipo se precipitaba hacia el abismo, fuesen desproporcionadas. Fue el principio del fin. El momento en el que el beticismo le hizo ver a Mel que no había otro como él. Y así ocurrió que un año más tarde de su salida, y tras una breve experiencia en Inglaterra, Pepe volvió al Villamarín para devolver al equipo a Primera. No es que pareciese el idóneo, es que parecía el único.

Mel regresó con el Betis a Primera. Pero lo hizo bajo otro contexto social bien diferente. Con la entidad fracturada, con la duda permanentemente encima, planeando como un buitre sobre su figura y agotando su ideario hasta que la inseguridad se adueñó de sus planteamientos. El equipo dejó de mirar a Rubén Castro, Ceballos o Joaquín, y empezó a mirar hacia Petros, N’Diaye y Digard. Arrinconó el talento con la idea de amurallarse en torno a Antonio Adán. Comenzó la sangría de puntos, subieron los decibelios y Mel empezó a hacer daño a ese Betis al que tanto quiere. Disparó con contundencia hacia Eduardo Maciá, director deportivo bético. Renegó en diciembre de lo que en agosto le había parecido adecuado y arrancó una temeraria carrera en la que parecía aferrarse a la estúpida idea de que si el Betis no lograba ser feliz con él, no lo sería con nadie. Donde debió de buscar estabilidad y paz provocó agitación y una preocupante sensación de descontrol generalizado y de inoperancia ante la fragilidad del equipo.

La actitud de Pepe Mel fue suicida durante las últimas semanas, pero al ya extécnico verdiblanco se lo ha llevado por delante la misma planificación deportiva deficiente que ya se lo llevara corriente abajo hace un par de años. Otra vez la historia del eslabón más débil, del ‘es más fácil echar a uno que a diez’. Otra vez un equipo desnortado y girando en espiral hacia el sumidero. Otra vez la historia reciente del Betis, fiel a su cita.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

3 Comments

  1. Sin Balón

    15 de enero de 2016 a las 9:58 am

    El Betis tropezando otra vez con la misma piedra.

  2. Fran

    15 de enero de 2016 a las 8:44 pm

    En el artículo se obvia que han despedido a entrenador de un equipo recién ascendido que estaba fuera de los puestos de descenso.

  3. AyF

    28 de enero de 2016 a las 9:20 pm

    Puestos a elegir entre dimitir y la cabeza del míster, las directivas prefieren siempre deshacerse del técnico. Los entrenadores han sido y serán siempre el chivo expiatorio de muchas decisiones controvertidas de los presidentes. Aunque en ocasiones los resultados parezcan confirmar que acertaron con el cambio.