El mal menor

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Un gol muy extraño terminó decidiendo un muy extraño partido. Gol extraño porque solo Nacho, muy lejos de su posición habitual en el campo, tuvo fe en un balón que parecía perderse sin remedio por la línea de fondo y porque un golpeo inclasificable del defensor madridista, que no buscaba el premio del gol, terminó por alojar el balón en las redes de Trapp. Y un muy extraño partido porque se lo acabó llevando el equipo que menos méritos acumuló para ello. El Real Madrid hizo aguas ante un Paris Saint-Germain bien plantado sobre el Bernabéu. Si hace dos semanas era el Madrid el que daba una imagen más solvente sobre el césped parisino, esta vez fue el cuadro de Laurent Blanc el que puso las condiciones sobre cómo y por dónde debía de jugarse el partido.

Y tan bien interpretaron los franceses las condiciones por ellos mismos impuestas, que el 1-0 final se escapa a toda lógica. Brillantes en la presión cuando perdían el balón y resolutivos cuando lo volvían a encontrar, solo la mala puntería evitó una clara victoria visitante. Jugó esta vez el PSG como lo habría hecho un clásico europeo, de esos de lanza en astillero y adarga antigua, de los que siempre exigen esfuerzo superlativo antes de hincar la rodilla. Con gran peso específico. Con la solvencia y la seguridad del que no se ve inferior a su poderosísimo rival, porque realmente no lo es. Liderado por Ángel Di María, auténtico factor diferencial en un equipo capaz de alinear juntos a Ibrahimovic, Cavani o Matuidi, y aprovechando las continuas superioridades provocadas por la movilidad del argentino, desnudó y dominó a un Madrid inesperadamente tierno y melifluo, muy alejado de los cánones de su entrenador.

Encarcelado en el 4-5-1 y desasistido como pocas veces, Cristiano Ronaldo dejó probablemente su peor partido desde que es jugador del Real Madrid. No se recuerda, al menos, un choque con menor incidencia del portugués. En el que tocara menos balones, en el que estuviera tan permanentemente alejado del foco e irremediablemente inédito. Tema delicado cuando se trata de un futbolista que necesita permanente conexión con el epicentro del juego para dar su mejor nivel. Lo de Casemiro, jugador con excelso cartel y favorita del sultán Benítez, merece capítulo aparte. Porque resulta preocupante que el brasileño sea el centrocampista más destacado del Real Madrid partido tras partido. Si se busca hacer daño al rival, Casemiro solo puede ser un complemento, nunca un protagonista ni el futbolista blanco que más señales transmita.

Un partido extraño. Un partido con un resultado real que pareció de mentira. Con un Real Madrid muy lejos de lo que se espera de un candidato al título y que supo disfrazar una realidad preocupante, porque realmente nunca llegó a tener el choque bajo su control, bajo la máscara de un gol inaudito. http://www.tb-credit.ru/microzaimy.html