Mestalla se pronuncia

nuno

La siempre crítica grada de Mestalla dio a Nuno Espírito Santo su primer aviso serio en el partido del pasado sábado en el que el Valencia CF empató sin goles ante el Betis. Fue una pitada prácticamente unánime, tensa, de esas que acaban situando a la afición valencianista en el disparadero. De esas que, a ojos del resto de aficiones de España, terminan de ayudar a definir el establecido prejuicio que coloca a la hinchada ché el cartel de caprichosa, exigente, inestable e histérica.

Nuno llegó a Mestalla siendo una absoluta incógnita. La gente, que sin duda esperaba un entrenador con mayores credenciales, transigió con su fichaje porque entendió que era parte de una nueva era. De una era en la que, con el club debidamente saneado en lo económico, el valencianismo debía de confiar y ponerse en las manos de lo que Peter Lim tenía en mente. Cuando los buenos resultados deportivos acompañaron, lo institucional quedó en un discreto segundo plano y la incógnita de Nuno comenzó a despejarse. Se hacía y se deshacía. Se fichaba, se vendía. Se largaba a Rufete y Amadeo Salvo. Pero la pelota entraba y allí no pasaba nada, todo se perdonaba. Todo parecía seguir girando bajo el músculo económico de Mister Lim.

Pero, sea como fuere, la pelota ha dejado de entrar. Al menos, ha dejado de hacerlo con tanta asiduidad como lo hacía hace solo unos pocos meses. Ya no la empuja in extremis Paco Alcácer. Ya no llega Feghouli a ese balón que se marcha. Ya no domina Parejo con la solvencia de otros momentos. Con Lim apostado y protegido tras las sombras más impenetrables y Jorge Mendes manteniéndose completamente ajeno a lo que ocurre sobre el césped, el triángulo formado por el magnate singapurense, el factótum portugués y el técnico ha comenzado a mostrar los primeros síntomas de fatiga en sus estructuras. No soy aficionado che y no puedo ponerme en la piel del que cada quince días toma su asiento en Mestalla y debe sobrellevar una situación institucional inusual y con aroma de inestabilidad. No puedo saber si los pitos de la grada surgen a raíz de una determinada decisión del banquillo, o si son fruto del descontento con alguna alineación comprometida. O tal vez los pitos a Nuno no fueran directamente dirigidos a Nuno, a quien le ha tocado jugar el ingrato rol de escudo humano de sus superiores. Tal vez la pitada fuera una muestra de descontento con una situación de incertidumbre a la que empiezan a vérsele las costuras. Tal vez fuera una pitada dirigida a la pertinaz y despreocupada ausencia de Lim o a las oscuras maniobras de Mendes, quien, una vez despejado el horizonte con la salida de Salvo, ve al Valencia expuesto como una gigantesca mesa de negociaciones. La afición ‘más exigente’ de España, esta vez sí, tiene motivos para pedir explicaciones. Aunque quizá el menos indicado para ofrecérselas sea precisamente Nuno.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

2 Comments

  1. Kurono

    24 de septiembre de 2015 a las 5:57 am

    Pongámoslo de esta manera: El Valencia es un Deportivo con miras Europeas. El Sr. Méndes quiere hacer del Valencia una suerte de filial para sus jugadores, un escaparate. De buena cuenta, así como puede llevar Falcaos, Otamendis y Carvalhos, también puede plagar el equipo de gente como Bebé (revísate el dineral que tiró el Man. United en ese sujeto), Hilário (¿cuantos años pasó viviendo en Londres ganando lo que ganaba este individuo?) o Ánderson. Y Nuno no es exactamente inocente, ya que conoce bien que habichuelas cocinan Lim y Méndes.

  2. Popeto

    24 de septiembre de 2015 a las 10:26 am

    Lo siento pero te equivocas al afirmar “Se largaba a Rufete y Amadeo Salvo. Pero la pelota entraba y allí no pasaba nada”. Salvo y Rufete dejaron el Valencia a finales del mes de junio tras un duro enfrentamiento con Nuno ¿Cuál fue la reacción de la afición del Valencia? Pues en el siguiente partido disputado en Mestalla (El de presentación) Nuno se llevó una sonora pitada, así que eso de la pelota entraba y allí no pasaba nada” es erróneo.

    Por otra parte ¿Qué hubiese pasado si entrando la pelota la afición del Valencia hubiese silbado a Nuno por su nula capacidad para hacer funcionar correctamente al equipo? Ya te lo digo yo, que la afición del Valencia sería demonizada una vez más. Es lo de siempre, si la afición del Valencia silba con buenos resultados, mal porque son muy exigentes, si silba con malos resultados, mal porque son unos chaqueteros que animan cuando el equipo gana y pitan al entrenador y al equipo en los momentos bajos.