Desdichado Marcelo

Pocas cosas ocurren de manera normal cuando Marcelo Bielsa (Rosario, Argentina, 1955) anda por medio. El ya extécnico del Olympique de Marsella sorprendió a todos (o quizá no tanto) cuando, el pasado sábado tras caer derrotado ante el Caen en el Vélodrome (0-1), anunció su renuncia a su cargo de manera irrevocable. Cierto es que el ambiente en los últimos tiempos parecía haberse enturbiado un poco, muy particularmente ante el supuesto interés de la federación mexicana por hacerse con los servicios del rosarino, pero nada hacía presagiar que el caso acabase desembocando en una dimisión tan abrupta y extemporánea.

Todo parece venir, en palabras del propio técnico, de una desavenencia irremediable surgida a raíz de la intención del club presidido por Vincent Labrune de modificar unilateralmente el contrato que unía al argentino con la entidad marsellesa. Pero, ¿qué fue lo que realmente ocurrió?

La normativa de la competición francesa obliga a clubes y técnicos a vincularse contractualmente por un mínimo de dos temporadas, algo que choca frontalmente con la idea de trabajo de Bielsa, quien acostumbra a firmar contratos de año en año (así lo hizo en sus dos campañas en Bilbao). Sea como fuere, la maquinaria jurídica del OM consiguió burlar la imposición normativa. Bielsa firmó por un primer año, el pasado, y se encontraba a la espera de formalizar a través de su rúbrica su segunda campaña al frente del banquillo del Vélodrome. Todo debía de haber sucedido la pasada semana. Sin embargo, aquellas condiciones que técnico y club habían pactado previamente de manera verbal habrían sido modificadas por los servicios jurídicos del OM sin contar con la aprobación de Marcelo. Y aquello, para un hombre que basa su respuesta ante las exigencias diarias de su puesto de trabajo en una confianza ciega en sus superiores y para el que la palabra es absolutamente sagrada, fue el detonante de la inesperada decisión conocida el pasado sábado.

Mucho se ha hablado de la integridad moral de Marcelo Bielsa. De la rectitud extrema y enfermiza con la que desempeña su trabajo y de una honradez atípica en el mundo del fútbol. Por eso se entiende que alguien decidiese llamarle ‘Loco’. Por su empeño en ir contracorriente y en mostrarse radicalmente diferente a lo habitual en un ambiente, el del fútbol, en el que las inestables relaciones profesionales aparecen completamente prostituidas y viciadas por un maremágnum irreconciliable de intereses personales. Para alguien para el que la palabra dada es ley faltar a la misma es quebrar los principios básicos de las relaciones profesionales. Con sesenta años, parece imposible que algo en Bielsa vaya a cambiar. Quien lo contrata sabe a lo que se expone, para lo bueno y para lo malo. Sus sonadas aventuras en los banquillos de los clubes que ha dirigido, muy condicionadas por el lógico desgaste del día a día, son profusas en desencuentros con sus superiores y en situaciones de tensión. Lo que para uno eran intolerables intromisiones en su trabajo, para otros eran situaciones en las que el técnico anteponía su persona a los supuestos intereses del club. Como si sus intereses personales fueran diferentes de los del club que dirige. Piensa el ladrón que todos son de su condición.

Y todo ello en un sistema con los roles tan ceñidos a los cargos como es el del fútbol. El que preside, preside y tiene el pleno poder ejecutivo. El que se encarga de la parcela de la dirección técnica entrena, dirige partidos, vocifera desde el banquillo cuando es menester (y a veces, incluso, cuando no lo es) y da explicaciones sobre el desenlace de los encuentros. Tal vez por eso se haga complicado trabajar con Marcelo Bielsa. Porque en su incansable afán de perfeccionamiento asume como tarea suya el control sobre todos los flecos que rodean la actividad del club (así ocurrió en Bilbao, con las ya famosas obras de Lezama) y es entonces cuando choca frontalmente con la rigidez del establishment futbolístico. Bielsa es como el padre sobreprotector que no deja que su hijo se equivoque y que antes de que éste meta la pata ya está evitando su error. Su actitud sobreintervencionista tiene poco recorrido porque tiende a destapar las innumerables carencias en el ámbito de la gestión deportiva integral de la mayoría de los directivos que han pasado por la compleja experiencia de convivir con la personalidad del argentino. Quizá a Marcelo pueda hoy reprochársele la extemporaneidad de su decisión. Poner fin a su trayectoria en Marsella con solo una jornada liguera disputada no deja al club en la mejor de las disposiciones de cara al futuro más inmediato. Pero quien trabaja con Bielsa sabe lo que se trae entre manos. Sabe que hay ciertas barreras que nunca debe sobrepasar. Sabe que cada aproximadamente doscientos kilómetros le espera un peaje en forma de conflicto interno con el técnico que deberá saber manejar con generosa dosis de mano izquierda. Es el precio a pagar por una relación tan intensa, todo a cambio de un trabajo honesto y minucioso. Y, sobre todo, de un legado inolvidable.

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3 Comments

  1. alejandro

    11 de agosto de 2015 a las 7:37 pm

    Un tecnico que no se baja los pantalones ante nadie. Es DIOS. Y

  2. Javi

    12 de agosto de 2015 a las 12:25 pm

    Venga, seguid justificando a un tipo que exprime equipos unos meses, luego se los carga, y se busca una excusa barata para irse o para autojustificarse, tanto el como sus palmeros. Mal va el fútbol mientras a tipos como este les sigan llamando

  3. Kurono

    13 de agosto de 2015 a las 6:45 pm

    Bielsa cada día está volviéndose «el personaje». Muy lejos de la labor del formador y técnico, la obsesión en el periódico «Cancha Llena» en Argentina da una cuenta de que algo está mal cuando hay hasta 5 notas semanales con nimiedades y cosas absurdas sobre el Bielsa personaje. Lo lamenteble, un pleito entre los palmeros irreductos y caricaturizados, combatidos por unos antis irracionales.

    Que el O. de Marseille lleve viviendo una etapa, cuanto menos, curiosa en los últimos tiempos no escusa para nada a Bielsa. Sabemos bien que los directivos marselleses no son unos dechados de organización (con aquello que los barra brava y ultras prácticamente manejen los ingresos por concepto de taquilla damos un buen ejemplo), pero Bielsa no hizo un «milagro» como se dijo, tampoco fue un fracaso. Si vemos la trayectoria del O. de Marseille en la última década, habían ganado varios títulos, y nunca bajaban de la 5ta posición (y cuando quedaron octavos, se clasificaron a Europa vía Copa de la Liga francesa). Bielsa no logró nada extraordinario en cuanto a clasificaciones, logró algo mejor que el descalabro del 2014, pero tampoco nada brillante (considerando que el Olympique de Marseille no jugaba en Europa, y quedó eliminado a las primeras de cambio en las Copas disputadas en Francia frente a equipos de la 3era.-4ta. categoría). Bielsa si sabía que los directivos del O. Marseille eran unos comerciantes persas y unos cínicos ¿por qué renunció hasta después de la primera jornada? ¿Le quisieorn hacer la jugada hasta hacía bien poco, o es que sólo fue una excusa para huir, como ya lo hizo de la selección argentina hace ya 10 largos años (que como recordaremos, Bielsa renunció sorpresivamente cuando faltaban como 5 jornadas para terminar la eliminatoria con Argentina con pie y medio en el Mundial de Alemania)?. Es indefendible ser tan «loco».