Un día, un (no) fichaje: Rodrigo Caio

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El lunes por la tarde, el Valencia CF anunció con un escueto comunicado que renunciaba al fichaje de Rodrigo Caio “después de considerar diferentes problemas en la operación que desaconsejan su incorporación”. Nada que objetar al breve texto: puestos a considerar, la llegada del brasileño no había generado más que problemas, y además bien diferentes. La operación se anunció por sorpresa, y no sólo porque hasta ese momento el Atlético de Madrid pareciera en mejor posición para traerse al prometedor mediocentro defensivo (o central) del Sao Paulo, sino sobre todo porque ni el presidente ejecutivo Amadeo Salvo ni el manager deportivo Rufete se habían enterado de nada. La decisión del fichaje fue tomada por el triángulo Nuno-Mendes-Lim a espaldas de los teóricos gestores deportivos del club (a tenor del organigrama), lo que provocó una cumbre de urgencia para redefinir las responsabilidades de cada uno en la confección de la plantilla. Como era de esperar, la parte que pone la pasta dejó claro quién manda ahora en Mestalla y la secretaría técnica tradicional salió muy debilitada del encuentro, tanto que los días de Rufete al frente de la misma parecen estar contados.

Doce millones y medio de euros más cuatro en variables fue la oferta que convenció al Sao Paulo para dejar marchar a Rodrigo Caio a tierras levantinas. Pero para el necesitado club paulista tan importante como la cantidad era la forma de pago, con la que parece que también han surgido problemas de última hora. Si esa incapacidad para terminar de cerrar el acuerdo económico ha sido más o menos importante que las dudas que generó la rodilla derecha del futbolista en el triple reconocimiento médico al que fue sometido es algo que, como en el afamado caso de Gaby “Milikito”, quedará para siempre en la entretenida antología de mitos y leyendas que nos regalan todos estos fichajes frustrados.

Palencia, 1984. Nunca llegué a debutar en Primera.