Y entonces llegaron los federales

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Es posible que no me creáis, pero juro que el martes por la noche tenía no uno, sino dos artículos casi listos sobre las elecciones a la presidencia de la FIFA que tendrán lugar el viernes. Eran artículos complementarios pero también sustitutivos: respeto demasiado a los lectores de DDF como para pensar en publicar los dos a cuenta de unas elecciones que, en el fondo, a casi nadie le interesaban, así que tenía dos días para decidir cuál podría resultar más atractivo. Por caminos distintos, ambos intentaban dejar clara la idea de que la FIFA actual no podría cambiar jamás en unas elecciones presidenciales, porque el sistema clientelar que la sostiene es un marco muy cómodo para la gran mayoría de quienes votan en estos comicios, sean o no corruptos. El cambio, decía, tendría que llegar desde abajo y producirse simultáneamente en todo el mundo: un cambio de personas, pero también de valores y formas de actuación. Un imposible, vaya.

Y entonces llegaron los federales. A estas alturas, más o menos todo el mundo se ha enterado de lo ocurrido. Resumiéndolo mucho, a los dirigentes detenidos se les acusa de haber recibido sobornos por la concesión de contratos televisivos y comerciales de la CONCACAF y la CONMEBOL y, en algún caso, también por la adjudicación del Mundial de Sudáfrica 2010; además, como las investigaciones dan a entender que la corrupción era la norma habitual de funcionamiento en ambas confederaciones americanas, se les considera integrantes de una banda criminal que pretendía evadir impuestos y blanquear capitales, por lo que las penas podrían llegar a los 20 años de prisión. Junto a los federativos, también se ha detenido a varios directivos de las compañías Full Play, Torneos y Competencias (ambas argentinas) y Traffic Sports (cuyo fundador, el brasileño José Hawilla, ya se ha declarado culpable y ha aceptado una multa de 151 millones de dólares), que eran las que pagaban los sobornos para hacerse con el control comercial de los principales eventos futbolísticos en toda América.

Los presuntos pagos ilegales se han rastreado hasta 1991, pero judicialmente el caso echó a andar en 2011, precisamente a raíz de las últimas elecciones presidenciales de la FIFA, cuando el ambicioso catarí Mohamed Bin Hammam se vio forzado a retirar su candidatura poco antes de la cita electoral tras destaparse que había intentado comprar los votos de las federaciones caribeñas: en vez de limitarse a prometer más dinero para sus asociaciones y hacer algún regalo de cortesía, como es norma en FIFA, Bin Hammam ofreció a cada uno de los presidentes un maletín con 40.000 dólares en efectivo. Para su desgracia, la Federación de Bahamas dio la voz de alarma y el escándalo dinamitó los cimientos de la CONCACAF e hizo caer a su cúpula, aliada con el catarí. A partir de ese momento, el estadounidense Chuck Blazer, un pintoresco y turbio personaje que llevaba más de veinte años como secretario general de la CONCACAF y era miembro del Comité Ejecutivo de la FIFA, se convirtió en la figura clave.

Una vez fuera de la confederación y descubiertas sus muchas trampas al organismo y al fisco de su país, Blazer aceptó colaborar con el FBI y la fiscalía para ir desentrañando la madeja de irregularidades sobre la que se ha ido construyendo el negocio futbolístico al otro lado del charco y a ambos lados del canal de Panamá. Nada nuevo bajo el sol: el modelo de comisiones y sobornos a directivos por la venta de derechos de televisión estuvo plenamente vigente en el seno de la FIFA (y el COI) durante los años ochenta y noventa, en ese caso gracias a la compañía ISL (cuya quiebra en 2001 permitió destapar una trama en la que también estaban implicados algunos de los dirigentes sudamericanos investigados ahora, como el paraguayo Nicolás Leoz). Esto, simplemente, es la constatación de que el negocio seguía plenamente operativo en las confederaciones continentales, al menos en las dos americanas. Pero ha hecho falta que los delitos se cometieran en territorio estadounidense (dos de las empresas pagadoras, Nike y Traffic Sports, tienen su sede en Estados Unidos, al igual que la CONCACAF) para que un sistema judicial de los que, con sus cosillas, podemos considerar avanzado se decidiera a perseguir aquello que, en el fondo, todos intuíamos que se estaba produciendo delante de nuestras narices.

Algo que viene a confirmar la impunidad que sienten quienes llegan a lo más alto del escalafón FIFA para enriquecerse de manera ilícita: la potestad que se reserva el organismo de expulsar de las competiciones internacionales a cualquier federación si entiende que se están produciendo injerencias políticas es un salvoconducto que permite casi cualquier tropelía allá donde el fútbol sea socialmente importante, independientemente de si se trata de un régimen abyecto o de la más avanzada de las democracias. Por lo general, ningún político quiere convertirse en el responsable de que su selección y sus clubes se queden en fuera de juego, por lo que el presidente de la federación de turno sabe perfectamente que si no hace nada excesivamente indecoroso podrá salir indemne de casi cualquier conflicto: generalmente, basta con quejarse a la FIFA para que el gobierno recule.  No se puede obviar el interés político del Estados Unidos en hacer que el Mundial de Rusia se tambalee (también el de Qatar, pues EE.UU. fue la candidatura derrotada para 2022), pero también es innegable que la fuerza social del soccer es todavía lo suficientemente pequeña como para no suponer un obstáculo para las investigaciones. Investigaciones que están todavía en una primera fase y que podrían acabar salpicando mucho más arriba y a mucha más distancia, aunque, una vez resueltos los asuntos de la CONCACAF, habría que ver hasta dónde llega la jurisdicción estadounidense para perseguir el resto de trapicheos de los que seguramente ahora tenga constancia la fiscalía. En cualquier caso, eso pertenece al futuro.

Es cierto que ahora todo podría cambiar en cualquier momento, pero lo más probable sigue siendo que el viernes, a sus 79 años, el hoy señalado Joseph Blatter inicie su quinto mandato al frente de la FIFA. Pese a la oposición manifiesta de la UEFA, no parece que haya hueco para pactos ni sorpresas en la votación del Congreso del organismo, formado por los representantes de las 209 federaciones miembro, pues hace semanas que el resto de las confederaciones continentales se posicionaron mayoritariamente a favor del suizo y los últimos acontecimientos no parecen haber cambiado mucho las cosas: al fin y al cabo, la UEFA, en cuyo seno también hay discrepancias con respecto a la postura oficial, suma apenas una cuarta parte de los votos totales, una cantidad claramente insuficiente para provocar la caída del presidente.

Con un número tan bajo de electores en un organismo en el que el poder se ejerce de manera tan vertical, las promesas directas, las relaciones personales y los favores debidos son los elementos decisivos, y Blatter cuenta con el gran aval que supone el enorme músculo económico desarrollado por la FIFA bajo su mandato: contra las promesas de los aspirantes (hoy ya sólo uno, el príncipe jordano Alí Bin al-Hussein), el presidente ofrece resultados contrastados y una no menos valiosa garantía de estabilidad para el sistema. Con la FIFA repartiendo cada vez más dinero mediante fondos de desarrollo y dietas por pertenencia a sus diversos comités, ser federativo es una salida profesional más que interesante en muchos países pequeños o poco desarrollados, incluso sin necesidad de corromperse: más allá de lo que cada cual aporte al fútbol de su país, les basta con saber manejar su estructura federativa interna y ser fieles al poder de la Confederación continental correspondiente para ganarse la vida sin apuros. Mientras no interfiera negativamente en su actividad, lo que ocurra por encima de ellos, lo que haga la FIFA para conseguir ese dinero del que ellos viven o lo que se pierda por el camino no es asunto suyo.

Por mucho que Platini insista en la necesidad de un cambio, quienes tienen realmente la capacidad para cambiar las cosas se encuentran muy cómodos instalados en este sistema. Sólo una refundación total de la FIFA, ya sea por una megaoperación judicial que tumbe completamente al organismo o por un éxodo masivo de patrocinadores (algo poco probable pues el fútbol, el juego, sigue siendo un soporte publicitario demasiado tentador) podría permitir que se implantaran los valores de transparencia y gestión ética y económicamente responsable que buena parte del minoritario mundo occidental reclama. Mientras eso no se produzca, Blatter y los de su calaña tendrán muchas papeletas para seguir gobernando el fútbol mundial. De momento, cuatro años más.

Palencia, 1984. Nunca llegué a debutar en Primera.

5 Comments

  1. Luismadrid1985

    29 de mayo de 2015 a las 2:22 am

    La FIFA, un organismo privado con sede en Suiza que tiene el poder para estar por encima de parlamentos nacionales elegidos democráticamente… Normal que haya corrupcion, el propio organismo lo fomenta… Asi que, como dice el artículo, o cambia totalemte o un cambio de nombres no hará nada. Y esto seguirá asi hasta que los grandes clubes se harten de ceder jugadores prácticamente gratis. La NBA, en este sentido, es el ejemplo a seguir.

  2. Kurono

    29 de mayo de 2015 a las 7:49 am

    Excelente Óscar. Toda una reflexión que debería ser publicada en un medio de tirada internacional.

    Quisiera intentar explicar, a mi manera, de donde surgieron estas huestes corruptas que pervierten la FIFA:

    Es el año 1954 y recién Alemania Federal da la sorpresa del Campeonato en Suiza al imponerse a la imbatible Hungría de Czibor, Hidegutki, Kocsis y Puskas; el tercer presidente de la FIFA, Jules Rimet (a mi juicio, el mejor presidente de la FIFA de todos los tiempos, pese a sus errores como el campeonato disputado en Italia en 1934), deja el mando debido a una enfermedad, fallecería tan sólo 2 años después. Es elegido el belga Rodolphe Seeldrayers y posteriormente en 1955 debido al fallecimiento de Seeldrayers, el inglés Arthur Drewry, quien fallecería en 1961. Desde ese punto notamos un resabio de caudillismo en la organización, ya que Rimet, con todo y el respeto que le tengo, creo que estuvo demasiados años en el cargo (aunque también lo de la 2da Guerra Mundial tuvo mucho que ver). Sus dos sucesores, personas ya entradas en años, fallecerían ejerciendo el cargo, esto dejaba un mensaje muy ambiguo, como que el presidente de la FIFA era algo así como un emperador y era sustituido por aclamación de un consejo de “nobles”.

    Y llegó Stanley Rous, y con él, la “prendida de la mecha” del problema. A diferencia de Rimet, que no ponía obstáculos al ingreso de federaciones incipientes y que participaran naciones futboleras “pequeñas” (y la prueba está en la participación de Egipto en el Mundial de 1934, Indonesia como las Antillas Neeralandesas y Cuba en 1938, la invitación a la India -declinaron- en 1950 y la clasificación de Corea del Sur en 1954), Rous era muy clasista y consideraba que el Campeonato del Mundo debía ser algo casi puramente Europeo, con 2-3 Sudamericanos y un puesto para el “resto del mundo”. Más cercano al imaginario victoriano del Imperio Británico del siglo XIX, Rous estaba a años luz de la apertura que mostró Rimet tan pronto en la década de 1920 (Rimet siempre se mostró partidario de celebrar el campeonato del Mundo en Uruguay y lo hizo a pesar de las adversas circunstancias y el poco entusiasmo europeo).

    Rous dio un apoyo absolutamente descarado a la federación sudafricana de fútbol, en medio del régimen del “Apparteid”, al punto que quiso fundar una Confederación del Sur de África con exclusivamente Rodohesia y Sudáfrica como miembros. También, no quiso/supo responder a tiempo a la exigencia de la CAF y AFC de brindarles una representatividad más acorde al nuevo mundo que se descolonizaba rápidamente. El rechazo era evidentes, así que su negativa fue lo que a la larga le costó el puesto. A pesar que, a regañadientes, se les brindara esa exigencia a partir del mundial de 1970, la mayoría de nuevas naciones futboleras en Asia y África sabían bien que Rous no era partidario de abrir más puertas.

    Y del sartén, se pasó a las llamas. El claro descontento con Rous en el “Tercer Mundo”, lo poco realista de su visión para la época, su apoyo descarado al régimen del Apparteid, el partido de play-off entre la Unión Soviética y Chile en el estadio Nacional de Santiago en 1973 y su nula visión de futuro fueron aliados para que João Havelange fuera el ganador. Aliado con Horst Dassler de Addidas, Coca Cola y el voto de las naciones del Tercer Mundo ávidas de competir en el máximo nivel, Havelange fue el ganador. Y mientras, su visión más global del juego era una vía más realista con el mundo moderno, sumado con la explotación comercial del campeonato (los derechos televisivos eran una burla en comparación a lo que generaba cualquiera de los deportes estadounidenses en esa época) el brasileño y su mano derecha, “Sepp” Blatter, eran unos comerciantes auténticos, estos metieron políticos, todo tipo de negociantes y mercaderes en el juego, lo cual degeneró en la corrupción de hoy día. Los corruptos Cónclaves donde se eligen miembros y vicepresidentes, reuniones y “lobbing” de oscuro trasfondo y poco transparente accionar.

    (Aquí un buen artículo de la BBC sobre el origen del “Problema Havelange”)
    http://www.bbc.co.uk/blogs/timvickery/2010/12/fifa.html

    La corrupción es una parte del sistema, porque Hevelange (y su delfín, Blatter), que partían casi sin ningún centavo, se dieron cuenta que abriendo puertas para las nuevas naciones futboleras que torpemente Rous cerraba (o no quería abrir), podían tener apoyo. Se enquistó, porque la FIFA pasó de ser un organismo modesto y casi honorario, a una monstruosa mega corporación que factura millones.

    Urge renovar a los organismo del fútbol. La mayoría de secretarios generales y presidentes de muchas organizaciones de la FIFA y sus Confederaciones son septuagenarios involucrados de raíz en la corrupción. Los Chuck Blazzer, Angel Villar Mir, Julio Grondona, Ricardo Texeira, Jack Warner, etc. son gente que se interesa más por los buenos negocios que llevan el fútbol. Blazzer empezó a cantar, porque de lo contrario se pudriría en la cárcel luego de tantísimo en su contra, sobornos multimillonarios y evasión de impuestos. Y como no es tonto, cantará como un canario TODO y botará de su silla a todos los implicados. La FIFA no puede seguir siendo un organismo tan corrupto y que maneje tantas suspicacias, pero no puedes exigir que la misma gente.

  3. Kurono

    29 de mayo de 2015 a las 11:38 pm

    Ojalá y no se pierda mi mensaje anterior Óscar. XD

  4. Óscar Díez

    30 de mayo de 2015 a las 7:57 pm

    @Jurono Estaba siendo investigado por el FBI pero nos lo han dado de paso, jeje… Efectivamente todo esto que estamos viviendo hoy empieza con esas elecciones que gana Havelange en 1974; de hecho esa cita y la trayectoria posterior de Blatter constituían uno de los dos artículos que tenía ya casi preparados. A partir de ese momento se establece el juego de poder vigente, con las confederaciones teniendo de hecho mucho más poder que el propio presidente. Lo que Blatter ha sabido hacer a la perfección, desde que entró en 1975, es entender la idiosincrasia de esas federaciones pequeñas, a menudo corruptas, y ofrecerles todo aquello que pudiera servir para ganarse su apoyo. Dudo mucho que Blatter cobre comisiones como las que han cobrado los detenidos; personalmente creo que él simplemente se conforma con el sueldazo oficial y la importancia diplomática del cargo. FIFA es su empresa, su juguete, y como bien dijo Platini el otro día, no sabría vivir fuera de ella. A partir de ahí intenta mantener un difícil equilibrio, tocando algunas cosas para que la cosa avance ligeramente pero sin molestar demasiado a quienes le ponen en el cargo. Y ya digo que en ese ecosistema que se ha creado hay una inmensa mayoría de federativos que se sienten muy muy cómodos. Lo que comentó en el Congreso, pidiendo responsabilidad a las Confederaciones (porque la tienen, y mucha) viene a ser un llamamiento a la discreción, al no nos volvamos locos, no nos ceguemos tanto con el dinero y no hagamos tantas barbaridades porque puede llegar un momento en que las reglas que nos han permitido llegar hasta aquí no nos sirvan como defensa. Veremos si captaron su mensaje.

  5. Kurono

    31 de mayo de 2015 a las 11:21 am

    Sí Óscar. La visión comercial de Blatter en si no es mala, y su idea de tenderles una mano a las naciones futboleras más pobres no es tampoco mala. Lo malo es el como degeneró eso en el sistema clientelar podrido de la FIFA. Blatter propiamente el apoyo lo gana con inyectarle dos millones a la federación de Mauritania, 1.9 millones a la federación de Togo, etc. Se ganan a los federativos, aunque en la práctica dicho dinero no es invertido en el fútbol, sino en los bolsillos de los presidentes de las distintas Federaciones. El hecho que sea un organismo privado con sede en Suiza y una condición legal similar a ONG, tampoco permite tanto margen de maniobra con las capturas.

    Si nos vamos a política, es similar a lo que sucede en Latinoamérica con los gobiernos populistas. ¿De donde salieron? De la necesidad de la gran mayoría pobre e ignorada de acceder a cuotas de poder, acceso a salud, educación, empleo y servicios entre otros. Ha habido una línea crítica con estos gobiernos, sin embargo, muchos de los críticos provienen de sectores tradicionales y conservadores de esas sociedades, o bien de los ex-gobernantes de la década de los 80’s y 90’s que simplemente no quieren cargar con la responsabilidad histórica del caldo de cultivo que dejaron armado, una sociedad aun más clasista y dividida que no quería atender la nueva realidad social. Estos gobiernos populistas surgieron porque el poder tradicional no quería (o podía) ceder espacios a grandes bloques de población empobrecida. El símil es un Rous, que sólo escuchaba a los de su clase, ajeno a la realidad, contra una nueva sociedad creciente y descontenta que no tenía cuotas de poder; el populista llegó ofreciendo nuevas oportunidades (por algo el Mundial sub-20 y los torneos de 24 y 32 selecciones).

    Y como bien dice Luismdrid arriba, bien que un día los miembros de la UEFA contrarios a Blatter e incluso los de la CONMEBOL (votaron en contra de Blatter en bloque esta vez, es una seña que saben bien de lo salpicados que están en esto) digan un “ya no más” y decidan fundar su ente paralelo o bien simplemente se niegan a jugar los torneos FIFA.