Idilio europeo

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Aquel gran Sevilla que, dirigido desde el banquillo por Juande Ramos y ensamblado en torno a figuras como Kanouté, Luis Fabiano, Navas, Dani Alves o Palop, conquistó dos copas de la UEFA consecutivas, una copa del Rey, una Supercopa española y otra Supercopa europea entre los años 2006 y 2007 estableció una referencia histórica para todo el sevillismo. El paso de los años, la irremediable salida de sus principales figuras y la lógica dificultad para volver a engarzar el entramado de un nuevo proyecto sólido engrandecieron aún más los logros de aquel bienio mágico que llevó a mitificar a aquel formidable grupo. Era complicado que la historia volviese a ser tan generosa con el club nervionense.

Manolo Jiménez, Antonio Álvarez, Goyo Manzano, Marcelino y Míchel fueron desfilando por el banquillo del Sánchez Pizjuán mientras el Sevilla reaprendía a vivir con escasa ropa y pocos lujos. Ninguno de sus respectivos proyectos cuajó. Probablemente, mucho tuvo que ver en el devenir de aquellos años la imperiosa necesidad de vender y el escaso tino de una secretaría técnica que, de pronto, parecía haber perdido las buenas artes de los tiempos en los que era referencia en todo el continente. Los Guarente, Dabo, Stankevicius, Manu del Moral, Maduro o Babá no solo no dieron el resultado esperado, sino que prácticamente hicieron perder toda esperanza de reverdecer laureles y volver a marcar una época cuando aún no había transcurrido un lustro desde el último gran éxito. El ambiente en el sevillismo incluso se enrareció. El graderío del Pizjuán comenzaba a aparecer inusualmente vacío y la marcha de la entidad parecía incluso salpicada por los efectos colaterales del llamado ‘Caso Minutas’, que acabó dando con José María del Nido, gurú y faro espiritual del gran Sevilla de la pasada década, entre rejas y fuera de la poltrona sevillista.

El adiós de ‘Don José María‘ coincidió con la llegada de Unai Emery al banquillo del Pizjuán para cubrir el hueco dejado por Míchel. Tras un comienzo titubeante, en el que le costó digerir la pesada carga de la herencia dejada por su antecesor en el cargo y finalizar su primera media campaña con dignidad, la pasada, su segunda, fue la de su confirmación. Porque Unai Emery es un gran entrenador. Un técnico que comete muchos más aciertos que errores en sus planteamientos y que además maneja una gran cintura a la hora de solucionar sus equivocaciones sobre la marcha, como dejó de manifiesto en la segunda mitad del partido de ida de los cuartos de final ante el Zenit.

El técnico de Fuenterrabía ha colocado al Sevilla en trámite de volver a marcar una época. En el horizonte inmediato, amén de una más que viable clasificación para la Champions League, aparece la final de la Europa League de Varsovia. La segunda consecutiva, tras el título del año pasado ante el Benfica. La posibilidad de convertirse en el sorprendente rey, con su cuarto título, de una competición a la que parece unirle un idilio irracional. Por encima de mágicos ilustres como el Inter, el Liverpool o la Juventus. Unai ya no es ese técnico perdedor. Ya no es el estratega que salió estigmatizado de Mestalla. Está en disposición de ganar, de marcar una nueva época para el sevillismo. Al final, no era tan complicado que la historia volviese a ser generosa con la entidad nervionense.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

2 Comments

  1. Óscar Cristo

    15 de mayo de 2015 a las 7:42 pm

    Buen artículo.

    Que sepas que ningún sevillista (bueno, alguno alelao habrá) llama a su presidente de Don. A del Nido tampoco. Eso solo pasó en Sevilla con Lopera y era más una gracieta que un sentimiento que terminó por convertirse en una realidad paralela.

    El estigma de fallar en partidos importantes de algunos jugadores y entrenadores es una chorrada como la copa de un pino. Por ejemplo Emery, si cae en cuartos, es que falla en partidos importantes; si cae en semifinal, es que falla en partidos importantes; si cae en la final, es que falla en partidos importantes. Entonces casi todo el mundo falla en partidos importantes. E incluso aquellos que ganan muchos títulos, fallan también en partidos importantes.

  2. Kurono

    15 de mayo de 2015 a las 8:08 pm

    Lo que es cierto es que el Emery del Valencia no es el Emery del Sevilla. Tiene aun lagunas y errores, pero no como los fallos de novato a orillas del Turia. Aprendió mucho. Eso sí, en Mestalla aun su nombre es tabú. No se le perdona nunca lo de Isco, como tampoco los partidos extraños donde perdía ilógicamente contra rivales muy flojos o débiles.