El riesgo de la urgencia

Juventus - Real Madrid

Hay algo en este Real Madrid contemporáneo que empuja al equipo hacia una peligrosa tendencia a tratar de finiquitar las eliminatorias a doble partido en apenas veinte minutos. Como si viviera en una permanente necesidad de tener que demostrar su gallardía y su superioridad abrumadora ante los rivales, el Madrid jamás tontea con el resultado. Nunca busca la muchas veces necesaria especulación. De cara al espectáculo y al aficionado neutral sus eliminatorias son una gozada porque casi siempre acaban convertidas en un recital de mandobles, de idas y venidas, de glorias e infiernos. Condensadas y reconcentradas, dando cobijo a muchos más episodios de los que cabría esperarse.

Y ocurrió en Turín que el Real Madrid, tal vez un poco aletargado por los comentarios tranquilizadores que siguieron al sorteo que lo emparejaba con la Juventus, se presentó queriendo dar por sentenciada la eliminatoria sin necesidad siquiera de tener que desenvainar en el Bernabéu. Es complicado explicarse, si no, por qué permitió a la Juve, un notable equipo pero un par de peldaños por debajo del campeón continental, subírsele al cogote en el previsible arranque en tromba del partido. Ahí apareció Álvaro Morata, ese delantero que ansiaba unos minutos que el Madrid no parecía dispuesto a poder ofrecerle. Con su movilidad y su hiperactividad en todo el frente de ataque, puso en jaque a Pepe y Varane. Fue de lo poco que ofrecieron los juventinos en campo rival, pero no hizo falta más. Una dosis de oportunismo para recoger el rechazo de Casillas al tiro cruzado de Tévez terminó de levantar las oportunistas sospechas sobre la idoneidad del traspaso de Morata. Miedo.

Sorprendido con el uno a cero, el Madrid buscó encaramarse a las espaldas de James e Isco para sacudirse el susto de encima. En cuanto el colombiano consiguió entrar más en juego, los blancos pudieron subir las revoluciones del choque hasta el punto necesario para hacer cosquillas a los italianos. Isco, por su parte, atemperaba el alto ritmo impuesto por el ’10’, tratando de esconder la pelota cuando era menester y buscando esa pausa necesaria para la que está especialmente capacitado. En una de sus combinaciones en zona de peligro, nació la jugada del gol de Cristiano Ronaldo.

Y fue en ese preciso momento cuando el equipo de Ancelotti cometió la imprudencia más grave que podría esperarse. En lugar de amurallarse alrededor de ese valioso empate, buscar alguna contra dañina y pensar en el partido de vuelta, quiso finiquitar la eliminatoria por la vía rápida. Y, en condiciones normales, quizá la opción no hubiese sido tan descabellada (ahí quedó para la memoria el cabezazo de James al larguero). Pero se daba anoche la circunstancia de que la dirección de obra del Madrid no estaba en las mejores manos. Porque Sergio Ramos nunca subo interpretar los planos del edificio. Los colocaba sobre la mesa y los escudriñaba con mirada de concentración pero acababa desesperado cada vez que debía levantar un nuevo muro de carga. Sergio puede ser un colosal defensa central, probablemente uno de los tres mejores del mundo. Pero como medio centro, como armador del equipo, naufraga en la gran mayoría de los compromisos a los que se le somete, especialmente cuando requieren ese punto de pausa y temple que el andaluz no parece capacitado para ofrecer. En un esfuerzo encomiable y dejando ver la mejor de las voluntades, Ramos adornaba su actuación con ese ramillete de cosas innecesarias pero tremendamente arriesgadas que terminan por condenar la labor de un medio centro. En lugar de huír del riesgo, se exponía a él de manera temeraria con las lógicas consecuencias.

Por ahí vio la Juve el descosido blanco. Y por ahí se coló Tévez, velocísimo, y desgarró el elegante modelito madridista en una carrera cuerpo a cuerpo que Carvajal no supo sostenerle. Son los riesgos de ir a la guerra abierta (hasta ocho jugadores madridistas aguardaban el remate en el córner a favor que precedió la galopada del argentino) con una armadura abollada y con óxido en las soldaduras. Cuesta comprender, con el Madrid ya por debajo en el marcador, el movimiento impuesto por Ancelotti al introducir a Chicharito, relegado ayer de nuevo al papel de meritorio, y prescindir de los servicios de Isco. Y cuesta comprenderlo, sobre todo, porque el calamitoso partido de Gareth Bale anunciaba una sustitución sencilla, evidente y mucho menos traumática para la organización del equipo. Arrastra el galés, que creció como lateral zurdo, adelantó su posición por la gracia de Harry Redknapp y acabó condenado al interior por exigencias del guión, un serio problema de ubicación. Su aporte nunca parece suficiente y por eso va modificando su rol en función de las necesidades de su entrenador, corriendo el riesgo de acabar convertido en un anodino futbolista-comodín.

Sea como fuere, y después de superar al arreón final de los bianconeri -cabezazo inocente de Llorente incluido-, lo mejor que puede extraerse del partido del Madrid en Turín es un resultado lo suficientemente cómodo para afrontar la vuelta con la confianza necesaria y lo suficientemente complicado como para interpretar el choque del Bernabéu con el punto de intensidad necesario. Porque nadie dijo que esta eliminatoria tuviera que resolverse en veinte minutos.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

4 Comments

  1. Miguel

    6 de mayo de 2015 a las 1:25 pm

    Anoche al terminar el partido no veia el resultado tan malo, pero conforme pasan las horas y reflexiono… No veo a este madrid dejando la porteria a cero…

  2. Borja Barba

    6 de mayo de 2015 a las 5:50 pm

    El resultado no es ni mucho menos malo. Lo que no se puede es pretender pasar una semis de Champions como si aquello fuera un torneillo veraniego. Por mucho que la Juve fuera inferior, sobre el papel, a Barça y Bayern, una semifinal de Champions nunca puede ser asequible para ningún equipo, y en la previa dio la sensación de que el Madrid ya estaba en Berlín.

  3. Kurono

    6 de mayo de 2015 a las 6:47 pm

    Hay tres cosas a resaltar:

    1) Que daño se hace Casillas a sí mismo y al club con prolongar su estancia en la portería blanca. Aun con sus errores en la final de Lisboa, debió haberse ido hace un año con la «Décima» en el bolsillo. Veo que a los futbolistas les cuesta asumir cuando deben decir adiós.

    2) Lo de «Chicharito» en el banquillo luego de anotar goles en los últimos partidos y el «show» de Gareth Bale durante 85 minutos fue una de las ocurrencias más absurdas de Ancelotti. Podía perdonársele haberle dado oportunidad todo un primer tiempo, pero tras lo visto en los primeros 45 minutos, se me hizo inaudito que no lo cambiaran al descanso.

    3) Ramos de mediocentro defensivo y haciendo una vergüenza de partido. Y no fue culpa de Ramos. Entre un Ancelotti que no sabe como administrar una plantilla (los Illarra y Lucas Silva no le valen y Khedira simplemente no le importa el fútbol), y la horrible planificación deportiva, ahí se están pagando consecuencias.

    Siempre he dicho que el Real Madrid tiene un 11 inicial excelente, pero con graves carencias en la portería y con jugadores fuera de su posición (p.e., se optimizaría mejor el equipo con Benzemá en plan mediapunta y CR7 como delantero centro y no al contrario). Sin laterales, exceptuando un Carvajal que no progresa (Marcelo sólo vale para atacar). Con Casillas de titular por decreto. Sin ningún mediocentro puro salvo «Illarra» y un Lucas Silva de incógnito. Con exceso de mediapuntas y sólo un centrodelantero puro, el «Chicharito». Todo esto es lo mismo que la época de los «Galácticos I», los mismos errores. Tener unas buenísimos jugadores ha ayudado mucho a que el Real Madrid pueda optar por la Liga e incluso la Champions. Pero, el rendimiento colectivo del equipo dista mucho del que el aficionado del Real Madrid espera.

  4. DJKanoci

    9 de mayo de 2015 a las 3:21 pm

    Un par de peldaños por debajo…. cuanto sois presumidos. En cada español hay un pequeño periodista Marca (o AS o Sport o MD que es lo mismo).