Intangibles

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Ayer a media tarde no habría dado un duro por la clasificación para la Final de Copa del Athletic Club. Sí que lo habría puesto sobre la mesa, en cambio, por el pase del Villarreal en su eliminatoria frente al FC Barcelona, pese al resultado negativo para los intereses amarillos en el partido de ida. Trayectorias, estados de ánimo, predisposición… Lo cierto es que la semifinal y el estar a un mínimo paso de la tercera final copera en seis años no habían despertado la admiración que merecían en Bilbao. No, al menos, la de otras ocasiones similares. El manifiesto desencanto con el equipo de Valverde en una temporada nefasta, unido a un horizonte en previsible perspectiva con el Barça aguardando, otra vez por tercera vez en seis años, habían enfriado los ánimos de tal manera que el partido de vuelta en Cornellà había quedado alineado con el saco de los partidos del montón.

Todo lo contrario sucedía en Vila-real. Con el equipo de Marcelino en un gran momento de forma (probablemente, el más alto de la temporada), después de un trabajado y muy meritorio empate en el Bernabéu y mecido por un ambiente de euforia extraordinaria ante la posibilidad de alcanzar una final de Copa por vez primera en su historia, las sensaciones ante lo que El Madrigal podía depararle al Barça eran bien diferentes a las que se percibían por Bilbao. El pase se palpaba casi como una realidad (pese a las ingratas experiencias pretéritas) y el comentario venía surgiendo en las últimas fechas siempre alrededor de una muy plausible remontada amarilla.

Era lo que la lógica imponía.

Pero, una vez más, los intangibles del fútbol, esos elementos tan difíciles de percibir, de prever y de diagnosticar por los analistas echaron por tierra todas las previsiones que la razón y el desmenuce táctico habían brindado en la previa de ambos choques de vuelta. No se explica de otro modo el partido serio y comprometido brindado por los de Valverde en feudo espanyolista, como un oasis en el desierto. Algo absolutamente imprevisible e inesperado. Con la convicción de verse en la final que le faltó a buena parte de su hinchada, entre la que me incluyo, el Athletic agrandó su leyenda de equipo copero por excelencia. Demostrando que, muchas veces, el idilio con una competición supera barreras ante las que la euforia y el buen fútbol pueden acabar sucumbiendo. Nadie ha respetado ni venerado tanto el torneo de Copa durante toda su historia como el Athletic Club, alejado por el fútbol de las posiciones de privilegio en los últimos treinta años pero aferrado con misticismo a la magia de un torneo que, de vez en cuando, permite puntuales alegrías irreverentes con el status quo del fútbol moderno. La final era cuestión de justicia poética en una campaña infame. Por encima, por favor, de polémicas estúpidas, de pitadas circenses y de todo aquello que no es fútbol.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

2 Comments

  1. Full Norbert

    5 de marzo de 2015 a las 11:26 pm

    ¿En serio veías con más opciones de que remontara el Villarreal de que pasara tu Athletic con los resultados que se dieron en la ida?

  2. John Mason

    10 de abril de 2015 a las 8:25 pm

    Hola Borja,

    Me gustaría darte las gracias por escribir lo que escribes y por hacerlo como lo haces. Es un placer descubrir que hay gente en este mundo que mantiene el romanticismo cuando el asunto trata de fútbol.
    Yo también soy de Bilbao, yo también soy de Indautxu y también soy del Athletic. Sólo con eso bastaría para sentir cierta predilección por tus artículos, pero lo cierto es que además estoy de acuerdo con tu forma de ver la vida y el deporte. El verlo reflejado en texto, ayuda a que me mantenga firme en mis creencias de que otro fútbol es posible. Y por eso, simplemente, gracias.