Como la vida misma

Jürgen Klopp

Marcos tiene 32 años. A su edad cuenta con un Currículum Vitae envidiable en el que destacan dos carreras universitarias culminadas con sendos premios fin de carrera, y un MBA. Además, se maneja con facilidad en tres idiomas. Cuenta con la mejor preparación, pero sin embargo le cuesta adentrarse en el marco profesional de la gran empresa. Con decenas de entrevistas a sus espaldas, Marcos acude a la llamada de un puesto vacante en el back-office de una multinacional alemana. En la sala de espera medita su discurso mientras repara en sus contendientes por el puesto. Serenos, dos de ellos dialogan, sonríen, entrecruzan sus piernas mientras debaten sobre el partido del sábado. Sus miradas son claras, sinceras y confiadas. Gesticulan y se expresan con fuerza. En ese preciso instante Marcos es consciente de que hay algo en ellos de lo que él carece. La globalización mundial ha creado fotocopias en forma de seres humanos en los que la única diferencia radica en los pequeños detalles. Y son esos detalles los que paralizan a Marcos. Sus ojos no transmiten ese afán de comerse el mundo, esas ganas, esa motivación de superarse cada día. Lo sabe.

¿Por que nos gusta el fútbol?. Quizá porque es la vida en si. La injusticia, el desamor, la alegría, la rabia. Buscamos el origen de la vida en la complejidad de números y partículas sin reparar en la esencia de ella. De la misma forma, en el fútbol nos centramos en el coaching que maneja bases de datos ingentes de jugadores, sus características técnicas, su porcentaje de pases correctos o  sus minutos de juego real, sin reparar en que la diferencia entre el mejor jugador y el peor, sean únicamente sus ganas de mejorar. El fútbol no es Moneyball”, la excelente película de Bennet Miller sobre el trabajo técnico realizado en el Oakland Athletics. No. El fútbol no es nada y a la vez lo es todo. Fútbol es mirar a esa chica y hacer todo lo posible para conseguir que sea tuya. Fútbol es esforzarte cada día por sacar tu negocio adelante. Fútbol es triunfar, y también caer. El fútbol, como la vida, es un hecho irrefutable a la par que inexplicable.

Cristiano Ronaldo abandonó ayer el túnel de vestuarios del Manzanares explicando 90 minutos de asedio rojiblanco con una frase clásica: “Nos faltaron ganas y actitud”. Una hora y media de vendaval reducido a las ganas y la actitud. Lo mismo que pensó Marcos antes de encarar el corredor de la muerte que era la entrevista con un consultor cualquiera.

Diego Pablo Simeone era un jugador que transmitía. Que llegaba. Por ello como entrenador, logró transmitir sensaciones a sus jugadores y a la grada. Logró la unión indispensable para el triunfo. Djukic semanas antes apelaba mediante un discurso incendiario a la falta de actitud de sus jugadores el mismo día que Paco Jémez encendía las luces de alarma en los suyos tras un calamitoso partido. Todo ellos buscaban una reacción en sus hombres que finalmente consiguieron. Sus ojos transmitían fuerza, ganas y pasión. Son entrenadores que utilizan sabiamente los medios para unir afición y jugadores por un objetivo común. Que se giran en el minuto 60 para mirar a las gradas pidiendo un esfuerzo para que sus hombres sientan su aliento. Años haciendo un curso de entrenador nacional para tener que terminar azuzando a la General con tus brazos.

Manolo Preciado

Entrenadores capacitados en este mundo globalizado hay miles. Millones quizá. El fútbol se llena de trajes, corbatas y chalecos los domingos, y análisis tácticos precisos el resto de la semana con aplicaciones tipo “big data”. Y al final, lo que queda es acudir a la testosterona, como hizo Benito Floro aquel domingo en Lleida. Todos recordamos como el malogrado Manolo Preciado logró el ascenso en Gijón con una plantilla limitada al máximo, pero de la que supo sacar petróleo. Es imposible entender el ascenso y posterior permanencia del Sporting en Primera sin el carácter motivacional y la personalidad aplastante del cántabro. Solo él consiguió movilizar toda una ciudad, como si del flautista de Hamelin se tratase. Nadie como él ejemplifica mejor ese tipo de entrenador con pundonor y garra mas cercano a ser considerado animador que entrenador.

Los equipos insulsos son fiel reflejo de entrenadores insulsos, sin carácter, sin fuerza, ni capacidad motivacional. Si miras la clasificación de Primera hay varios ejemplos. Eso no se aprende en el curso nacional. Viene de fábrica. Afortunadamente tanto en la vida como en el fútbol siguen primando las emociones. Y sino, que se lo pregunten a Marcos.

Internacional en 0 ocasiones. Fútbol, barro y torretas. No hay nada más bello que un gol en el minuto 90.

8 Comments

  1. nacho

    9 de febrero de 2015 a las 11:34 pm

    No has querido señalar con el dedo, pero yo sí me voy a atrever. Entrenadores insulsos, cuyos equipos siempre reflejan su apatía y poca sangre, hay unos cuantos en primera. Así a bote pronto se me ocurren Abel Resino, Lucas Alcaraz y Víctor Fernández. Sus trayectorias empiezan a ser largas, y su mejoría como entrenadores es ninguna, empiezan a acumular descensos y sus equipos pueden tener orden, algo de alegría, algún intento de jugada a balón a parado, pero siempre dan la impresión de que si el rival aprieta podrá con ellos. Creo que dentro de no mucho podremos meter a Quique Sánchez Flores en ese saco

  2. Diego G.

    10 de febrero de 2015 a las 6:18 am

    El fútbol, como la vida, es un estado de ánimo. Una frase que leí alguna vez. La motivación, la preparación psicológica, la fortaleza mental, son claves en un equipo. Igual, o a veces más importante, que la técnica individual y táctica.

    En un equipo se necesitan líderes, tipos con cojones, que se aguanten las paradas bravas, que ordenen a sus compañeros. Generalmente es uno de los centrales, o el ‘5’. El ejemplo más claro que se me viene a la mente es el de Mascherano. O los generales Thuram y Makelele en la Francia de mediados del 2000. El mismo Gattuso en el AC Milan y en su selección. Siempre se necesita 1 o 2 generales en todo equipo.

    Es impresionante como Simeone mentalizó a sus jugadores, al punto de llevarlos a ganar una Liga Española y ser subcampeones de Europa. Obvio que hubo un trabajo táctico, buena lectura de partidos, etc… pero además de eso les hizo creer que eran invencibles, que podían llevarse el mundo por delante. Ejemplos así hay varios: Cienciano ganando la Sudamericana 2003 contra todo pronóstico, Grecia campeona de la Euro 2004, el mismo Once Caldas ganando la Libertadores 2004.

    En fin, el tema da para mucho. Excelente post.

  3. Jorge

    10 de febrero de 2015 a las 12:14 pm

    Nacho: Con todo el respeto a tu comentario, Quique Sánchez Flores ganó una Europa League y una Super Copa de Europa con el Atlético de Madrid (ese mismo año jugó la final de Copa del Rey, después de remontarle al Recre unos cuantos goles), y eso que el Atleti no tenía una maravilla de plantilla. Además, hizo buenas campañas con el Benfica. En mi opinión, no está nada mal.

  4. nacho

    10 de febrero de 2015 a las 4:52 pm

    Jorge, no digo que que QSF sea malo, no he dicho eso de ninguno de los entrenadores que he nombrado. Malos entrenadores son por ejemplo Mendilibar y Lillo. Víctor Fernández también tiene algún título en su palmarés, igual que QSF. A lo que me refiero es que si estamos hablando de motivación y liderazgo, son cosas que nunca veo en sus equipos, al menos no de forma continuada.

  5. Dr. K

    10 de febrero de 2015 a las 8:36 pm

    Lo de que Lillo es mal entrenador es, cuanto menos, discutible. Dudo mucho que si fuera tan mal entrenador Guardiola lo tuviera en su panteón particular junto a Cruyff y Bielsa.

  6. Diego G.

    11 de febrero de 2015 a las 4:27 am

    Lillo es un buen entrenador, pero carga con el mote de “lírico”, y eso lo hace un blanco fácil de las críticas y ataques. En todo caso a Lillo se le puede reprochar que no siempre puede pasar su “buen juego” (con lo debatible que es este término) de la teoría a la práctica, algo de lo que también adoleció Cappa en algún momento.

  7. Diego G.

    11 de febrero de 2015 a las 4:31 am

    En todo caso, lo mejor de Lillo se ha visto en la Segunda División. Pero cuando dirigió en Primera, pocas veces tuvo un plantel como la gente. Lillo es un buen técnico, pero ni a palos un top-mundial como Wenger o Simeone. Está lejos de esas ligas, eso está clarísimo.

  8. Calvin

    30 de marzo de 2015 a las 8:39 pm

    Jürgen Klopp es un buen entrenador.