Un internacional en Regionalliga

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Borja Herranz es un estudiante de Periodismo que cursa sus estudios en Bremen aprovechando una beca Erasmus. Hace poco, con el pretexto de unas prácticas académicas, tuvo acceso a una historia llamativa que hemos considerado digna de tener su pequeño hueco en nuestra web.

No son pocos los jugadores que, en el último lustro, han conseguido asentarse en la primera plantilla del Werder Bremen después de un paso más o menos fugaz por el filial del conjunto norteño. De la mano de Viktor Skripnik, hasta hace unos meses entrenador del Werder Bremen II, varios futbolistas jóvenes han dado el salto al primer equipo. Sin embargo, la promoción al primer equipo no siempre ha sido tan fácil para los muchachos que se entrenan diariamente a los pies del Weserstadion. Las épocas de bonanza económica y alta exigencia deportiva han sido tradicionalmente un obstáculo en su objetivo de dar el salto a la Bundesliga. Aunque la situación financiera actual sea delicada y la política de fichajes esté marcada por la austeridad, hasta hace no tanto el Werder Bremen era un club económicamente competitivo que podía permitirse el lujo de salir al mercado y reforzarse con jugadores codiciados.

Maycoll Canizales-Smith aterrizó en Bremen en el verano de 2001, tras el Mundial sub-20 de ese año. Su selección, Canadá, encasillada en el mismo grupo que Alemania, entrenada por Uli Stielike, y la Brasil de Kaká y Adriano Leite, se marchó de Argentina, sede del torneo, con un pleno de derrotas, pero la actuación de Maycoll le sirvió para llamar la atención de varios equipos alemanes. El Werder apostó fuerte por él y firmó un contrato de tres años, en una época en la que el también canadiense Paul Stalteri empezaba a ser habitual en las alineaciones de Thomas Schaaf.

Nacido en El Salvador en 1982, en la localidad de Quezaltepeque, la guerra civil que durante los años 80 tuvo lugar en el país centroamericano obligó a su familia a emigrar. Tras un breve paso por México, los Canizales-Smith se establecieron en Ontario, la región más poblada de Canadá. Aunque residieron en London, en uno de los puntos más meridionales del país, fue en Toronto Lynx, donde Maycoll tuvo su primer contacto con el fútbol profesional. Antes de que el Werder Bremen llamara a su puerta, él ya había tenido tiempo de despertar el interés de dos federaciones distintas. En edad adolescente tuvo que elegir entre jugar con su país de nacimiento, el de sus padres, o hacerlo con Canadá, donde había crecido. En una época en la que la inestabilidad política en El Salvador era aún palpable y el fútbol canadiense encaraba un futuro deportivo esperanzador -en 2000 la selección absoluta ganaría la Copa de Oro, la segunda de su historia- tomar la decisión definitiva no le llevó demasiado tiempo.

Donde Aycicek, Selke, Sternberg y compañía están teniendo facilidades para entrar progresivamente en el primer equipo, Maycoll fracasó en el intento de dar el salto a la Bundesliga. Efectivamente, la política de fichajes entonces dominante, que priorizaba la incorporación de jugadores contrastados y dejaba en un segundo plano la apuesta por los jóvenes talentos, no le hizo ningún bien a su evolución. Pero tampoco la lesión en el tendón de Aquiles que sufrió durante su estancia en Bremen. Después de tres temporadas, coincidiendo con la época más exitosa del club en los últimos veinte años -con Thomas Schaaf a la cabeza, el Werder acababa de conseguir el único doblete de su historia (Bundesliga y DFB Pokal)-, en el verano de 2004 un Maycoll cuyo impacto había ido a menos por culpa de los problemas físicos se vio obligado a cambiar de aires. No renovaron su contrato y, con la intención de seguir vinculado a una institución que le diera la oportunidad de llegar a la élite, se incorporó al filial del Hannover 96.

Ya antes de abandonar la disciplina del Werder, Maycoll había desaparecido de los planes de la selección canadiense. De la mano de Holger Osieck, antecesor de Ange Postecoglou al frente de Australia, el jugador de origen salvadoreño disputó las cinco internacionalidades absolutas que figuran en su historial: los dos partidos de la fase de grupos que jugó Canadá en la Copa de Oro de 2003 y tres amistosos previos a la cita continental, incluyendo el que enfrentó a su selección contra Alemania en junio de ese mismo año y otro ante Libia, en el que Maycoll anotó el que sería su primer y último gol con su combinado nacional.

Durante los dos años que pasó en Hannover tampoco consiguió convencer a los técnicos del conjunto de la Baja Sajonia. Al término de la temporada 2005/06 volvió a Bremen, bajó un par de escalones y se enroló en las filas de un equipo semiprofesional: el FC Oberneuland. Cinco años después de aterrizar en Alemania por primera vez, la cruda realidad era que su contador de minutos en Bundesliga seguía a cero. La experiencia en Oberneuland se limitó a tres meses y una quincena de partidos, pues a principios de 2007 ya tenía sobre la mesa una oferta de prueba con el Toronto FC, de reciente creación. Consiguió un puesto en la plantilla de un equipo MLS y, aunque fuera en un país de tradición futbolística menor, establecerse en la élite. Su experiencia en Toronto, no obstante, duró apenas un año. Problemas extradeportivos, la posterior pérdida de sintonía con el entrenador y, sobre todo, motivos familiares, precipitaron su adiós a la MLS. Cuando su novia, a quien conoció en Bremen, se quedó embarazada a mitad de temporada, Maycoll ya había perdido la confianza del técnico. Pese a tener ofertas de equipos de primera división, con un bebé en camino su pareja volvió a Alemania y el tomó la decisión de seguirla.

Con la idea de encontrar un equipo en el que continuar su carrera, Maycoll levantó el teléfono y se puso en contacto con Wolf Werner, su entrenador en el filial del Werder Bremen. Consiguió una prueba con el Bonner SC, por aquel entonces en quinta división, y Bonn se convirtió en su residencia durante casi un lustro. Pasó así de jugar ante 25.000 espectadores en la MLS a hacerlo delante de unos pocos miles, en el mejor de los casos, primero en Bonn y luego en el Fortuna Köln.

Ha pasado el tiempo y Maycoll ya ha superado la treintena. Hace dos veranos recibió una llamada de Alexander Nouri, actual entrenador del Werder Bremen II. Con idéntico pasado en el filial del Werder, el Nouri jugador también fracasó en su intento de dar el salto a la Bundesliga. Antes de colgar las botas jugó una última temporada en el VfB Oldenburg y, al final del curso, se incorporó a su staff técnico. La directiva de este club histórico -jugó en la 2.Bundesliga varias veces durante los años 90 y participó activamente en la profesionalización del fútbol alemán- le entregó las riendas del equipo de cara al curso 2013/14 y, pocos días antes del cierre del mercado de traspasos, anunció el fichaje de Maycoll Canizales-Smith. El VfB Oldenburg ascendió procedente de la Oberliga hace tres temporadas y, desde entonces, compite en el grupo Norte de la Regionalliga, cuarta categoría del fútbol alemán.

Descubrí a Maycoll un domingo de mediados de octubre. Me acerqué al Platz 11, un pequeño estadio con pista de atletismo y capacidad para unos cinco mil espectadores, para ver jugar al filial del Werder Bremen. El equipo visitante no era otro que el Oldenburg, capitaneado por un lateral izquierdo de rasgos marcadamente latinos y con una técnica notablemente superior a la media en Regionalliga. En aquel partido, que terminó 4-0, anotaron Levent Aycicek y Janek Sternberg y en el banquillo local se sentó por última vez Viktor Skripnik. Una derrota en casa, ante el Colonia, en Bundesliga, precipitó la destitución de Robin Dutt y, una semana y media después de ganar al Oldenburg, Skripnik ya estaba liderando la clasificación del Werder Bremen a los octavos de final de la DFB Pokal.

Han pasado las semanas, Skripnik ha conseguido que un equipo sin demasiados recursos respire en la lucha por salir de los puestos de descenso, Aycicek se ha consolidado en el once titular, Sternberg es habitual en las convocatorias y otros jóvenes que participaron en aquella victoria ante el Oldenburg, como Oliver Hüsing y Maximilian Eggestein, también han tenido minutos con el primer equipo.

Mientras tanto, a poco más de media hora en coche pero a años-luz en lo que a lo futbolístico se refiere, un internacional absoluto se las apaña para compaginar las exigencias del fútbol semiprofesional con un trabajo de ocho horas diarias.

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