Literatura inglesa

tenby

Me aficioné a comprar libros de fútbol un día que tenía que hacer un viaje en tren. Estaba esperando en alguna estación de Londres cuando me dio por entrar en una tienda para adquirir por un precio irrisorio una magnífica biografía de Ian Rush, delantero del Liverpool en los años ochenta (y parte de los noventa). Lo cierto es que no esperaba nada de la lectura más allá de que me entretuviera un rato durante el trayecto que teníamos que hacer a través de la estupenda red ferroviaria que hay en Reino Unido. Y la verdad es que me entretuvo. Sobre todo porque conocí que, antes de fichar Maradona por el Nápoles, el club italiano quiso hacerse con los servicios de Ian Rush. Lamentablemente (o afortunadamente) para ellos, el traspaso no se pudo llevar a cabo porque el presidente del Liverpool estaba ausente de la oficina. Concretamente estaba en Wimbledon, viendo el tenis. Algo, suponemos, demasiado importante como para ir a Anfield a dar el visto bueno a la operación de venta de su delantero centro. Viendo entonces que no había trato, los napolitanos pusieron en marcha el plan B y cerraron la contratación del futbolista que cambiaría para siempre su historia. En definitiva y volviendo a lo de leer (que es de lo que trata esto) pienso que mereció la pena haberse tragado más de 300 páginas en las que sólo se hablaba de si el equipo jugó bien o jugó mal y que si metí un gol o lo dejé de meter, para descubrir entre medias este interesante relato. Relato que, me imagino, tiene algo de novelado porque me cuesta trabajo creer que alguien pudiera considerar a Maradona como sustitutivo de Rush. No obstante, no le hacemos asco a la trama en absoluto porque contada así, es mucho mejor.

Contento como estaba con el hallazgo de saber que la Historia está también en los archivos impresos (vale que esto ya me lo habían explicado en el colegio pero, igual que la Geografía la aprendí a base de eliminatorias europeas y Mundiales, necesitaba constatar el hecho con algo que tuviera relación con una pelota), empecé a coleccionar ediciones que narraban la carrera de diferentes personajes que no acababa de tener referenciados del todo, aparte de que me sonaran de oídas. Y fue así como llegué a la librería de Tenby (la de la foto que ilustra el texto). Tenby es una villa costera en el Sur de Gales a la que lo normal es que vayas a pasar el fin de semana y te dediques a hacer senderismo por acantilados y playas. En mi defensa diré que hice eso y que, además, una vez cumplido con el convencionalismo, recorrí sus calles en busca del típico local sospechoso de tener escondido algún incunable futbolístico de los que tanto me gustan. Tuve suerte. Casi al fondo del pueblo, ya habiendo pasado la zona de tiendas y pubs, estaba la mencionada librería, con sus dos pasillos llenos de libros apilados en un equilibrio que desafiaba las leyes de la física. Había tanto material que sólo podían estar a la vez, como muchísimo, dos clientes. No entraba nadie más. Ni siquiera el señor librero, que tenía una silla fuera a modo de mostrador y caja. Estuve un buen rato en aquel espacio agobiante porque no era fácil localizar la sección de deportes. En realidad, no era fácil localizar ninguna sección porque no había exactamente algo que pudiéramos considerarlo como tal. Lo que había era una serie de montones que, en ocasiones, parecían ser formados por volúmenes de temáticas similares. En uno de ellos encontré un ejemplar titulado «Los mejores partidos que he jugado» escrito por Bobby Charlton. Edición de 1984. Era obvio que no podía dejarlo ahí.

Salí al exterior para que el dependiente me dijera cuál era el precio. Y andaba el hombre sesteando porque el día era bueno y locos de mi categoría, escasean. Cuando vio lo que le mostraba, se ubicó rápidamente. Doce libras, me dijo (al cambio, unos 16 euros). Yo, acostumbrado como estoy a las ofertas de los sótanos que hay en la londinense calle de Charing Cross donde a veces está todo a una libra, le miré con cara de me estás tomando el pelo y no voy a pagarte ni por un casual lo que me estás pidiendo. Experimentado como pocos, interpretó mis gestos con habilidad comercial y me indicó que abriera por la anteportada y comprobara por favor, que había un autógrafo del autor en ella. Así lo hice y confirmé que, efectivamente, sin haberse hecho la rubrica en la propia hoja, había pegado un papelito ahí que decía que, con sus mejores deseos y para un tal John, Bobby Charlton le dedicaba ese pequeño de trozo de folio. Para darle más empaque al producto que estaba a punto de colocar, el caballero (que era casi más pintoresco que el local, lo cual ya es mucho decir) me indicó también que una vez, no sé muy bien dónde, él había coincidido con el mismísimo Sir Bobby. Y que era un individuo extremadamente amable. Pensé yo, después de semejante argumentario de venta, que para qué queríamos más. Desembolsé lo que tocaba y me reuní con mis compañeros de excursión, que me esperaban haciendo cosas de personas normales en una cafetería y que se mostraron poco convencidos de que realmente me hubiese hecho con una pieza de museo al dudar seriamente de la autenticidad de la firma.

Reconozco que al llegar a casa hice una comprobación sobre la escritura a mano de Charlton. Y reconozco también que hice una concesión al engaño. Pese a que el garabato es idéntico. Pero en el fondo esto es lo de menos. Porque fue leyendo esa compilación de recuerdos del que es leyenda del United, que tuve conocimiento de que una vez George Best pensó en casarse y, para conocer cómo era la vida de un matrimonio, se presentó a cenar en casa de los Charlton (pareja modélica donde las haya). Por lo que se ve, se pasó la velada preguntando quién limpiaba y planchaba, dónde habían comprado los muebles y otras cuestiones domésticas del mismo tipo. Una anécdota cuya revelación es, para mí, lo realmente importante, aún cuando no se me escapa su intrascendencia. Y por ello, seguiré ampliando mi biblioteca. Con independencia de la autenticidad o falsedad de lo que contenga (ya sean autógrafos o historias).

Contacto: juan.liverpool@gmail.com

8 Comments

  1. Borja Barba

    3 de diciembre de 2014 a las 11:51 pm

    Las historias de Respetable Juan jamás defraudan.
    Hace unos años, inicié una colección muy similar, casi todo a costa de pagarle exceso de equipaje a Ryanair y de tirar de Amazon UK. Pero llegó un punto en el que compraba más de lo que podía leer y, sobre todo, de lo que podía asimilar.

    Sube un poco el contraste a esa foto, haz el favor 😉

  2. Jan

    4 de diciembre de 2014 a las 10:45 am

    Bonita historia Juan, más bella aún por la forma en que la transmites. Enhorabuena.

    Recientemente he tomado la decisión de reavivar la pasión por la lectura, y qué mejor que empezarla con buena gana e impulso con literatura futbolera. Mis dos primeras adquisiciones, «Fiebre en las gradas», de Nick Hornby, y «La Tribu», de John Carlin. Me imagino que conocerás ambos, Juan ¿alguna breve reseña? ¿recomendaciones a futuro?

    ¡Mil gracias!

  3. Dami Fernández

    4 de diciembre de 2014 a las 10:57 am

    Yo poco a poco me voy introduciendo en ese maravilloso mundo. El fútbol da para mucho, hasta para la buena lectura. Te recomiendo «Provided you don’t kiss me». Una biografía de Brian Clough centrada en su época en el Forest.

  4. Juan Moran

    4 de diciembre de 2014 a las 1:33 pm

    Bien. Por partes.

    Borja, la foto está hecha con una cámara de éstas de ahora, de modernos, con el carrete velado y tal. Y yo también estoy comprando por encima de mis posibilidades.

    Jan, Fiebre en las Gradas es una obra fundamental. Y sin ser de fútbol, te recomendaría Alta Fidelidad, también de Nick Hornby. Luego, volviendo al fútbol, yo estoy más metido en cosas en inglés pero en español te diría Galeano y el fútbol y la traducción de Soccernomics.

    Dami, el Provided you don’t kiss me es una maravilla. Necesario para entender bien la figura de Clough. En la misma línea, With Clough, by Taylor. Interesantísimo.

  5. Alfonso

    4 de diciembre de 2014 a las 2:57 pm

    A mi las biografias no es un género que me apasione demasiado,ni siquiera las futboleras jeje.
    Yo me inicié en el género literario balompédico con «Fiebre en las gradas», y creo que todo el mundo debería empezar por ahí.
    Ahora estoy leyendo,con una mano en el libro y otra en el traductor de Google: «Turning my back on the Premier League», la historia de un fan del United que se adentra en el mundo del infrafútbol inglés y me está encantando,reconmendabilérrima.

  6. Alfonso

    4 de diciembre de 2014 a las 3:13 pm

    Tiré de palabro para adornar con una rabona el final del comentario y se me coló una «n» pero como no se puede editar,ahí queda 😉
    Aprovecho para recomendar también «Futbol contra el enemigo» de Simon Kuper,que tiene mucho que decir sobre todo lo que se está hablando estos dias.

  7. Borja Barba

    4 de diciembre de 2014 a las 4:48 pm

    Ahí va una recomendación futbolero-literaria (en inglés) más, que seguro que os va a encantar.

    ‘Hatters, railwaymen and knitters’, de Daniel Gray. Un viaje por las categorías menores del fútbol inglés.

  8. alfredo

    5 de diciembre de 2014 a las 3:42 pm

    Futbol y literatura= mi coterraneo osvaldo soriano.
    No se pierdan leerse uno de sus cuentos, hay algunos en la web, son espectaculares y les va permitir a muchos de ustedes comprender mucha de nuestra indiosincracia futbolera.