¡Paco, jueguen feo!

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Paco Jémez está de moda. El técnico del Rayo Vallecano proyecta una imagen moderna, cuidada en lo físico y trabajada en su discurso. Goza, además de una prensa envidiable y ya protagoniza incluso portadas de revistas especializadas en papel mate. Pero no tiene a toda la afición de la franja especialmente contenta. Los detractores, o al menos aquellos que tienen que puntualizar cosas sobre el quehacer de Jémez en el banquillo rayista, son cada vez más. Entre ellos, Iván Rodríguez, periodista y seguidor del Rayo con más de treinta años de experiencia en las gradas vallecanas que ha querido dar su particular punto de vista sobre algo que considera que tiene más rincones oscuros que lo que se ha pretendido hacer ver.

Aparecen en nuestra cultura gestos, expresiones, clichés, con tendencia a quedar cojos sin una muletilla final que cierre el círculo. Decir ‘entre comillas’ y no hacer el gestito –nótese el retintín despectivo- con los dedos índice y medio de cada mano; hablar de un muy buen profesional que no por ello deja de ser ‘mejor persona’; iniciar la semana con una trivial conversación de ascensor y ante el retórico ‘¿qué tal?’, sortear la incomodidad con un ‘ya ves, de lunes’. En el fútbol, como en la vida. Desde lo difíciles que son los equipos de Caparrós, al ‘tiki-taka’ del Barça y la Selección, o la pegada del Real Madrid. Cuando emergen los conceptos, todos altamente subjetivos, del juego atractivo, el atrevimiento y el descaro, no pocas miradas se fijan en el Rayo Vallecano de Paco Jémez. Calificativos de los que a menudo echan mano periodistas con pocas horas de franja roja en sus retinas. La simpleza de reducir al tópico: los andaluces, vagos; los madrileños, chulos.

Paco es un técnico de nueva hornada y madurado en un entorno social que reniega de ideas futbolísticas que se tienen por desfasadas, cuando no indignas. La antítesis del mismo Caparrós al que doblegó la pasada semana en Granada con postrero gol de Manucho. El ‘sargento Jémez’ del que hablan algunos cronistas de la franja, imagen castrense reforzada por su aspecto de fibroso atleta, y por alguna que otra bravata en sala de prensa que recuerda a su antecesor en el banquillo de la Avenida de la Albufera, José Ramón Sandoval, y su famoso ‘por la puerta grande o por la enfermería‘. Porque cornadas también las ha sufrido, y muchas, el Rayo de Paco. De su primera temporada, octavo al final de curso, se recuerda el set encajado en Zorrilla (6-1) que muchos recuerdan como la imagen más vergonzante del Rayo entre la élite.

Experimentó con zaga de tres en su primera salida, Heliópolis, y el fútbol premió la osadía y sorpresa. Cuando la segunda desapareció, los rivales hicieron sangre de un pelele defensivo, blando cual manteca. Logrando la mejor temporada histórica de los franjirrojos en Primera, fueron el tercer equipo más goleado, con 66 tantos. A más de un gol y medio encajado por partido.

Gálvez y Amat formaban entonces pareja de centrales. Ambos catapultados por su desempeño en la barriada hacia plazas de mayor enjundia, a priori, como Bremen y Swansea. Ambos, padeciendo un patrón de juego casi suicida recién llegados a Madrid. Un estilo en el que el balón circula entre el arco y la defensa más tiempo del que el sufrido corazón del hincha puede soportar sin rozar la angina de pecho y que penaliza doblemente cada pérdida en campo propio, colocando la línea del fuera de juego más cerca del kick-off que de la media luna. La conversión y convicción en el Jemecismo llegó en vísperas de Navidad. Fue a partir de ese momento cuando los Piti, Javi Fuego, Chori Domínguez, Baptistão y compañía comenzaron a alimentar la caldera hasta llevar al equipo a una clasificación europea sólo desbaratada por el ‘terrorismo financiero’ de la época Ruiz Mateos – Rivero.

El segundo proyecto de Paco consumió la mitad del curso en puestos de descenso, salvando los muebles con la prodigiosa racha de marzo y abril (23 puntos de 30 posibles). Una fecha clave: tras la jornada 21, con derrota 2-4 frente al Atlético, Paco tuvo un pie fuera del banquillo. Sólo la precaria situación económica y la confianza de algunos hombres de la directiva lo evitaron, aunque sonaron nombres como el de Nino Lema como remiendo. Lejos de inspirar el coraje defensivo que lo encumbró como jugador, Paco no evitaba que su equipo se desangrase con ochenta tantos en contra.
Tras la estrepitosa caída frente al que sería campeón, que nació del enésimo esperpento entre el meta Rubén y su defensa -Raúl Baena en esta ocasión- algo se movió bajo el descubierto cráneo del míster. Entre despropósitos de la retaguardia, y la completa nada de medio campo hacia adelante, se había consumido una vuelta. Quizá lo de jugar al ataque, suicidarse y sacar el balón en corto no era receta válida para una plantilla de temporeros desnortados.
Tocado fondo frente al Atlético, nadie, salvo Barça y Real Madrid, volvió a encajarle más de dos goles al Rayo en 14 jornadas. Llegó Razvan Rat –el del indigno cabezazo a Charles- para el costado izquierdo. Zé Castro dejó atrás su vía crucis muscular, se asentó junto a Gálvez en el centro de la zaga y desplazó a Saúl al pivote, su lugar natural. Por aquel entonces comenzamos a ver muestras del enorme despliegue del joven ilicitano que hoy sorprende a orillas del Manzanares. Paco se bajó de la burra y al axioma ‘saquen el balón en corto’ se añadió un socorrido ‘…o den un pelotazo arriba si no es posible’. El esperado plan B.

La falta de gol del equipo se parcheó poniendo a otro argentino, Larrivey, en nuestras vidas, como referencia para la nutrida banda trequartista (Viera, Falque, Rochina, Bueno, Seba…) de Vallecas. El de Gualeguay se ganó futuro en las Rías Baixas metiéndolas hasta con el culo en la segunda mitad de campeonato. La estrategia continuó como asignatura pendiente, y pervive, pues aún no ha procurado punto alguno para la franja desde el inicio de la presente liga. Al revés, Albacar y Musacchio sí han hecho blanco en la meta defendida por Cristian/Toño en acciones a balón parado

El error del gol no es de Rubén ni de Baena, es responsabilidad mía y lo vamos a seguir haciendo mientras sea entrenador del Rayo‘. Palabras del famoso entrenador de los cambios prematuros tras rozar la zozobra ante el Atleti. A veces, sólo a veces, los entrenadores no tienen razón, y el empecinamiento de Paco estuvo a punto de hundirle junto a 90 años de historia, de no haber girado el timón cuando el abismo se precipitaba.
El partido de la penúltima jornada en Los Cármenes, el de los mil y un regalos envenenados a Toño, el de los dos centrales condicionados por amarillas antes de tiempo, demostró que aún quedan viejos vicios que enmendar, pese a los nuevos y mejores mimbres. Los vallecanos mostraron, en más ocasiones de las deseadas, esos malos usos que pueden convertir una loable propuesta en una desquiciante comedia negra. Partidos que se pierden por ese absurdo ‘gilicórner’ saldado con pérdida y contra, por una mala entrega en campo propio o una cesión fallida. Partidos en los que el rival se acomoda esperando a que el Rayo se pegue ese tiro en el pie del que tantas veces oímos hablar a Paco.

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1 Comentario

  1. Kurono

    29 de octubre de 2014 a las 7:36 am

    Eche mucho en falta la sección del análisis de la temporada anterior del Rayo Vallecano. Jeméz siuge impregnando de un estilo “bielsista” de lo más curioso, a pesar que en ocasiones valdría la pena arriesgarse menos, sobre todo contra los grandes, Jeméz sigue siendo igual de osado. Su experiencia amerita bien más crédito a su carrera, ya que ha mantenido al Rayo, con un presupuesto modestísimo, en primera, sin tantos sobresaltos.