Ni aunque me arda el pelo

george

Hay una escena en un episodio de la serie Seinfeld en el que el protagonista está esperando en un kiosco para comprar el periódico junto a su amigo George (el de la foto que ilustra el texto), el cual, aprovechando que se encuentran en un ámbito estrechamente relacionado con el mundo de la prensa, le dice que no dejaría de leer la sección de deportes del diario ni aunque le ardiera el pelo. He de reconocer que esta tontería de aseveración, siempre me ha hecho mucha gracia al formalizarla en mi imaginario. Soy así de simple. Un tío con el cabello en llamas hojeando las noticias deportivas sin inmutarse. Y puestos a admitir cosas, también he de decir que siempre he utilizado la referencia para dejar claro hasta qué punto puede llegar mi interés por los grandes acontecimientos futbolísticos. Quiero decir, que cada vez que hay, pongamos por ejemplo, un Madrid-Barça, yo comento con todo aquel que quiera saber, que no dejaría de ver el juego ni aunque me ardiera el pelo. Y aunque pueda parecer absurdo, hay algo de verdad en ello. Pero es necesario retroceder hasta la temporada 1992/1993 para entenderlo en su totalidad.

Fue ese el curso en el que mi padre había conseguido, después de muchas gestiones, dos abonos para el primer anfiteatro del fondo sur del Bernabéu. Era el primer año de Benito Floro dirigiendo a los blancos y a mí, pese a que entonces no había Ronaldos, James o Bales, me hacía una ilusión tremenda ir al campo y que el Madrid ganara. Recuerdo que era tal mi emoción que podía darse el caso de que me abrazara incluso con el vecino que tenía al lado si algo extraordinario sucedía durante los noventa minutos. La idea que yo tenía en esa época era la de no saltarme ninguna fecha porque no había nada en el mundo mejor que eso. Y al principio todo fue bien. Cada semana cumplía con mi cita futbolera y marcaba en un calendario de estos que te dan de publicidad cualquier día antes de pasar a la grada, que efectivamente había estado presente en la tribuna correspondiente. No podía ser más feliz. Si hasta el Madrid, después de un comienzo bastante titubeante, parecía jugar bien y tener posibilidades de ganar la Liga.

Llegamos en esa dinámica positiva a la semana del Clásico en Chamartín (el de Barcelona se había disputado en la primera jornada, que de aquella no se programaban los calendarios) y yo me preparaba para hacer mi debut como espectador en lo que antes era conocido como el partido del siglo. Pero a menos de veinticuatro horas para que echara a rodar el balón, sufrí una torsión testicular bastante grave. Llevaba semanas con problemas pero no le había dado mayor importancia, la verdad, porque al final todo volvía a la normalidad y el dolor remitía. Pero esa noche no. Y me tuvieron que llevar a urgencias. Rápidamente me pusieron todo en su sitio y me quedé lo suficientemente aliviado como para pensar que saldría de allí en cuanto se hicieran un par de trámites administrativos, Pero me equivoqué. No me esperaba en absoluto que el doctor me dijera que me tenían que operar en ese mismo momento o, de lo contrario, había posibilidades de perder el testículo afectado (creo que era el derecho). Tampoco se esperaba él que le saliera con la siguiente pregunta:

«Â¿Voy a poder ir al partido mañana?»

La cara que puso el hombre no se me olvidará nunca. Era de que, aparte de lo de los testículos, tenían que intervenir también en el cerebro. Por lo que se ve, no estaba en la misma onda de lo comentado antes, lo de que no tenía intención de dejar de ver el maravilloso espectáculo balompédico por una causa de fuerza mayor tipo un incendio en el cuero cabelludo o, en este caso, un huevo dado la vuelta.

Al final fui intervenido y me quedé sin ir al estadio, como era de prever. Por lo demás, el Madrid ganó 2-1 (ver vídeo aquí) gracias a un penalti bastante polémico que transformó Míchel al filo del descanso (antes había marcado Zamorano y había empatado Amor). Y yo todavía sigo diciendo la memez del pelo en llamas en ocasiones señaladas, claro. Por cierto, de los testículos estoy bien. Me dejaron nuevo.

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