El Toto y el Loco

Un día me desperté y Bielsa ya no estaba. No voy a mentir con milongas sobre un amor eterno que nadie creería, porque yo ya me sospechaba que algo así podía llegar a ocurrir en un futuro alarmantemente cercano. Pero la imaginación es juguetona y caprichosa y para ella no había lugar para escenarios indeseados. Dicen que las buenas amistades, las que se hacen eternas, maduran lentamente hasta ir cogiendo el poso necesario para hacerse indisolubles. Algo parecido nos ocurrió con el Loco. De entrada, todo fueron recelos y precauciones ante un personaje extraño en Bilbao. Un año más tarde, absolutamente nadie dudaba sobre la sinceridad absoluta del hipnótico verbo pausado del técnico.

Marcelo nos obligó a vivir intensamente durante aquellos dos años. Tan intensamente que cada partido, cada rueda de prensa, cada entreno y cada vivencia parecían una lección de vida. Nos enseñó caminos ocultos, veredas insólitas que conducían hasta parajes de ensueño y que jamás se nos habría ocurrido recorrer si alguien no nos hubiese invitado a adentrarnos en ellas. Por eso, cuando el Athletic Club y Marcelo Bielsa decidieron abandonarse mutuamente y dejar que sus respectivas carreras siguieran direcciones opuestas, a muchos se nos escapó un suspiro de nostalgia. No ya por el fútbol, que tan buenos momentos nos había brindado especialmente en su primer año, sino por el individuo. Por tener que decir adiós para siempre a una persona recta, a un entrenador honesto y con un profundo sentimiento de respeto hacia el aficionado, con quien mostraba una entrañable empatía para mí hasta entonces desconocida. Un técnico alejado del estereotipo y enemigo del cliché, tenaz en su propósito y sincero en su propuesta.

Dicen quienes rápidamente encasillaron a un personaje tan difícilmente encasillable como Bielsa que su petate y su ideario deportivo estaban repletos de humo. Que su carrera, pura ilusión, no era más que una maniobra de prestidigitación sin un resultado real y palpable. Aquellos dos años conseguí por fin olvidar todas las teorías resultadistas que tan frecuentemente acudían a mi cabeza en otros momentos de mi vida. Quiero decir que disfrutaba con lo que Bielsa había llegado a ofrecernos, sin necesidad de materializar aquellas experiencias en algo más visible y material. Una frase oportuna, un gesto, era a veces más que suficiente. La foto de los éxitos del argentino en San Mamés no se guarda en un álbum porque no existe como tal. Su humo, aquel al que continuamente hacían referencia sus detractores, no era humo. Era un aroma que pedía ser inhalado. Como el resignado exfumador que acaba de dejar el vicio y olfatea desesperado en busca del humo desprendido por el pitillo de su contertulio para matar el ansia.

A Eduardo Berizzo (Cruz Alta, Argentina, 1969) le ocurrió algo similar. Un buen día se despertó en su cama chilena y Marcelo Bielsa se había marchado. Era el cuatro de febrero de dos mil once cuando, en una rueda de prensa de cerca de tres horas de duración, el técnico argentino anunciaba su renuncia a la selección chilena. Dejaba atrás una viuda, La Roja chilena, e hijos, entre ellos el hoy preparador del RC Celta de Vigo. Dice el Toto Berizzo, ayudante técnico del Loco Bielsa en aquellos tres años y medio al frente del combinado nacional de Chile, que la generosidad del rosarino con sus conocimientos le fue muy útil y provechosa en los tiempos en los que ejerció de aprendiz en el Complejo Deportivo Juan Pinto Durán.

Apenas ha necesitado unas semanas desde su llegada a Balaídos, previo exitoso paso por O’Higgins chileno, para dejar claro de qué fuente estuvo bebiendo durante su pasantía en Santiago. Su Celta se muestra como un equipo vigoroso, generoso en el derroche físico y empeñado en cuidar al balón como si fuese un integrante más de la plantilla. Peca de llevar sus partidos, por lo que se ha podido ver hasta la fecha, hasta un punto de efervescencia que en ciertas ocasiones se vuelve tan incontrolable que los borbotones acaban saltando fuera de la cazuela y emborronando un plato magistral. Y viendo a su Celta el pasado sábado ante la Real Sociedad fue cuando terminé de despejar cualquier tipo de duda. Ese Celta del incisivo Nolito, del hiperactivo Orellana, del incansable Larrivey y del sacrificado Krohn-Dehli me trajo agradables recuerdos de aquel Athletic del año 2012. Del equipo de las dos finales y los duelos épicos. De aquel conjunto solidario y generoso en el esfuerzo. De aquel fútbol honesto y sin dobleces que no guardaba nada y lo daba todo. Ojalá haga Berizzo dsfrutar a Vigo como lo hizo Bielsa con Bilbao. Y disfrútenlo sin miramientos. No sea que algún día despierten y el Toto ya se ha haya marchado. http://www.tb-credit.ru/zaim-bez-otkaza.html

1 Comentario

  1. Fede

    17 de septiembre de 2014 a las 12:01 am

    Me ha encantado el articulo! Enhorabuena^^