A octavos no llego

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La vida es eso que pasa mientras Maldini apunta que Modric debe jugar de mediapunta, el gobierno privatiza beneficios y socializa pérdidas, y la realidad tritura tus planes uno a uno, los mastica y te los escupe en la cara con infinito desprecio. Escribí no hace mucho por aquí que el Mundial son cuatro días, ni uno más ni uno menos, en entusiasta ejercicio futbolero, pero al final resultará que me pasé de largo. Qué cuatro ni qué hostias. Tres, a lo sumo, y gracias amigos. A este ritmo empiezo a sospechar que al domingo no sobrevivo, no sé bien cómo. Seguro ya es, no hay más que verme, que a octavos no llego.

Mi casa es ahora mismo un paisaje devastado por la guerra, la playa que amontona cadáveres tras la batalla. En la cocina se acumulan los barriles de cerveza y al caminar se escucha bajo los pies el crujido de las cáscaras de los frutos secos, esa tortura traicionera. Cada madrugada mi estómago se retuerce incomprendido, pidiendo explicaciones ante el maltrato voluntario y consentido, y se me rasgan los ojos al mirar la tele, que veo penaltis por todas partes. Cuando se baja el telón, subo las escaleras y me desplomo sobre la cama en plan Pletikosa, árbol va, gracias Newton. Cada mañana mi hija evalúa el parte de daños: “el papá está malito”, sentencia con infantil sabiduría, mientras mi mujer suspira y yo me doy la vuelta en la cama y exijo que cierren la puerta, que se filtra la luz insoportable, que para algo he pedido vacaciones, que para algo es hoy mi cumpleaños. Al despertar no hallo más recurso que recurrir al consomé, al antibiótico y al café doble. El día que con ese menú no resucite será el día de colgar la bufanda de forma definitiva.

A octavos no llego y a mañana ya veremos. No avanzaba el minutero antes del partido inaugural, qué larga se hizo la tarde y la espera, y hoy de repente ya eran las cinco y media, y yo con estos pelos, y ojo que se viene lo peor en breve. Observo el primer domingo de Mundial como el último día del FIB o de las fiestas de mi pueblo, que en el fondo es lo mismo. Me sobra por todas partes y al día siguiente trabajo. Que trabajar no sé si nos hará libres, pero igual hasta me salva la vida en este caso.

Me queda una bala, a la desesperada: la táctica Karagounis. Esto es, a saber, fijar un objetivo realista, acorde a nuestra edad insana, dosificar los ramalazos de calidad, montar la barraca, aguantar el dolor con firmeza espartana y rezar para pasar a la segunda ronda. Ganarle metros a la vida. Programar este post para que se publique en horario decente sin tener que abrir los ojos. Pensar después cómo estarás en 2018 y motivarte así para salir de la cama.

España lo tiene difícil, leo. Nos han jodido. Peor lo tengo yo y no hay tanto lío.

foto: fifa.com

Castellón, 1983. Escribo en el diario Levante. A veces de fútbol y a veces de música. He publicado un libro. Se llama Infrafútbol.

4 Comments

  1. j1nka

    14 de junio de 2014 a las 12:31 pm

    Que manera de escribir, chiquillo. Sublime.

  2. Arbeloa Clearwater Revival

    14 de junio de 2014 a las 1:07 pm

    Aplauso. Sin hijos, me siento por lo demás muy identificado.

  3. Quirke

    14 de junio de 2014 a las 6:57 pm

    Buenas:

    Grandioso post, caballero.

  4. Pingback: El cromo de Campbell - Diarios de Futbol