Away end

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Sin saber muy bien por qué ayer terminé viendo un Bolton-Huddersfield sentado en el fondo visitante, también conocido como away end, y bien preparado para combatir el frío.

Una vez allí, en una posición céntrica y a buena altura, me dispuse a analizar el panorama y fue cuando en el asiento de delante reconocí una cara que me sonaba. ¿De qué me sonaba? Tenía que saberlo. Venga, piensa, ¡piensa! Claro que sí. Lo sabía. ¡Era Adam Clayton! Nota de autor: ver foto superior, el de la barba. Clayton es el mediocentro del Huddersfield y debido a una sanción no pudo ser de la partida, así que cogió a su novia, la montó en el coche, se la llevó a Bolton y asistió en directo al encuentro de su equipo en la grada de los hinchas de los terriers. Cazadora marrón, pantalones ajustados, bien peinado y un olor a colonia que iba dejando rastro por donde se movía. La novia, a su derecha, morena, pelo liso, con un abrigo de plumas, unos ojos claros preciosos y unas uñas que llegaban hasta la grada de enfrente. Sí, era él seguro. No fui el único en reparar que Clayton estaba con nosotros, pues el resto de aficionados del Huddersfield desviaron su mirada para observarlo. A mí me generaba curiosidad una cosa: ¿se levantaría a protestar decisiones arbitrales? ¿Gritaría de tensión? ¿Animaría y se uniría a los cánticos de la afición? Tenía noventa minutos para comprobarlo.

Quedó muy claro cuando se sobresaltó con un paradón de Smithies en un córner. Ni qué decir tiene cuando Norwood hizo el golazo de la noche, ya en el minuto 70: enganchó un zapatazo desde 35 metros que vimos entrar por la escuadra. Imparable. Euforia. Toda la grada se vino arriba, Clayton incluído, que se puso a celebrarlo con el resto de aficionados y por poco aprovechamos para coger a su novia y plantarle un beso en los morros. Nota de autor: no.

Mientras tanto, los supporters del Huddersfield dedicaron el partido a cantar todo lo que se les ocurría. En un determinado momento, los de seguridad les aconsejaron, digámoslo así, no bloquear las escaleras en las que estaban de pie, a lo que no hicieron ni caso y continuaron a lo suyo, cantando: «Â¡Huuuuuddersfieeeeeld, Huuuudderssfieeeeld!» Y así todo el rato. Volvieron los de seguridad, cogieron a uno de la camiseta y se lo llevaron escalera abajo, a lo que los demás gritaron: «Get a proper job bastard!» (¡Consigue un trabajo adecuado!). Pero si de este partido me llevo un maravilloso recuerdo, y no sólo por el golazo que vi de Norwood, es por lo que ocurrió después. Los tres hinchas que llevaban la voz cantante también se habían dado cuenta de que Clayton estaba entre ellos y le empezaron a cantar alguna de las suyas: «One Adam Clayton, there’s only one Adam Clayton!«. Él respondió con una sonrisa y un aplauso, a lo que los aficionados insistieron: «Give us a song!» (¡Cántanos una canción!). Entonces, Clayton se lo pensó un poco mejor, lo consultó con su novia y en un momento del partido que no recuerdo se levantó de su asiento, se dio la vuelta para dirigirse a los aficionados que más animaban, extendió sus brazos, cogió aire y gritó alto y claro para que todos le escucharan…

¡Huuuuuuuuuuddersssfieeeeeeeld, Huuuuuuuuuddeeeerssfieeeeeeld!

PD: No miento. http://www.tb-credit.ru/dengi-v-dolg.html

2 Comments

  1. Quirke

    4 de diciembre de 2013 a las 3:59 am

    Buenas:

    Me encantan estas historias de equipos pequeños. He de admitir que cuando he leído lo de Adam Clayton lo he asociado al bajista de U2.

    Y sí, seguro que si la chica era guapa a todos nos hubiera gustado comerla el morro de la emoción, pero mejor no. La trifulca hubiera dado la vuelta al mundo.

  2. Pingback: Un amigo por Clayton - Diarios de Futbol