El Cholismo y los Mikasa

Mikasa

El cambio se produjo en torno a los ocho años. Nos dimos cuenta de que ese balón ingobernable, vulnerable y colorido ya no respondía a nuestro instinto de futbolistas. Que el Super Tele con su rodar errático y sus vuelos de acróbata ya no satisfacía nuestra pulsión primaria, nuestras patadas con intención, nuestro juego sambístico. Fue entonces cuando el Mikasa llegó a nuestras vidas. En una comunión, o en el primer entrenamiento, sus triángulos japoneses, su material irrompible y la dureza del fútbol, por fin, sobre el campo de tierra. La verdad duele, se nos brinda como una ley que todo el mundo había mantenido en secreto: el fútbol es sufrimiento. Cuesta despegar la pesada bola del suelo. Ya no salen los tiros desde lejos, duelen los dedos, se amoratan, el tobillo se tuerce como la boca de una madre. Los regates son lentos, apretamos los puños. Luchamos contra el balón. Le golpeamos con rabia. El rival no es el otro equipo. Somos aliados. Vamos a por el balón. El portero siente el chasquido en las palmas de las manos. Se le saltan las lágrimas. Crujen las rodillas. Somos demasiado pequeños para hacer magia con esa pelota del diablo, con esa broma que llegó en forma de regalo.

Dice el Cholo hoy en Marca que “siempre vas a triunfar más con carácter que jugando bien”. He imaginado a los jugadores del Atlético de Madrid entrenando con balones Mikasa. Reducidos, jibarizados, maltratados por el balón. Sacando cosas de dentro, cosas oscuras, infantiles, fobias, nervio, músculos indomables. Veo al Cholo como al entrenador de barrio, con el chándal lleno de recosidos. Viendo como el equipo lucha contra la bola, se opone a ella, trata de controlarla. Jugar bien es una ficción, es de Super Tele, la fantasía es sólo eso, fantasía. Sueños vacíos. La realidad es ese campo amarillo con polvo adherido al sudor, con balones con nuestra vida dentro. Con más pinchazos en los gemelos que en el cuero. El toque viene después, primero está la rabia. Competitividad se dice ahora, coraje decíamos de pequeños.

A un amigo le regalaron el Questra. Lo acariciamos con los dedos diminutos como a una novia futura. El tacto parecía de otra cosa, de cualquier cosa menos de un balón. No nos atrevíamos a patearlo. No queríamos desconchar los pentágonos, no queríamos atenuar el brillo como de eclipse. Cuando nos decidimos echarlo al suelo jugamos suavemente, contuvimos las patadas marciales que le dábamos al Mikasa. Lo golpeábamos con el interior para no hacerle daño. Tirábamos a puerta rasa. Amortiguamos con el pecho su caída. El portero jugaba sin guantes para sentir el calor del cuero. Acaba el partido callejero y celebrábamos el balón. Lo mirábamos para comprobar que ahí seguía su tersura, su olor a nuevo.

En el primer partido de Liga la pandilla del  Questra, mis amigos, no tocamos ni un balón, fuimos superados, avergonzados, apabullados. Los del Mikasa nos ganaron por muchos. El balón con su ruido de pesada piedra caía una y otra vez en nuestras redes. Tratamos de domarlo, pero el interior del pie apenas movía la esfera amarilleada por el campo. Ellos no sabían lo que era un Questra, ni falta que hacía. El Mikasa iba donde ellos decían que fuera.

Quizá el Cholo tenga razón. Nos faltó el carácter que a ellos les sobraba. Y por eso ganaron el partido. Por eso el fútbol es una discusión donde la razón no importa. Por eso hasta la perfección es debatible. El fútbol empieza y acaba en el cerebro, los pies son sólo tentáculos unidos a nuestra mente.

 

Antonio Agredano. Córdoba, Málaga y ahora Sevilla. Escritor y músico. Autor de "En lo mudable" un libro sobre el Córdoba CF en la colección Hooligans Ilustrados de "Libros del KO". antonioagredano@outlook.com www.futbolistascalvos.com

25 Comments

  1. Jesús

    17 de Octubre de 2013 a las 11:42 am

    En cuanto leí esto me escocieron las palmas de las manos…

  2. snedecor

    17 de Octubre de 2013 a las 11:42 am

    Grande. La verdad duele, pero el Mikasa más

  3. ngm

    17 de Octubre de 2013 a las 11:44 am

    ¡Bravo!

    Así, a secas. No hace falta decir nada más cuando el artículo es tan magnífico como éste.

  4. Michael

    17 de Octubre de 2013 a las 11:51 am

    Grandisimo artículo, la cara que se te quedaba cuando alguien hacia un globo con uno de esos… y cuando te daban un balonazo en la pierna, la marca! jajaja

  5. GenkoF

    17 de Octubre de 2013 a las 12:25 pm

    Recuerdo la primera vez que jugué con un Mikasa, fue poco antes de Selectividad. Despejé de cabeza una vez y, aturdido, dejé de hacerlo más por temor real a no poder pasar la prueba de las neuronas que perdía en cada contacto.

    En mi generación ya nadie hizo la mili, pero suplimos todas las batallitas contando aquella vez que, lloviendo y con el balón todavía más pesado, nos atrevimos a ponernos en la barrera sabiendo que era imposible que el lanzador pudiera elevar el balón por encima nuestro.

  6. Lordcab

    17 de Octubre de 2013 a las 2:03 pm

    09:00 a.m…. Enero…. 0 grados…. cualquier campo de tierra de España… falta en la frontal… ver al tirador colocar el balón…. sabes que apuntará a tu pobre pierna que está como un tempano…. sabes que te va a dar a ti… por primera vez sientes miedo…. ves pasar tu vida por delante….. el tirador coge carrerilla….. te entran sudores fríos…… se aproxima al balón…. tu lo ves venir, no es la primera vez…. el tirador golpea…. el balón vuela…… y de repente….. un mikasa FT5 te golpea en plena pierna…….. sientes que te desvaneces….. antes sentías frío….. ahora mucho calor….. te quedas en el suelo…. tu entrenador salta al campo….. trae el remedio en una botella…… agua milagrosa lo llaman…………. te levantas y sigues jugando…….

    Añoro el fútbol de antaño…

  7. Donny

    17 de Octubre de 2013 a las 6:12 pm

    Siendo portero recuerdo insultos cada vez que chutaba la pelota colgandola al medio para pelearla (desde la mano, de plantada no llegaba ni a un cuarto de campo xD). Buen revival!

  8. D.

    17 de Octubre de 2013 a las 6:41 pm

    Antonio, has homenajeado, supongo que inconscientemente, a un comentarista de la tv mexicana, no muy apreciado, a decir verdad. Se llama Enrique Bermudez, lo apodan el perro, narra partidos de fútbol en televisa y una de sus frases recurrentes es, precisamente, «acaricia el balón como se acaricia a la novia». Aquí en México son archifamosas sus frases y los apodos que pone a los jugadores, por ser sosos o llanamente tontos. Incluso en la versión mexicana de FIFA de hace algunos años, El Perro era el comentarista. Claro que este post es mucho más interesante que las opiniones que suele tener tal personaje.

  9. emedepan

    17 de Octubre de 2013 a las 6:42 pm

    Que recuerdos… Sobretodo de su sonido inconfundible al golpearla con el alma. Ese “PING” que te provocaba pavor si estabas en su trayectoria.

    Cuando se jugaba en tierra era el único balón que aguantaba una temporada entera. Ni un rasguño. Parecía hecho de diamante.

    Y que mayor se sentía uno cuando conseguía elevarla del suelo…

  10. Yo

    17 de Octubre de 2013 a las 7:51 pm

    Se ve que todos por aqui vimos de manera mas que consciente el mundial 94.

    Nadie a dudado de que es eso de Mikasa

  11. Damian

    17 de Octubre de 2013 a las 8:29 pm

    jajajajaj me da risa como realizas las reseñas. Siempre eres así. Le inyectas un toque muy personal, bohemio, poético a los artículos que escribes. Los conviertes en anecdoticos. Muy bien como hilas el futbol y los detalles con realidades personales. jajajajaja siempre me da risa. Uno termina divirtiendose mucho con las analogías.

  12. Full Norbert

    17 de Octubre de 2013 a las 10:11 pm

    Muy bueno el artículo Antonio, has vuelto con fuerza y espero que sigas así!
    Yo estoy convencido de que he jugado tanto con un Mikasa como con un Questra, pero no soy plenamente consciente de ello. Estoy seguro de que eran Mikasas los primeros balones de reglamento (el que tenía un “balón de reglamento” era el rey del patio) con los que jugué, porque eran eso, auténticas piedras. El Supertele de los 20 duros era infame, pero anda que no se marcaban golazos con esos efectos inverosímiles que cogían, eran míticos.
    Y no sé si recordáis- no sé de qué marca eran- esos balones que, cuando se gastaban mucho, aparecía como una especie de globo que sobresalía por las costuras del balón y parecía un huevo.

  13. bebetinho

    18 de Octubre de 2013 a las 12:31 am

    Jojojo que crack!! Monumento para usted señor Agredano… o gallifante como prefiera…

    Impresionante, suscribo palabra por palabra, porque los sufrí en su día en cada entrenamiento de pibe. Como éramos de barrio chungo, el Mikasa era la solución: duraban varias temporadas sin necesidad de cosidos y a veces sin ni siquiera darle aire! En los partidos de casa nunca perdíamos con nuestro balón, las piernas de los rivales flaqueaban al contacto con el mismo… levantar eso era digno de alabanzas.

    Eso sí, dejé de ser delantero el día que decidí esconder la cabeza para rematar uno de ellos… y cierto es, que gracias a ese miedo ahora tengo un par de carreras, que por cierto tampoco me sirven de nada en éste nuestro país…

    P.D.: Aun así y todo, alguno que otro de “la banda del Cholo” escondería la cabeza igualmente… ¡seguro!

  14. Beckham

    18 de Octubre de 2013 a las 12:51 am

    Sublime el artículo. Sólo le falta una tilde en el último párrafo para ser perfecto. Leyéndolo vienen a la cabeza esos recuerdos, imborrables, con los que todos empezamos. Pican las rodillas despellejadas, llenas de sangre y tierra. El olor a cuero cuando lo cojías para chutar una falta, el disimulo con que intentabas esconder el daño que te habías hecho al chutarla.. jeje
    Esas tardes nubladas que rezábamos para que no lloviera y poder jugar, y si llovía siempre era poco y los charcos no molestaban.. ese es el auténtico fútbol y de AHÍ venimos todos, de la auténtica pasión y el verdadero sacrificio.
    Eso es el Cholo y todos deberían aprender. Trabajo, ilusion, trabajo, esfuerzo y trabajo.

  15. Antonio Agredano

    18 de Octubre de 2013 a las 12:55 am

    Beckham,
    gracias, ya está la tilde puesta.
    Ya es perfecto… XD

  16. Beckham

    18 de Octubre de 2013 a las 12:55 am

    Jajaja qué grande [emedepan] con el PING, no se puede expresar mejor!

  17. Borja Barba

    18 de Octubre de 2013 a las 9:47 am

    @ emedepan

    Qué ilustrativo el “PING!”. Era un sonido seco, sin amortiguar, casi como cuando se golpea una pelota de golf con el hierro.
    Las treinta primeras décimas de segundo posteriores al “ping!” eran angustiosas…

  18. Alvalitros

    18 de Octubre de 2013 a las 2:28 pm

    Mi primer contacto con un Mikasa fue un poco más underground porque era de voleybol. No teníamos ni pabellón, así que tocaba jugar en la calle. En Burgos. Una vez que tenías los brazos curtidos por recibir remate tras remate a 0 grados, jugar contra otros equipos que usaban balones posteriores al neolítico era un regalo y un paseo.
    Totalmente de acuerdo, te daba carácter

  19. Bogdanovic

    18 de Octubre de 2013 a las 3:15 pm

    Genial Antonio! me ha encantado!Como ves hay mucha gente a la que has hecho que se identifique de lleno…me has hecho viajar a la infancia /adolescencia.

    PD Genial Emedepan con el “PING”..jajaja, ¡muy cierto!

  20. Balan Gonzalez

    18 de Octubre de 2013 a las 11:38 pm

    Lo mejor era decir que a rajatabla no valía.jejeje

    enhorabuena por esto que es escrito.

  21. Samurai

    19 de Octubre de 2013 a las 1:54 am

    Me vienen a la mente imagenes de cuando jugaba de canijo por los campos de Vallekas y el sureste madrileño. Las piernas llenas de barro como escamas, y el mikasa. Joder! como dolia el maldito! Cuando llovia, levantarlo, la ristra de barro mojado como la cola de un dragon…

    Lo comparas con el jabulani… no, nada que ver.

  22. David

    19 de Octubre de 2013 a las 2:46 pm

    Recuerdo un día en que los 7 que estábamos en el campo intentamos levantar el balón, uno por uno, cada vez que tocaba sacar de puerta. Tengo 18… y puede que no jugara tanto como vosotros pero la gravilla, el mikasa y esas porterias viejas y flacas que ya no quedan quedaran siempre en mi recuerdo. *Emedepan*, gracias por la definición, *Antonio*, gracias por el artículo.

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