El chico más pálido de la playa de Gros

esteban granero rsoc

San Sebastián siempre ha tenido cierto aire clásico. Ultra clásico, diría yo. De ciudad de dinero, de gente relativamente acomodada y con buen nivel de vida, de casetas de lona a rayas en la playa y de lucimiento y pavoneo por el Paseo de la Concha con las mejores galas. Pero, curiosamente, en mitad de ese hábitat tan poco propicio, han ido surgiendo a lo largo de los años personajes revolucionarios en el mundo de las artes, fundamentalmente en el cine y la música. Iconoclastas y gente de una sensibilidad artística extrema. Raras avis en un clima ajeno, en un escenario impropio. Pequeños bocados de fantasía. Como zamparse un delicado y mínimo pintxo de autor. Y los donostiarras, gente de refinado gusto y exquisito paladar, lo han sabido apreciar y distinguir.

Cuando empezó a correr el rumor de que la Real Sociedad había puesto sus ojos en Esteban Granero (Pozuelo de Alarcón, 1987), pensé que no podía existir un destino más apropiado para el lucimiento y reconocimiento del Pirata. Futbolista de trazo fino sobre el césped y de maneras atípicas fuera de él, es sabido que el centrocampista madrileño no responde a estereotipos. Es como una película de Médem en un Blockbuster. Como una canción de Le Mans sonando en las radiofórmulas populacheras. De eso en Donosti saben un poco. Anoeta sabrá apreciar a Granero y Granero no podrá encontrar un mejor acomodo que el que la capital guipuzcoana podrá ofrecerle.

Queda por ver qué versión del todavía futbolista del Queens Park Rangers nos encontraremos sobre el césped. Si la del jugador mayúsculo y con un torrente de personalidad que deslumbró en Getafe o la de la interpretación de mínimos que recuerdan en el Bernabéu. El que vistió de blanco en su última etapa no era él. Era un jugador incómodo con lo que le rodeaba, sobrepasado por una competencia feroz, porque el Pirata necesita sentirse importante y capital para rendir a su mejor nivel. Si el matrimonio (en forma de cesión por una temporada con opción de compra) funciona, y a ello apunta, el paso de Granero por el conjunto txuriurdin puede ser tremendamente productivo. Su fútbol es capaz de sobredimensionar el de Griezmann, el de Vela o el de Seferović y añade algo más que fondo de armario al conjunto de Jagoba Arrasate de cara a su inminente participación en la Liga de Campeones.

En DDF| Granero vuelve a casa

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

6 Comments

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  2. pavel

    19 de agosto de 2013 a las 7:41 pm

    Es cierto, Granero parece de Ñoñosti de toda la vida. Seguro que alternará con sofisticados artistas pop y hasta tendrá un lío con la muchacha de LODVG.

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  4. PEÑAROL

    21 de agosto de 2013 a las 6:36 am

    A ver que tiene para dar el pirata en San Sebastian, en el QPR fue muy discreto, nunca, ni siquiera en Getafe me pareció buen jugador, pero bueno, veremos que sale!

    Para hablar de fulbo y no de futbol conectensee a http://WWW.FUTBOLOIDES.BLOGSPOT.COM la página numero 1 de… emmm.. de futboloides, atenti al analisis de la Premier League

  5. pavel

    22 de agosto de 2013 a las 10:10 pm

    No sé si mi primer comentario lo traslució, pero le tengo manía a Granero y me parece un fichaje mediocre. No porque sea mal chaval, que puede de lo mejor que haya en el fútbol, sino porque tiene el infumable hype de tantos canteranos del Madrid. A mí me parece un jugador de medio pelo, aunque de mi ojo clínico tampoco nos podemos fiar (la primera vez que vi a Eto’o aposté que no llegaría a jugador profesional).

  6. Gorka

    25 de agosto de 2013 a las 1:20 am

    Es un jugador mediocre, al igual que como persona. Anecdota en el restaurante Arbutus de Londres mediante, el tio se cree un Lenon de la vida por salir en el jotdown junto al lenyador.
    Nunca ha hecho nada mencionable, esa es la triste realidad.