Descender desde el banquillo

Es irremediable que el impulso visual del lector se haya dirigido rápidamente hacia el hombre de la derecha de la fotografía, cuyo rostro es el más reconocido de los dos personajes futbolísticos que la componen, a pesar del esfuerzo de su peinado, Klinsmann style, en esconder su identidad. Más adelante iremos con él. Primero direccionemos la mirada hacia el hombre de la izquierda, más bajito, de semblante preocupado, que está ignorando por completo las palabras de su compañero y que a juzgar por su mirada desearía estar en cualquier otra parte del mundo que no fuera esa, Nancy.

En realidad no es así, porque Aldo Platini ha estado vinculado con el club de la Lorraine, en el norte de Francia, tocando a sus vecinos alemanes, durante muchísimos años. Su primera aportación fue su hijo, Michel, rechazado antes por el Metz y que condujo al modesto Nancy a los mayores éxitos de su historia: una cuarta plaza en la primera división francesa en 1977 y una Copa de Francia al año siguiente. Michel Platini explotó en Nancy. En aquella época ya era convocado con la selección absoluta y marcaba muchísimos goles. Más adelante vendrían Saint-Éttiene y Juventus y el gran futbolista se convirtió también en estrella. Ahora es el presidente de la UEFA y el Daily Mail le somete a un tercer grado sobre el modelo de su fair play financiero.

Michel siguió su camino, pero Aldo, el padre, se quedó en Nancy como director deportivo. En 1983 Aldo recomendó a su club el fichaje de un entrenador llamado Arsène Wenger, que hasta ese momento se había ocupado durante un par de años de las canteras de Estrasburgo y Cannes. Dicen que de no haber recibido esta oferta el joven Wenger se habría volcado en la empresa familiar que regentaba su padre, un negocio de automoción en Estrasburgo.

Wenger había sido futbolista. Según lo que se explica en la biografía del francés escrita por Myles Palmer, un futbolista malo. O más bien sin la calidad necesaria para dar el salto al profesionalismo. Jugó algunos partidos con el Estrasburgo, en concreto once, incluido uno de Copa de la UEFA. Este último en una eliminatoria contra el Duisburgo. Wenger no jugó la ida y el resultado fue 0-0. En la vuelta disputada en Alemania ocupó la posición de defensa central y al Estrasburgo le cayó un 4-0. En cualquier caso, también existe otra teoría que justifica la pobre evolución futbolística de Wenger: su interés por los estudios en la universidad.

En la primera temporada con Wenger al cargo el Nancy finalizó duodécimo. En la segunda fue decimoctavo y tuvo que jugar un playoff contra el Mulhouse, el segundo clasificado de segunda división, para no descender. Ganaron. Aquel Mulhouse de la temporada 85/86 lo entrenaba, oh, sorpresa, Raymond Domenech. En la tercera temporada de Wenger ya sí se consumó el descenso del Nancy.

«No fue culpa de Arsène. El club no tenía dinero. El Mónaco le quería. No le despedimos. Simplemente nos dejó para unirse a ellos», dijo Aldo Platini a Palmer. No es tanto una exculpación absoluta como el entendimiento de la situación. Si repasamos la plantilla del Nancy de Wenger no encontramos ningún nombre que nos suene mínimamente. No era el Nancy de la década anterior liderado por Michel Platini, ni tampoco el de la década del 2000 entrenado por el uruguayo Pablo Correa, que logró igualar los éxitos de los setenta. Bajar con el Nancy que bajó Wenger era algo normal. Algo que sin eximir de responsabilidad al técnico podía pasar perfectamente en una mala temporada. Como por ejemplo la que acaba de terminar.

Arsène Wenger bajó al Nancy a segunda, Jürgen Klopp bajó al Mainz, Frank Rijkaard bajó al Sparta de Rotterdam y Roberto Martínez ha bajado al Wigan. Las declaraciones de Aldo Platini recuerdan a las que ha efectuado últimamente Dave Whelan. Ambos querían a su técnico a pesar de un gran mal resultado porque le consideraban el mejor hombre para el puesto. O dicho de otra manera, consideraban que el primer, segundo y tercer culpable del descenso del club no era el entrenador. Un descenso es un trauma, pero no debería dividir de forma tajante entre buenos y malos entrenadores. Detrás de los resultados está un método, un carisma y unas capacidades que no siempre se corresponden con los puntos que obtiene el equipo. El caso de Roberto Martínez, del que se espera anuncie su fichaje por el Everton en las próximas horas, es un nuevo caso. Antes ha quedado demostrado que se puede descender a un equipo y más adelante llegar a una final de la Champions, o incluso a ganarla, o terminar invicto y en primera posición una temporada en la Premier League.

Fotografía | AS Nancy

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6 Comments

  1. Tobal

    29 de mayo de 2013 a las 4:31 am

    Manuel Pellegrini bajó a Universidad de Chile, el único club en el que jugó en toda su carrera.

  2. eueumarin

    29 de mayo de 2013 a las 11:44 am

    Qué bien escribes, Pol.

  3. Agustin Devoti

    29 de mayo de 2013 a las 1:30 pm

    Siempre se puede encontrar una nueva forma de ponderar a Wenger. Grande, Pol, no me esperaba menos

  4. Liam

    30 de mayo de 2013 a las 12:13 pm

    Siempre recuerdo que Rafa Benítez debutó en Primera como entrenador en el Extremadura, que consideró excelente su trabajo porque CASI los salva. Luego creo recordar que dijo que era más difícil salvar del descenso a un equipo con el presupuesto del Extremadura que ganar una Liga con el Real Madrid.

  5. Liam

    30 de mayo de 2013 a las 12:18 pm

    Perdón, lo he mirado y no debutaba en Primera que ya había estado antes con el Valladolid.

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