La exposición <em>parisienne</em>

Opulencia, glamour, dinero, pasarelas y estilo. Parecía inevitable que, tarde o temprano, David Beckham acabase vistiendo la camiseta del Paris Saint-Germain. La escena ha tardado en llegar. Con treinta y siete años y una extensa carrera profesional en Manchester United, Preston North End, Real Madrid, Los Ángeles Galaxy y Milan, Beckham llega tarde a la capital francesa. Al menos, desde un punto de vista estrictamente futbolístico, que al fin y al cabo es lo que se supone que prevalece cuando un club decide emprender la contratación de un futbolista. Sin embargo, la evidencia de que sus mejores años ya pasaron no ha quitado ni un gramo de repercusión a la noticia de su incorporación al club parisien. Beckham es la foto que necesitaba el suntuoso proyecto -si es que puede ser considerado como tal- del catarí Nasser Al -Khelaïfi, accionista mayoritario del PSG. Los nuevos inversores necesitaban atraer de nuevo los focos del fútbol continental hacia el Parc des Princes, demasiado acostumbrado a las sombras del segundo y el tercer plano. La capital francesa, la gran urbe de más de diez millones de habitantes, no podía seguir viviendo al margen del negocio del fútbol. ¿Cómo conseguirlo? Lanzando fuegos artificiales a mansalva. Cuanto más luminosos, mejor.

No voy a ocultar mi predilección por Beckham. O mi pasada predilección por Beckham, por puntualizar. No es necesario que un futbolista sea reconocido con una pelota dorada para despertar admiración sincera. En su juicio deportivo, a Becks no le benefició su aura de cartel publicitario humano, su sonrisa de galán y su porte de agente del MI6 con licencia para matar. Pese a todo, no dejó de ser un estupendo centrocampista con una considerable capacidad de liderazgo y una indudable profesionalidad. Ahora bien, la realidad futbolística actual nos devuelve a un jugador bien distinto del que a mediados de la década pasada brillara en United y Real Madrid. Un futbolista que se fue a Estados Unidos a prejubilarse, a disfrutar del fútbol en un ambiente sosegado y de escasa exigencia diaria y que ahora, tras cuatro años en California, decide firmar su definitiva retraite en Francia, al abrigo del petrodólar.

Sorprende la decisión, no obstante, por varios motivos. Primero, porque el escenario de su vuelta a Europa no sea Inglaterra, el país que más intentonas había hecho por repescarle tras su experiencia norteamericana, amén de su casa. Segundo, porque el proyecto parisino debe comenzar a exigir resultados visibles desde ya. La inversión realizada en el último año no es para menos. En esa tesitura, no parece que el nivel de presión que vaya a soportar como futbolista del PSG sea asunto menor. Y tercero, pero no menos importante, porque el cuadro parisino es un equipo lo suficientemente cercano como para que su papel sea juzgado al detalle semana tras semana pero, al mismo tiempo, lo suficientemente alejado como para que su trascendencia se diluya entre triviales partidos frente al Valenciennes o el Lorient.

Intuyo que las preguntas que el aficionado pueda hacerse en torno a la llegada de Beckham a París van todas en una línea similar. ¿Qué trascendencia deportiva, pura y estrictamente deportiva, pueden tener los cinco meses como futbolista del PSG del excapitán inglés? Sin embargo, creo que es un asunto que los dirigentes parisinos ni siquiera se cuestionan. David Beckham ya ha empezado a cumplir con su cometido y a justificar sus 800.000 euros mensuales de nómina. Lo ha hecho desde el mismo momento en el que, sujetando la camiseta parisina, posaba para la prensa bajo un imponente escudo del club que ha decidido contratarlo. Esa imagen, ese cuadro que ha dado ya la vuelta al mundo, forma ya parte de la exposición parisienne de Al-Khelaïfi. La inversión ya ha empezado a rentabilizarse.

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10 Comments

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  2. Motumbo

    1 de febrero de 2013 a las 8:50 pm

    He visto algo, no mucho, de Beckham en época reciente y la verdad es que no, no está para muchos trotes. Sigue poseyendo una capacidad de desplazamiento en largo exquisita, eso hay que reconocérselo, pero a día de hoy la verdad es que no aporta mucho más que eso (lanzamientos de falta directa a parte). Cabe imaginar que, futbolísticamente hablando, su rol en el PSG va a ser muy secundario – por no decir que casi anecdótico – pero como bien apunta el artículo no creo que sea precisamente eso lo que más interesa a sus nuevos jefes.

  3. Tobal

    1 de febrero de 2013 a las 10:32 pm

    El bueno de David no cobrará su sueldo, lo dina íntegramente a causas sociales. Doble impacto

  4. Kurono

    3 de febrero de 2013 a las 10:37 pm

    Beckham va a darle «lustre» y «marketing» a los parisinos, pero cuanto a FÚTBOL en la cancha, no. Ya no está para el fútbol de alto nivel. Aunque, parece que donará todo su sueldo a obras benéficas, bien por él.

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