Rusia. 1812, 1941, 2012.

Podemos ganar al Barça sin la ayuda del General Invierno

Como en 1812. O como en 1941. Rusia siempre acude a sus grandes y simbólicas victorias bélicas cuando se trata de acometer empresas aparentemente imposibles. Unai Emery, técnico del Spartak moscovita desde el pasado verano, ha asumido bien la idea. Quiere que su equipo se oponga a la ‘invasión’ del FC Barcelona como en su día Rusia se opuso a la Grande Armée napoleónica o a la Operación Barbarroja desatada por Adolf Hitler para hacerse con el control del gigante del este.

Dice que su equipos está capacitado para imponerse a los azulgrana sin la colaboración del General Invierno, el omnipresente invierno ruso, capaz de devorar la más perfecta maquinaria de guerra, o futbolística, en su avance. Y en eso quiere diferenciarse Emery de los precedentes bélicos. Pretende introducir entre su plantilla un elemento de motivación. Ellos no necesitan aliarse con la crudeza de las gélidas temperaturas de Moscú en esta época del año. O de eso quiere que los suyos se convenzan, por mucho que todos pensemos que si algo tiene que oponer Luzhnikí al Barça es precisamente el frío.

Puede que esté en lo cierto. Puede que en una plantilla en la que apenas cuatro futbolistas del once habitual son de nacionalidad rusa el invierno no resulte tan amigable como podría suponerse. Pero, por mucho que se empeñe Emery, y sea o no sea decisivo, nadie podrá negar que las condiciones climatológicas formarán esta tarde del lado ruso, aliándose con los Kombarov, Jurado, Källstrom o McGeady frente a la sublimación futbolística azulgrana. Como ya lo hicieron en las dos Guerras Patrióticas obligando a los invasores a retroceder más allá del río Niemen.


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