Big Bang Fellaini

Hace poco más de un mes sentía simpatía por el You’ll never walk alone. Hoy he olvidado la letra, soy del Everton. Pasó sin querer, como con los amores inesperados. Durante algún tiempo te preocupa tanto no sentirte querido que tienes un afán insoportable por encontrar pareja. Cuando das la búsqueda por imposible, encadenado y demacrado, aparece esa persona que se había escondido quién sabe dónde. En tales circunstancias, mientras los hombres nos preguntamos lo obvio, si de verdad le caímos mal con anterioridad y nos había estado evitando, el debate real ya es otro completamente distinto, el hallazgo se ha convertido en relación y la vida avanza en semanas que concluyen en ásperos domingos por la tarde. Mi aproximación al fútbol inglés siguió un curso más o menos parecido. Fui dando tumbos, coqueteé en diversos bares de Londres y acabé en la grada del Queens Park Rangers como quién no quiere la cosa, más por una cuestión económica que sentimental. Era todo demasiado forzado, quebradizo, sin un lazo que le diera sentido. Mis intentos fueron cayendo uno detrás de otro hasta que dí con el caramelo definitivo: el toffee.

Los toffees están hechos de azúcar caramelizado o melaza junto con mantequilla. Se pueden mezclar con frutos secos o pasas. La historia de cómo un dulce pasó de alimento a apodo de unos aficionados al fútbol tiene, como uno, un punto de cariñosa, de bondad. A finales del siglo XIX en el distrito de Everton había una famosa tienda de dulces regentada por una señora que se llamaba Old Ma Bushell, que conseguía unas cifras astronómicas de ventas los sábados por la tarde, cuando pasaban por delante de su tienda los seguidores del Everton que iban camino al estadio. Decidió contentarles creando un dulce que llevara el nombre del club: ‘The Everton Toffee‘, y ya les tuvo encandilados cada semana. Unos años más tarde el Everton dejaría de jugar en Anfield y cambiaría a Goodison Park, pero la tradición restaría intacta.

A mí no me hizo falta el caramelo. Simplemente una invitación. Ocurrió en Bath, una ciudad del suroeste, cerca de Bristol, muy conocida por su culto al rugby. Si hacen el ejercicio de consultar las procedencias de los jugadores del XV de la Rosa, encontrarán seguro un par relacionados con el Bath Rugby. Mi pareja Marta está viviendo allí desde hace algún tiempo. En una de mis visitas me presentó a Loli y Timmy, andaluza e inglés, una pareja entrañable. Fue amor a primera vista, no lo suyo, que quizás también, sino lo mío con ellos. En la primera conversación el Everton ya salió. Que si no echaba de menos a Arteta, que si Drenthe estaba loco y que, esto fue en la tercera jornada, tenían equipo para quedar entre los cuatro primeros. Al principio pensé que era un pronóstico de voluntad, tremendamente optimista. Ahora yo también pienso lo mismo. Me enteré unos días después que Timmy, por debajo del traje impoluto, a veces medio visible cuando va en camisa, lleva un tatuaje del club de su vida.

‘Then you should come to Everton!’ No me habían invitado nunca a ser de ningún equipo. Puede que sea una percepción equivocada, pero tengo la sensación que nuestro comportamiento hacia los clubes extranjeros es algo egoísta. Parece que nos hagan sentir especiales, exclusivos, y aunque nos guste compartirlos, no solo no lo hacemos a cualquier precio sino que pretendemos dejar bien clara una superioridad de afección por el equipo. Eso fue justo lo contrario. Ante una invitación así, no supe muy bien cómo reaccionar. No dije que sí, pero tampoco encontré ningún motivo sensato para negarme.

Una semana después vivía el Swansea – Everton con una intensidad fuera de lo normal. Ganamos 0 a 3 en el Liberty Stadium y los pronósticos de Timmy no parecían ya tan desproporcionados. Le envié un Whatsapp. Y se los he seguido enviando durante cada partido que ha jugado el Everton desde entonces. Incluso cuando fue al Craven Cottage la semana pasada. Comprendí que ya estaba completamente atrapado cuando cuestioné un cambio de David Moyes ante el Fulham, que sustituyó a Jelavic por Distin, delantero por central, en los últimos cinco minutos. Era un mensaje erróneo, de encerrarse abajo para conservar el 1 a 2 cuando los toffees no estaban pasando ningún apuro, jugando siempre en campo contrario. Al minuto siguiente, gol de Sidwell, 2 a 2, y un empate más en un partido donde habíamos jugado mucho mejor que el rival.

El objetivo de la plantilla es ambicioso y se corresponde con el deseo de la grada: la cuarta plaza, nothing but the best is good enough. Cuando pasan cosas como las de Fulham pienso que será complicado acabar en Champions. Después recapacito. Tenemos a Marouane Fellaini.

Mi gran explosión como evertonian llega en su momento. El Big Bang es con Fellaini. Curiosamente la teoría científica también se fundamenta en el trabajo de un belga, Georges Lemaitre, que junto con el ruso Alexander Fridman utilizaron la teoría de la relatividad para demostrar que el universo estaba en movimiento constante. El universo de Fellaini también lo está. Basta con echar un ojo a The Executioner’s Bong, un blog de referencia centrado en el análisis táctico del equipo de Moyes. El problema es que hay quién quiere moverle más allá del equipo.

El interés de los grandes es obvio. Fellaini es lo más próximo a un futbolista total. Primero que engaña, porque de torpe no tiene un pelo. O un centímetro de lo que lleva por peinado. Su posición óptima es como segundo delantero, por su capacidad aérea y de aparición desde atrás, pero también puede replegar y ubicarse en el doble pivote. O incluso más atrás, de central, también haría un trabajo perfecto. Lo que hizo el sábado pasado ante el Sunderland fue escandaloso. Cambió el partido en tres minutos con un disparo y un tacón, un golazo y una asistencia brillante a Jelavic. Es posible que donde más pueda disfrutar del fútbol es en el Everton, atacando, luciendo todas sus capacidades, como líder de un equipo, porque me huelo que cuando se marche jugará un pelín más retrasado y le limitarán sus condiciones. Por eso es tan importante clasificarse para la Champions League. De lo contrario es muy posible que abandone el barco. Y para el espectador neutral también es relevante, que no espere disfrutar igual de Fellaini vestido con la camiseta del Manchester United. Será otra cosa.

Timmy está convencido que aguantará hasta final de temporada y que si acabamos cuartos se quedará mínimo otra más. Nadie dijo que iba a ser fácil. Pero si se va qué le vamos a hacer. Aguantarse y dar la alternativa a Ross Barkley, un chaval de la cantera al que tenemos cedido en el Sheffield Wednesday y del que todos hablan muy bien. Y la vida avanza en semanas que concluyen en ásperos domingos por la tarde, habiendo pasado el sábado pendiente de Goodison Park.

Fotografía | Everton
En DDF | Los templos son eternos
En DDF | La campana de Liverpool

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10 Comments

  1. javimgol

    13 de noviembre de 2012 a las 12:56 pm

    Qué bien escribe Pol, madre mía.

  2. @GarrinchaCF

    13 de noviembre de 2012 a las 1:22 pm

    Este post es BIEN. Lo siento, pero soy de los que no traga que hablar de la ciudad del Liverpool no incluya clausula obligatoria de nombramiento,bajo pena en caso de omisión, del grandísimo Everton. Siendo además el YNWA el himno del Celtic 🙂 -si, no le tengo mucho aprecio a los ‘reds’-.

    Tonterías aparte, sin ser yo evertonian si que desde siempre le tengo mucho aprecio al equipo. Aún me lamento de no comprarme su camiseta por 15 míseras libras en un viaje a Belfast, y eso que su publicidad de Chang era horrible, pero debí hacerlo.

    El actual equipo puede perfectamente ejecutar el papel del Tottenham las últimas campañas, rondando el 4º puesto o incluso colándose ahí. Uno de los principales alicientes es que el otro grande de la ciudad está muy mal, pero el Arsenal no anda lejos y se supone que reaccionará. Tomando como casi seguro que los clubes de Manchester y el Chelsea coparán presuntamente los tres primeros puestos, creo y espero que el Everton de Moyes pueda conseguir el 4º, algo que ya lograron hace siete años, cuando el Villarreal -luego semifinalista- les apeó en la previa.

    Siempre he sido muy de Fellaini, y me encanta a la par que me atemoriza su explosión. Lo primero es obvio, lo segundo creo que también, ya que van a haber palos por llevárselo, y dada su polivalencia puede llegar a ser un jugador muy importante en el futuro de cualquier otro gran club -digo ‘otro’ porque YA ESTÁ en un grande-. Aparte de él L.Baines está realizando una campaña sensacional, así como Lee Osman y Jelavic, si bien espero aún más de también belga Mirallas. Son, en definitiva, un equipo divertido, fresco e ilusionante, que ojalá logre ese ansiado 4º lugar no solo para que no lo desmonten, sino incluso quién sabe si podrían reforzarse coherentemente para asentarse entre los equipos punteros de Inglaterra.

    Saludos.

  3. Borja Barba

    13 de noviembre de 2012 a las 1:33 pm

    Ya hasta hablas del Everton en primera persona! xD

  4. Robert

    13 de noviembre de 2012 a las 4:56 pm

    Fellaini mola, y el Everton también. Con Moyes en el banquillo llevan ya muchos años que parece que rondan (y a veces lo consiguen) los puestos de honor de la Premier. Pena que al final sea de esos equipos a los que se les escapan puntos que el Manchester United o el Chelsea ganan en el último minuto. Les falta ese pasito. A ver si este año es el bueno.

  5. Futìle

    13 de noviembre de 2012 a las 10:12 pm

    Habrá que investigar que les dieron de comer a los belgas nacidos a finales de los 80 / principios de los 90, vaya generación…

    Siempre se me ha venido a la cabeza con el Everton la sensación de «hermano feo». De un tiempo acá se están quitando complejos, me alegro de su progresión. Seguro que Moyes tiene mucha culpa de eso.

    Enhorabuena por el post!

  6. Miguel Pino

    14 de noviembre de 2012 a las 4:44 am

    Tengo un gran amigo que es del Everton desde que ganaran aquellas 2 ligas a mediados de los 80. Ya era hora de que empezase a disfrutar de nuevo con el Everton….

  7. Kurono

    14 de noviembre de 2012 a las 6:03 am

    Desde que los desgraciados eventos de Heysell en Bélgica, ambos clubes de Liverpool sufrieron una espantosa decadencia de la cual parecía no tendría final. El rayo de esperanza del Liverpool con una «Champions» fue algo más o menos un momento de alegría para el largo y oscuro trayecto que viven en la actualidad los «Reds»

    En la otra orilla, todo es alegría y esperanza de la mano de Fellaini. Tal cual fue Arteta hace un lustro, el belga siguiendo una evolución brillante, deslumbra a cada partido, lo suficiente para ser considerado una pieza apetitosa para algún grande de Europa (el Manchester United ya ve en él el digno sucesor de Paul Scholes) y el motor y «malabarista» de un Everton que prima el esfuerzo y sacrificio, pero siempre ha tenido con Moyes a la cabeza bien claro el concepto que un jugador (al menos) aporte mucha fantasía. ¿Qué tanto durará Fellaini con los «Toffes»? Me temo que ni siquiera el «caramelito» de la Champions será suficiente.

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