Hillsborough. La infamia

Hoy tengo la obligación, como primer ministro, de pedir disculpas a las familias de estas 96 personas por todo lo que han sufrido en los últimos 23 años‘. Las palabras pronunciadas por el primer ministro británico David Cameron en su comparecencia ante la Cámara de los Comunes restallaron como un latigazo sobre la conciencia del gobierno Thatcher y de los autores de los informes policiales sobre la tragedia de Hillsborough. Veintitrés años después de que noventa y seis personas, todas ellas seguidoras del Liverpool, falleciesen en una jaula para humanos en el viejo estadio de Sheffield, el máximo mandatario británico lamentó la doble injusticia sufrida por los familiares de las víctimas: por un lado, se refirió a la propia tragedia de la pérdida de un ser querido y, por otro, a la denigración de los fallecidos que los informes policiales no tuvieron reparo en fomentar al aludir a supuestas conductas violentas o contrarias al orden público en varios de los desgraciados hinchas liverpudlians que fallecieron aquella inolvidable tarde de abril de 1989.

Y todo ello se produce en el día en el que, por fin, los documentos sobre el caso han visto la luz tras más de dos décadas archivados. Es el famoso Informe Taylor, paralelo a los informes policiales que se adjuntaron a la investigación del suceso y que responsabilizaba al cuerpo policial de buena parte del desastre por un fallo en el control de acceso al estadio, sentando a un tiempo las bases que consiguieron sacar al fútbol inglés de la UVI y transformarlo en el producto moderno, familiar y exitoso que es en la actualidad.

Hace tiempo que se enfriaron los cadáveres de Hillsborough. Pero la herida es demasiado profunda. Inglaterra, y Liverpool en particular, ni olvidan ni quieren olvidar. Porque muchas de las muertes pudieron ser evitadas de haberse coordinado una rápida y eficiente intervención policial y sanitaria (el nuevo informe forense realizado tras los análisis post-mórtem revela que muchos de los fallecidos aún mantenían sus constantes vitales después de la fatal avalancha). Porque el cuerpo policial alteró significativamente muchas de las declaraciones de los testigos de la tragedia para maquillar un error imperdonable. Porque las autoridades rebuscaron en el pasado de las víctimas con tal de obtener algún mínimo indicio de ‘hooliganism‘ que manchara su reputación y desviara la atención sobre los verdaderos responsables. Porque había una excusa perfecta tras lo ocurrido en Heysel apenas cuatro años antes. Porque, una vez más, muchos inocentes pagaron por un problema que otros habían generado y que quien estaba capacitado para ello no supo controlar. Porque han tenido que esperar veintitrés larguísimos años para conocer un poco mejor qué fue lo que motivó que un simple partido de fútbol acabase teñido de luto.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

11 Comments

  1. handefree

    13 de septiembre de 2012 a las 2:42 pm

    Dentro de la desgracia, me alegro por las familias. La impotencia e indignación seguramente eran tan dolorosas como las pérdidas.

  2. Borja Barba

    13 de septiembre de 2012 a las 2:45 pm

    @ handefree

    Algo similar he pensado yo. Conocer la verdad del caso ahora, veintitrés años después, saber que 41 de los fallecidos pudieron haber sido salvados o reanimados de haberse actuado con corrección… No sé. No lo veo un plato de gusto ni un consuelo para ninguno de los familiares, ni mucho menos.

  3. xtaoth

    13 de septiembre de 2012 a las 3:04 pm

    @borja barba

    Estoy contigo. 23 años son mucho tiempo, y es indignante que responsables de policía y gobiernos sucesivos conociesen la verdad y se haya tenido que esperar hasta ahora para conocerse ¿Por qué? ¿Para que preescriban los delitos? ¿Para que ninguno de los responsables pague por lo que ocurrió?

    Saber la verdad es un consuelo: si. Era necesario: por descontado. Pero debería aumentar la indignación de forma inversamente proporcional a la impunidad de la que han gozado unos cuantos.

  4. xtaoth

    13 de septiembre de 2012 a las 3:05 pm

    Perdón, no es ‘inversamente proporcional’, sino ‘proporcional’ a secas 😛

  5. Full Norbert

    14 de septiembre de 2012 a las 3:15 am

    Vi el reportaje que has colgado de Fiebre Maldini hace unos meses y me dejó estupefacto. El daño es irreparable, pero saco dos cosas positivas: Por una vez un político pide perdón a sus conciudadanos y la otra es que la lucha al menos ha servido para que por fin salga la verdad a la luz. Pero vamos, que estoy con lo que habéis expuesto todos.

  6. Yo

    14 de septiembre de 2012 a las 9:33 am

    @Borja Barba

    Hombre se dijeron muchas barbaridades sobre las victimas, los familiares ya sabian que se pudo hacer mas… ahora se lo han reconocido, creo que han limpiado un poco sus nombres.

  7. Sergio del Barco Arroyo

    14 de septiembre de 2012 a las 11:43 am

    Necesidad de saber la verdad SI, consuelo, me temo que NO.

  8. Kurono

    14 de septiembre de 2012 a las 8:50 pm

    Esto es de verdad un ejemplo. Los familiares de la víctimas merecían dignidad, no que sus difuntos fueran tratados como escoria. Simplemente esa fue una manera de “lavarse las manos”. Lo único positivo de todo esto es que por primera vez en una Liga profesional se decidió atacar el Hoolliganismo de manera directa y evitar los desmanes que siguen siendo un cáncer grave en el fútbol. Pero no era la forma ensuciando la memoria de las víctimas

    Con el tema de la violencia en los estadios ojalá en América se lograra algo así como el “Informe Taylor” ya que en mi país casi todo “Superclásico” Comunicaciones vs. Municipal de la Ciudad de Guatemala termina con incidentes violentos; afortunadamente no ha habido aun fallecidos. Pero por el grado de ineptitud de las autoridades en el país podría volverse a ocurrir una nueva tragedia como la que ya ocurrió en 1996 en el estadio Mateo Flores. Eso sí, ojalá no se tenga que dar nuevamente eso, ni tampoco un informe distorcionado para que se mejoren las medidas de seguridad.

  9. Kurono

    14 de septiembre de 2012 a las 8:54 pm

    Evidentemente (y perdón por doble post) un “perdón” es lo mínimo moralmente hablando. Pero eso no devolverá la vida a las víctimas. Y supongo, ¿habrá algún tipo de compensación?

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