La decepción de la Roma

La renuncia de Luis Enrique como técnico de la Roma no sorprende demasiado. Ha sido discutido del primer al último día. Desde la debacle europea en agosto frente al Slovan de Bratislava hasta el empate contra el Catania en la penúltima jornada, donde el club perdió el tren europeo por primera vez en quince años. Su posición no era sencilla. La presión que hubiera recibido cualquiera en asumir la dirección de la Roma, un equipo necesitado de un cambio, de volver a pensarlo todo, la ha recibido multiplicada por seis. Luis Enrique no era uno más, sino el escogido para conducir la metamorfosis en un contexto señalado. Y su misión no era solamente hacer funcionar a un equipo, debía hacerlo de una manera determinada. Llegó con estilo. Una pizarra que incluía posesión de balón y el fútbol de ataque atractivo como pilares básicos. En la primera rueda de prensa desmintió que quisiera implantar el sistema del Barcelona, pero por aproximación e ideales cabía esperar más puntos de conexión de los que finalmente han existido. Dichas teorías debía aplicarlas sobre una plantilla en reconstrucción, con muchísimas altas y varias pérdidas importantes. Un reto apasionante pero dificilísimo. Por eso aunque su marcha no sorprenda sí genera sensaciones contradictorias. ¿Debían haberse dado más tiempo la Roma y Luis Enrique? Si el equipo se hubiera comportado en una progresión positiva, aunque fuera muy leve, probablemente tendríamos este pensamiento. En cambio, ha acabado el curso con los mismos problemas del primer partido, como convertir la posesión en algo eficiente o encontrar la posición preferida de algunos jugadores en el campo.

La Roma está descolocada. Ni ha jugado bien ni ha sumado victorias. Lo primero era complicado, pero seguramente lo que ha consumido a seguidores, directiva y al mismo Luis Enrique, un técnico extremadamente competitivo, son los malos resultados. Algo que parece evidente pero que se habría entendido de otra manera si la fórmula de juego apuntara hacia arriba.

Es un ejercicio interesante comprobar cualquier once tipo con el que salieron Vincenzo Montella o Claudio Ranieri el año pasado y compararlo con una alineación de Luis Enrique. En la mayoría de casos encontraríamos no menos de cinco variaciones. El mismo número de cambios entre el primer equipo tipo del entrenador asturiano y el ordenado en la jornada 37. Ha habido muchos cambios, quizás demasiados. En verano se fueron piezas muy importantes del pasado romanista, como el central Philippe Mexes (Milan) o el delantero Mirko Vucinic (Juventus). Si sumamos la fugas en el mercado invernal de David Pizarro (Manchester City) y Marco Borriello (Milan), tenemos a cuatro ejes de línea, insustituibles en otros tiempos, con los que Luis Enrique no ha podido o no ha querido contar. En reposición el club giallorosso se gastó 80 millones de euros en Fabio Borini, Bojan Krkic, Miralem Pjanic, Fernando Gago, Pablo Daniel Osvaldo, Gabi Heinze, Martin Stekelenburg, Simon Kjaer, José Ángel y Erik Lamela. Puestos en lista no suena nada mal. Sin embargo sobre el terreno de juego ninguno de ellos ha asumido su encargo con mayor éxito que sus predecesores.

Será más fácil centrarnos en los casos concretos si analizamos el esquema de juego conjunto. Luis Enrique ha alineado un inamovible 4-3-3, el mismo sistema utilizado en el filial barcelonista. La mayor similitud es la numérica, la primera diferencia el ritmo. La Roma ha defendido un juego de protagonismo, guardando el esférico durante prácticamente todos sus partidos, pero lo ha hecho con una transición exasperadamente lenta. Empezando por atrás, donde ninguno de los centrales tiene como virtud la salida de balón. Tras las lesiones de Burdisso y Juan la pareja más habitual ha sido la formada por el joven danés Simon Kjaer y Gabi Heinze. La contratación de estos dos futbolistas parece incoherente en un proyecto que pretende dominar el balón. Heinze es correcto, a secas, pero a Kjaer le cuesta mucho ser preciso. Daniele De Rossi, cuyo estado de forma es digno de análisis, ha tenido que empezar siempre la jugada como única vía. Por la izquierda empezó eléctrico José Ángel, sobreexcitado, pecando por exceso de lo que sus compañeros padecen por defecto. Marquinho, contratado de Fluminense en enero, ha sido un brote de aire fresco por ese carril. Por la derecha cualquier opción de salida rápida se esfumó cuando Rodrigo Taddei empezó a ocupar el lateral.

La circulación en el centro del campo no ha sido fluida. De Rossi bastante tareas asume, Gago no ha estado fino -le sobran toques y consume mucho tiempo cuando el pase es fácil, sin suerte en los envíos arriesgados- y Miralem Pjanic ha sido un buen acompañante, pero un pelín irregular. Puede que parte del embudo generado en la medular se haya producido por las pocas opciones de pase. Repetir atrás significaba no sumar nada y ralentizar más el juego. Arriba estaban tres: Francesco Totti y dos más, habitualmente Osvaldo y Borini. El argentino desplazado a la banda izquierda en un movimiento antinatural para asegurar la comodidad de Totti. Para Osvaldo ha sido una pésima noticia. Desplazar el balón a un costado en el que encaran Osvaldo o Bojan, fuera de su hábitat natural, es perder una opción. No son futbolistas que desborden, centren o tengan una capacidad asociativa destacable para devolver el balón rápido y desmarcarse de nuevo. Por su condición de goleadores generalmente han probado la jugada individual, con poca fortuna. La temporada de Osvaldo ha decepcionado, pese a sus 11 goles. Se ha perdido varios partidos por auto-expulsiones injustificables y nunca ha estado en una forma física óptima, como cuando deslumbró con el Espanyol. El caso de Bojan tiene otras lecturas, ansiedad al principio, pocos minutos después, querer demostrar, intentar hacer más en menos tiempo. Luis Enrique le ha utilizado en 36 partidos, más que ningún otro compañero, pero no ha progresado y sus 6 tantos saben a poco. En cambio, Fabio Borini sí se ha adaptado a la banda derecha y es una de las pocas buenas noticias de la Roma esta temporada. En cualquier caso, las ocupantes de las posiciones ofensivas se han comportado de forma demasiado estática, forzando pocos intercambios con los centrocampistas y ofreciendo pocas líneas de pase, generalmente previsibles. Esto último quizá se justifique por la extraña posición de los falsos extremos, poco habituados a la zona.

En el plano defensivo el equipo sufre porque se parte en dos con demasiada frecuencia. Le llegan menos, pero le hacen goles con facilidad. No sé si el lector compartirá mi sensación al respecto, pero cuando he visto a la Roma sin balón, en defensa, nunca me ha parecido que tuviera especial interés en recuperarlo. Sí, lo ha acabado consiguiendo, más en su campo que en el contrario, pero no utiliza una intensidad suficientemente competitiva. Salvo cuando ha conseguido jugar realmente bien -una media de quince o veinte minutos en bastantes partidos- el resto de encuentro lo afrontan contemplativos, con cierta pasividad, como si defender no contara o se tratara de acompañar la carrera de los contrarios.

Francesco Totti. ¿Cómo convivir con el ocaso de uno de los grandes? En el primer compromiso de la temporada, el anteriormente mencionado duelo ante el Slovan, Luis Enrique sustituyó al mediapunta en el minuto 74′ del encuentro de vuelta. La Roma ganaba 1 a 0, la eliminatoria estaba empatada. En el minuto 82′ Sepanovsky marcó para los eslovacos y dejó a la Roma fuera de la Europa League. Al día siguiente el titular del Corriere dello Sport era el siguiente: “El técnico quita a Totti y tira a la basura la clasificación. Una decisión incomprensible que ya pesa sobre el Roma y que dificultará el crecimiento del equipo”. Y el de la Gazzetta iba por el mismo camino: “Un ataque de ego masculino de Luis Enrique que agrava las diferencias entre el entrenador y el capitán del Roma”. Ambos titulares los hemos recuperado gracias a esta noticia de As.com. Aunque pudiéramos pensar que aguantar tanto tiempo a Totti, a sus 35 años, en el segundo partido de la temporada era contraproducente, la eliminación tuvo una única lectura. Un buen ejemplo para entender a lo que ha estado expuesto Luis Enrique. A partir de entonces, y de un episodio que se comentó mucho con Totti asistiendo a un entrenamiento con una camiseta con la palabra Basta, la rumorología sobre la relación que mantenían técnico y futbolista no se detuvo. Algo que no ha privado al capitán de convertirse una vez más en el eje del proyecto romanista.

Totti ha marcado 8 goles en 30 partidos. Cada vez más lento y menos útil. Sin embargo, algún primer toque suyo o un disparo lejano continúan siendo la primera vía de peligro ofensivo de la Roma. En el encuentro de la pasada jornada ante el Catania volvió a ser el mejor de su equipo, aunque para cuando marcó los dos goles, avanzada la segunda mitad, ya no le quedaba energía. La había consumido toda en los primeros veinte, activo, clarividente, dotando al juego de su equipo de un sentido que sin su visión carece. Es cierto que ya no está para liderar a un equipo aspirante al título, pero en esta Roma pocos aportan más que Totti. El reto para quién se siente en el banquillo la próxima temporada es coordinar un declive parecido al de Alessandro Del Piero, fenomenalmente llevado por Antonio Conte. Siempre y cuando haya algún futbolista capaz de asumir parte de lo pierde el equipo sin su capitán. Han pasado jugadores capaces en los últimos años, Vucinic por ejemplo. Sin embargo, bien sea porque el técnico no ha querido o porque Totti no se ha dejado, su relevo a un segundo plano se eterniza. Será cosa de la ciudad.

Fotografía | Roma

5 Comments

  1. Kj

    12 de mayo de 2012 a las 9:59 pm

    Combinación entre falta de paciencia, insuficiente renovación y, mucho me temo, falta de fe por parte de demasiados jugadores del equipo. Seguí el nacimiento del proyecto, les he ido viendo siempre que he podido, y ahora he seguido su “muerte” (espero que no, espero que sólo sea un cambio de “hombre por hombre” en el banquillo pero que sigan con las intenciones de LE); la sensación que me llevo es que la Roma necesita un cambio tan bestial, tan profundo, que las trabas son inmensas.

    Totti es demasiado grande, pero Raúl o Del Piero también lo eran y terminaron perdiendo protagonismo: el problema de la Roma es que no tiene a nadie del nivel de Francesco, no hay ningún jugador en plantilla de un nivel similar. Creo que los giallorossi deberían empezar la inversión del próximo año por ahí: necesitan un estandarte ofensivo como el comer, alguien sobre quien construir el proyecto en el plano sobretodo de la ilusión.

    A mí me ha apenado la marcha de Lucho, esperaba que al cabo de un año pudiese sacar la cosa adelante (su primer año en el Barça Atlètic tampoco fue bueno, pero el segundo y tercero fueron arrasadores), pero en fin. Espero que su sucesor siga su línea, de una forma u otra…

  2. Save

    13 de mayo de 2012 a las 3:00 pm

    Bueno, yo creo que las personalidades de Del Piero y Totti son bastante distintas. De Conte y Lucho lo mismo (no puedo decir que sienta especial simpatía por el segundo, la verdad).

    Por cierto, estaría bastante bien un post sobre la final alemana de copa. Ese 5-2 del Borussia al Bayern es todo un puñetazo en la mesa dejando claro quién manda ahora en Alemania.

  3. PROTODO

    14 de mayo de 2012 a las 10:02 am

    Se veia venir, lo que mal empieza, mal acaba. Una pena, pero para un primer reto se le empacho a lucho, del cual destaco muchas cualidades pero no la inteligencia.
    Si el sr Guardiolo va a otro equipo, algo parecido le pasara, el estilo Barça no se exporta tan facilmente y menos en Italia y menos en equipos con tanta personalidad e historia como la Roma s-a . Un saludo.

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