Camisetas clásicas: la anomalía

Vamos a poner en práctica un sencillo ejercicio visual. Fíjense un poco en la foto que ilustra esta entrada. No es ni siquiera necesario que se fijen con excesivo detenimiento. Lo ven, ¿verdad? ¿Detectan la anomalía? ¿Observan esa mancha amarilla en mitad de una muchedumbre azulada?

De la mano de Classic Football Shirts, la tienda especializada en camisetas antiguas, nos acercamos al fútbol con una perspectiva diferente, desde los uniformes con los que se ha construído la historia del deporte rey.

El que ahí aparece, vestido de amarillo refulgente y engullido por una marea enfervorecida de jugadores del Olympique Lyonnais, es Grégory Beaugrard, electricista, administrativo, mecánico o vaya usted a saber qué y, sobre todo y desde el pasado sábado, capitán del US Quevilly.

La escena se explica de manera sencilla. El Quevilly, modestísimo equipo amateur procedente de la pequeña ciudad (apenas 20.000 habitantes) de Petit-Quevilly, acaba de caer muy honrosamente (1-0) en la final de la Copa de la Liga francesa, de manos del otrora arrollador OL. La gesta del modesto pudiera parecer incompleta, pero Cris, capitán de los vencedores, no quiere que la celebración de un nuevo título para la entidad de Gerland deje en un segundo plano la hazaña que los hombres de amarillo acaban de protagonizar sobre el césped del impresionante Stade de France parisino. Desde la infamia de la National (tercera categoría del país), subsuelo del fútbol galo, el Quevilly ha ido deshaciéndose sucesivamente de sus rivales, incluyendo equipos como el Olympique de Marsella o el Rennes, hasta plantarse en la final. Y en esta, ha mantenido el tipo a un conjunto plagado de figuras. No se les puede exigir más.

Lyon celebra un nuevo título. Quizá sea el epitafio a una etapa gloriosa, la mejor sin duda en la historia del club que hoy preside Jean-Michel Aulas. Quevilly, por su parte, celebra algo que será infinitamente más recordado. El 28 de abril de dos mil doce fue el día en el que el club, por fin, salió del anonimato. Aunque fuera por unas pocas horas. Así lo entendió Cris y así se lo hizo saber a todo el fútbol mundial. El mérito, esta vez, no era de los vencedores, sino de los vencidos.

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Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

2 Comments

  1. ri.Baggio

    1 de mayo de 2012 a las 7:56 pm

    Joder, que bonito gesto. Aunque eso de subir la copa con el equipo vencedor no sé si yo lo haría, mira que carita se le queda, que penita da.

  2. emedepan

    2 de mayo de 2012 a las 11:25 am

    Estas historias te dan fuerza para luego a aguantar a los que dicen que el fútbol sólo son 22 tíos en calzoncillos persiguiendo un balón…