Sobre el doping

Hace unos días conocimos la conmoción de la opinión pública por el fallo de la UCI sobre Alberto Contador; algo nada raro, si consideramos la dimensión del personaje, la popularidad del ciclismo en nuestro país, y sobre todo las extrañas circunstancias que han rodeado el caso. Se discutió casi todo a nivel analítico: que si cincuenta picogramos es poco, que si es ínfima la probabilidad de encontrar un solomillo con clembuterol en Euskadi, si es justa la norma que sanciona al ciclista aunque no se haya verificado el momento de la administración de la sustancia, o si puede haber intereses espurios que hayan influido en la sentencia. Todo un mundo de detalles, que plumas más capacitadas han analizado ya en profundidad, y del que por tanto poco más se puede decir.

La intención de este artículo es discutir el propio concepto de doping. De acuerdo con la RAE, doparse consiste en “administrar fármacos o sustancias estimulantes para potenciar artificialmente el rendimiento del organismo con fines competitivos”. Una definición que refleja bastante la idea que se tiene en general de dopaje, pero en rigor puede referirse igual a un plato de spaghetti que a una raya de cocaína: ambos estimulan el cuerpo, ambos son artificiales –la pasta italiana no crece en los árboles- y los fines con que se consuman quedan dentro de la conciencia de cada cual. Una ambigüedad que es importante, y que nos lleva a aceptar que probablemente la única definición medianamente correcta del concepto debería ser algo así como: “para cada deporte, sustancia que se encuentra en una lista concreta, y cuyo consumo está prohibido para el deportista hasta el punto de que su consumo pueda acarrearle una grave sanción”. Una prohibición que por tanto es arbitraria, pero cuya existencia suele fundamentarse mediante alguna de las siguientes razones:

El doping es dañino para la salud del deportista.

El doping es tramposo.

El doping proporciona ventajas ilícitas.

El doping es química, mejora el rendimiento independientemente del entrenamiento.

Analicemos pues estas razones una por una. La primera parte de un supuesto real, que es el que consumo de las sustancias de las listas, a largo o incluso a medio plazo, puede dañar la salud del deportista. Como hecho, es incontrovertible; sin embargo, resulta matizable o incluso paradójico que esto deba aducirse como motivo para prohibirlas. Si se trata de un tema de salud pública, resulta muy difícil creer que el tipo que se inyecta EPO arriesgue más su salud que el montañero que se sube un ocho mil sin oxígeno en medio de una tormenta de nieve; sin embargo, nadie piensa en prohibir el alpinismo. Sin llegar a esos extremos, hace poco leíamos con pesar que Gabriel Batistuta, leyenda donde las haya, tiene graves problemas para caminar por culpa del sufrimiento que soportó una de sus rodillas durante su carrera. Es un simple ejemplo del daño que puede causar el deporte de élite en el cuerpo de cualquiera; frecuentemente comparable, o incluso superior, al del uso de drogas para mejorar el rendimiento. Por otra parte, cuando se le pregunta a alguien sobre su determinación de practicar deportes de riesgo, suelen encontrarse respuestas que se amparan, justamente, en la libertad individual, la libertad de jugársela. ¿Por qué entonces es «Ã©ticamente» admisible jugársela colgando de una cuerda pero no tomando una pastilla? No tiene mucho sentido.

Vayamos ahora a la segunda batería de razones. Se dice que el doping proporciona una ventaja artificial, que no procede del esfuerzo del propio deportista. Como ya hemos comentado más arriba lo resbaladizo del término «artificial», podemos concentrarnos en que el doping mejora el rendimiento sin necesidad de entrenamiento. Eso es cierto. Como también lo es que lo mejoran los complementos vitamínicos, los masajes que reciben los deportistas de élite, dietas planificadas hasta el último gramo, preparación física perfectamente diseñada para obtener el mejor rendimiento con el menor trabajo, un calzado innovador, o un ejército de agentes y relaciones públicas que quitan del camino del afortunado hasta el más pequeño inconveniente que pueda interferir en su labor. Todos estos factores influyen positivamente, y a veces de manera clave, en el rendimiento del deportista, y a nadie se le ocurriría prohibirlos en aras de una relativa y quimérica «igualdad». ¿Por qué determinadas sustancias sí merecen ese tratamiento?

Puede alegarse, y así abordamos de paso la tercera justificación estándar del dopaje, que todos los métodos «legales» expuestos anteriormente están al alcance de todos los deportistas, mientras que el que dopa adquiere una ventaja que no tienen los demás. Este argumento consagra una falacia doble: por un lado, parece suponer que las ventajas de las que goza un futbolista del Madrid o el Barça -y que no dependen de su esfuerzo personal- son las mismas que posee el jugador del Écija o el Hospitalet que se enfrenta a ellos en Copa del Rey; por otro, olvida que por definición un comportamiento es tramposo cuando se salta las reglas, y que en este caso concreto, la presunta ventaja proviene precisamente de que el doping está prohibido. Dicho de otro modo, si estuviera permitido, lo estaría para todos, su uso no provocaría desigualdad alguna, y no podría hablarse de trampa.

Llegamos por fin a la última de las razones, no por repetida la más pueril de todas: el dopaje debe prohibirse porque el rendimiento extra que consigue el deportista se produce a través de la química. No hace falta haberse currado un doctorado en Stanford ni ser un fan irredento de Breaking Bad para saber que practicamente todo lo que ocurre en el cuerpo humano es química en mayor o menor medida. Es química la predisposición natural a los deportes, son reacciones químicas la que impulsan al corredor, al ciclista o al lanzador, son químicos los efectos de una buena o mala alimentación, etc. Sin embargo, la química sufre una mala fama que resulta inexplicable, y que colabora en anatematizar su aparición en los deportes. Más allá de eso, si volvemos al debate de lo «natural» frente a lo «artificial» -¿consumimos algo que no sea artificial, de un modo u otro?- estamos en los parámetros de beneficio sin esfuerzo, que ya hemos discutido anteriormente.

Como puede verse, aunque todas estas razones se mezclen convenientemente para dar la impresión de ser irrebatibles, analizadas una por una aguantan con dificultad un análisis riguroso. Sin embargo, sí puede enunciarse un motivo de índole estético-económica que vuelve indeseable el dopaje en deportes de equipo, y es la corrupción de la esencia del juego. En este tipo de competiciones, un predominio de lo físico suele conspirar contra el desarrollo de la técnica individual y la táctica colectiva, seguramente los dos mayores atractivos que ofrecen este tipo de deportes. La hipertrofia en la capacidad física suele conllevar una disminución en los otros aspectos, con desastrosas consecuencias para la calidad del juego, y también para su rentabilidad: el espectador no paga por ver correr, sino por contemplar habilidad y destreza. Desde este punto de vista, y siendo conscientes de que en realidad se comete una arbitrariedad, podía contemplarse como ética una prohibición de los productos dopantes.

¿Qué ocurre con el resto de deportes, los del citius, altius, fortius de los Juegos Olímpicos? Pues que en ellos el doping, legal o no, es inevitable; basta ver, por ejemplo, la lista de los ganadores de los últimos Tours. Por una parte, la necesidad de ayudas se deriva de la propia naturaleza de actividades como el ciclismo de élite, que exige esfuerzos más allá de la comprensión humana. Por otro, en deportes donde una centésima puede definir la diferencia entre la gloria y el fracaso o entre tener una beca o perderla, pocos van a ser los que rechacen hasta la última posibilidad de alcanzarla. Sin olvidar que en ciertas especialidades de atletismo, por ejemplo, las audiencias sólo se disparan al olor de los récords, y se despeñan en certámenes presuntamente «limpios».

Puede argüirse que una legalización de todas las sustancias conllevaría una generalización de su uso. Puede ser posible, pero no hay nada intrínsecamente malo en ello, y ya lo hemos discutido más arriba. El deportista debería poder valorar libremente hasta qué punto está dispuesto a sacrificar su salud por su ideal, sea a base de entrenamiento, química, viajes continuos, esfuerzos excesivos, etcétera. Además, la apertura conllevaría mayor información sobre lo que toma cada uno, una necesidad que es mucho más difícil cuando uno se mueve en la clandestinidad.

No quisiera cerrar este texto sin dedicar unas palabras de aliento a todos los deportistas que han consagrado sus vidas a la competición. Hubiera tomado lo que hubiera tomado, lo que hizo Pantani en el Galibier sólo está al alcance de un superhombre, y de un superdeportista. Si no lo creen, prueben a intentarlo: tómense lo que quieran, y súbanse en la bici. O más fácil: intenten correr 100 metros en 9,79. Si el hombre que lo hizo no tiene ningún mérito como deportista, debería poder hacerlo cualquiera. O ganar tres Tours.

Matemático profesional, lector empedernido, escritor ocasional y esforzado blogger, se enamoró del fútbol como fuente de momentos inolvidables y como metáfora de la vida. Nada mejor que un buen debate sobre tal o cual jugador, golazo o táctica, y nada peor que el fanatismo, la polémica gratuita o el cotilleo. Apasionado de las viejas historias sobre enfrentamientos míticos y leyendas del balón que no tuvo ocasión de conocer, guarda en su memoria muchos goles y partidos con la sensación de que fue un privilegio vivirlos (ramon.flores@diariosdefutbol.com).

44 Comments

  1. emedepan

    23 de febrero de 2012 a las 4:58 pm

    Buf, es un debate interesante y en el que cuesta mucho posicionarse. Mi primera sensación es de repulsa al dopaje. No me gusta, me parece una trampa. Pero luego me cuesta argumentarme a mi mismo porqué es una trampa eso y no lo es un complejo vitamínico. O utilizar una camiseta más ligera. O unas botas con mejor agarre. O tener 10 médicos, 40 entrenadores y 20 cocineros. Y lo mismo en relación a la salud. Me horroriza imaginar fotografías de jugadores pinchándose algo antes de un partido. Pero no puedo argumentar nada en contra del hecho de que cualquiera tiene derecho a decidir que hace con su salud. Los gimnastos, los nadadores y un montón de deportistas sacrifican sus vidas para conseguir ser los mejores. ¿Es más lícito entrenar hasta límites insensatos y destrozarte rodillas, brazos, espaldas, etc.que tomar una sustancia que a la larga te puede destrozar por dentro? Pues no sabría que decir.

    Y pienso, ¿qué pasaría si el dopaje fuera legal? ¿Sería tan horrible que en las farmacias hubieran medicamentos que mejoran tu capacidad física? Medicamentos controlados. Con sus ventajas y desventajas bien explicadas. ¿Es malo acelerar una recuperación de una lesión mediante química? ¿Resfriados sí, pero roturas musculares, no? Tarde o temprano llegarán medicamentos o tecnología que mejorará nuestra capacidad mental. ¿Será lícito entonces encontrar un mejor trabajo o obtener mejores resultados científicos en base a ello? ¿Despreciaremos a los premios Nobel que se hayan insertado un chip? ¿Y los escritores o pintores que consumían drogas, deben ser considerados menos genios por eso?

    Así que la lógica me dice que debe acabar siendo algo aceptable, aunque no puedo evitar sentir cierto rechazo. En el fondo, es la misma sensación que tengo ante cualquier tipo de droga.

    En todo caso, felicidades por exponer así de bien un tema tan complejo. Y por mojarte, que nunca es fácil en relación a estos temas.

  2. calvo

    23 de febrero de 2012 a las 6:01 pm

    Magnífico post, lo suficientemente profundo como para incitar al debate.
    Puntualizaría más la segunda razón, añadiéndole un componente económico: las sustancias consideradas dopantes ofrecen, en general, una ventaja no conseguida a través del esfuerzo del deportista o su entorno (sean masajistas o cocineros; aunque se podría discutir si en la obtención de dicha sustancia se ha invertido más o menos tiempo/dinero, creo que queda claro que tal esfuerzo es totalmente ajeno al deportista -a diferencia de unas botas o un mejor césped-, siendo sus beneficios relativamente inmediatos -a diferencia de una dieta, o un masaje-).
    Entonces, si el espectador es consciente de dicha superioridad conseguida por medios ajenos, de manera individual y sin ese esfuerzo aparente, la sensación que provoca es de injusticia hacia sus compañeros y rivales y, por extensión, a la esencia del deporte, como bien dices. No olvidemos que al deporte se le exigen todas las virtudes del comportamiento humano; aunque esto corresponde a otro debate, influye en la percepción del dopaje como algo negativo.
    Dicha injusticia, la sensación de estar viendo algo amañado que te han vendido como un ejemplo de lo contrario, aumenta la indignación y disminuye la emoción y, por tanto, el beneficio económico. Esto, en algunos deportes de menor seguimiento que sobreviven a base de récords, provoca que sus federaciones se muevan siempre en un equilibrio entre lo que permiten y lo que no -caso de la natación y los superbañadores hace pocos años- y en los de seguimiento masivo, en los que cada vez se exige más y más esfuerzo a los deportistas para ofrecer más y más a los espectadores, acepta prácticas que antes no estaban autorizadas, o en un limbo legal -como los tratamientos con factores de crecimiento para recuperarse antes de las lesiones-.
    Finalmente, cuando tal sensación de injusticia es repetida, y aquí estoy hablando de ciclismo, se entra en una espiral de sospechas, rumores -fundados o no- y autodestrucción del que es difícil salir. En este caso no sirve la frase ‘Que hablen mal de mí, pero que hablen‘. Se van posibles espectadores, patrocinadores, periodistas… se va el dinero. Por eso es el deporte que más hincapié está haciendo en luchar contra su lista de sustancias prohibidas.
    Finalmente (ya acabo), ¿qué decide si una sustancia, técnica o tecnología es permitida o no? Resumiendo lo anterior, la obtención de una ventaja significativa en el rendimiento que levante las suficientes sospechas de que ha sido por algo que está fuera del alcance de otros participantes o no contemplado en el reglamento de dicho deporte, y tenga como consecuencia una merma en la opinión y el estado de ánimo de los espectadores, con la consiguiente pérdida de dinero hacia las instituciones y empresas que participan en ello.
    La lucha contra el dopaje entra dentro la lucha de los distintos deportes para que todo mejore, pero a su vez todo cambie lo menos posible.

    Siento el ladrillo, lo he escrito conforme lo iba pensando.

  3. Ramón Flores

    23 de febrero de 2012 a las 6:12 pm

    @emedepan Las preguntas que planteas son las que me han hecho escribir este entrada.

    @calvo Sobre tu idea para decidir qué permitir:

    – Si todo es legal, no hay nada fuera del alcance de los demás.
    РEl reglamento es lo que estableces cuando decides qu̩ meter.
    – Lo más importante, yo creo que en los deportes de fuerza y resistencia, en una gran parte, el espectáculo tiene que ver con el doping. Lo que dices sería más motivo para permitirlo que para prohibirlo. En el ejemplo que pongo de Pantani, crees que cuando la gente se volvía loca viéndolo subir se lamentaba porque a lo mejor iba dopado? O más bien disfrutaba de la hazaña?

    En cualquier caso, gracias a los dos por comentarios tan ricos.

  4. allr

    23 de febrero de 2012 a las 6:17 pm

    Argumentos cogidos por los pelos. En todo caso, que el dopaje debiera estar permitido o no es una cuestión que no afecta a lo más importante del asunto. Ahora mismo es ilegal, y quien lo usa adquiere una ventaja que el que no infringe las normas no tiene y, por tanto, debe perseguirse para que las competiciones sean justas y gane el mejor en igualdad de condiciones.

  5. xd

    23 de febrero de 2012 a las 6:18 pm

    el problema es que muchas veces esas sustancias son seriamente nocivas para la salud, y si bien en el deporte de élite hay cientos de médicos controlando eso, no los habría en categorías inferiores, amateurs y demás.

    luego seguramente veríamos niños de doce años hasta las cejas de vete a saber qué mierda para correr, les da un infarto en su corazoncillo y la palman. entonces ¿de quién es la culpa?

  6. Ramón Flores

    23 de febrero de 2012 a las 6:23 pm

    @allr Por supuesto, si la normativa es así hay que cumplirla. Yo no discuto eso.

    @xd Vuelvo a decir lo mismo que arriba. Creo que ninguna pastilla es tan peligrosa como una expedición al Himalaya. En mi artículo me refiero a gente mayor de edad, gente que puede decidir.

    Saludos

  7. Diego

    23 de febrero de 2012 a las 6:38 pm

    Cayó en la droga, saltó el muro, fue albañil en USA y ahora juega en la primera de México,con ustedes, Julio Frías http://bit.ly/xeN61E

  8. emedepan

    23 de febrero de 2012 a las 7:03 pm

    @xd
    en categorias inferiores no hay controles.Por lo que seria incluso mas facil sacar ventaja ahora. Yo juego en regional y podria ir hasta arriba si quisiera. Pero la ventaja que te da el dopaje no aplica en este nivel no profesional. No estamos hablando de la pocion magica de asterix.

  9. calvo

    23 de febrero de 2012 a las 8:16 pm

    @allr, es como el uso de las drogas (con el que se puede establecer más paralelismos). Discutir sobre si deberían ser legales no implica no conocer (y acatar) las leyes que hay sobre su cultivo, negocio y consumición.

    @Ramón, gracias por la contestación. Sobre tus puntualizaciones:
    – De nuevo, cada deportista decide (en teoría) hasta donde quiere llegar. Entra el componente de salud aquí. Muchas sustancias dopantes se han mostrado perniciosas a largo plazo, y sobre las nuevas que van saliendo, aún no se sabe el efecto que tendrán.
    – El reglamento empezó conteniendo arbitrariedades, normas que se discuten de una manera y permanecen así con el paso del tiempo, y evoluciona con más decisiones ad hoc, por llamarlas de una manera. Cierto, tampoco es el motivo de la discusión, pues siempre se puede cambiar.
    – Estoy de acuerdo, en parte. En los grandes deportes americanos (que yo sepa) la legislación es mucho más laxa en este sentido, se acepta y si se prohibieran más sustancias posiblemente disminuiría el espectáculo. En el ámbito europeo y olímpico esto es distinto, desconozco las razones. Y la misma gente que disfrutó con Pantani seguro que lamentó después que utilizara sustancias prohibidas.
    De hecho, mirando El Código de la AMA http://www.wada-ama.org/en/World-Anti-Doping-Program/Sports-and-Anti-Doping-Organizations/The-Code/ su definición de dopaje es totalmente dependiente de su lista de sustancias prohibidas http://list.wada-ama.org/es/, salvo una vaga referencia a la mejora del rendimiento o el enmascaramiento de sustancias con tal efecto. La discusión cobra más sentido ahora, y lleva a plantearse cómo reaccionarán ante posibles controversias futuras, e.g: si un tratamiento o selección genética para un bebé tiene como efecto colateral un mejora mejora en alguna de sus características atléticas, ¿se consideraría dopaje?
    Un placer hablar con usted 😉

  10. Kurono

    24 de febrero de 2012 a las 12:46 am

    Soy químico y el debate ridículo de los naturistas de hoy día es lo más vacuo y absurdo que hay en todo esto. Les digo que muchas veces lo «natural» es más dañino que lo «sintético»: Jugos «naturales», quesos «artesanales», pan «de la casa» que debido a no estar adecuadamente tratado (el UHT, pasteurización, homogenización, uso de bactericidas y/o fungicidas) los comes, y tu buena infección con E. Coli, salmonela, etc. es cuestión de educarse y LEER más.

    El problema de esto es similar a las drogas ilegales: ¿Por qué SI es legal el tabaco (nicotina), licores (etanol) o ´la coca cola (cafeína) y no un puro de «yerba» (mariguana) o una línea de cocaína? todas esas sustancias en mayor o menor medida dañan el organismo. Recuerden la historia de la prohibición en los Estados Unidos, con Al Capone y como hizo su imperio.

    Antes que me extienda, el símil es ¿por qué razón el EPO es ilegal y otras sustancias no lo son? ¿Por qué se prohibiero algunas sustancias? ¿Por qué, a pesar de la receta médica en caso de enfermedad, aun así están prohibidas.

    La cuestión aquí es la REGULACIÓN de las sustancias dopantes. Que los atletas de élite puedan ingerir sutancias previamente estudiadas que puedan ayudarles a mantener un buen rendimiento, los ayude a su recuperación, sin que se deteriore su salud a pasos agigantados, no sería nada malo siempre y cuando no se haga al más puro estilo yonki en el callejón oscuro, bajo de agua. Que existan médicos que puedan administrar sustancias que puedan ayudar a los atletas para que a los 50 años no estén con espalda hecha trizas, los tendones destrozados o los huesos inútiles. Que se regule la alimentación y medicación de los atlétas de élite. Por prohibir a rajatabla tenemos casos graves (los penosos Tours de France) y no me extraña que incluso niños estén siendo dopados para ser el nuevo Rafa Nadal, Michael Phellps, Marco Pantani, Lance Amstrong, Marta Dominguez, Usain Bolt, Mike Tyson…. y eso es un peligro para su desarrollo físico y psicológico. El debate es interesante, muchas gracias por postear este tipo de temas tan escabroso.

  11. pablosales

    24 de febrero de 2012 a las 1:40 am

    El dopaje está ahí, que se lo pregunten a los positivos por nandrolona, clembuterol, etc, pero el fútbol es el fútbol y eso no se toca.

    Pongo una noticia sobre la Operación Galgo, que nada tiene que ver con ciclismo:

    http://elpais.com/diario/2011/01/02/deportes/1293922801_850215.html

    «Así, entre los papeles de Pascua había el tratamiento diario de un atleta determinado, que consistía en lo siguiente: un Prozac (conocido antidepresivo para contrarrestar los efectos anímicos de los tratamientos hormonales) con el desayuno; IGF (precursor de la hormona de crecimiento, prohibido e indetectable, presuntamente la sustancia estrella de Pascua desde hace años), Efaline, Jectanin (aminoácidos), PPF, Vitamina C, Fitopéptidos, Levico D3 Weleda, Normovite antianémico, Ultratard, Testis compositum (extracto homeopático de testículo de cerdo), Epargriseovit (vitamina B12), Samet (adenosina: protector hepático), Ferlixit (hierro), Ribosa más Glutamina y Carentium.»

    Sobre que no es perjudicial, que le pregunten a Jesús Manzano, o mejor aun, a la hija de Eufemiano Fuentes, a ver que opina de los años de dopaje de su mujer.

    Pero si queremos una parada de los monstruos, al estilo NBA, pues avanti. La cosa funciona así cuando estás en la elite (y en muchos casos cuando estás en juveniles): o te metes o no andas, y si no andas vas a acabar en la calle. Y claro, la precariedad neurnal abunda, si no vivo de esto de que voy a vivir? Y la cosa se puede aplicar a cualquier deporte profesional.

  12. pablosales

    24 de febrero de 2012 a las 1:42 am

    Y de esto vive mucha gente: empresas que envierten en tu imagen, mafias que trafican con estos productos, políticos que hacen la vista gorda…nosotros viendo más espectáculo? Lo dudo. La calidad o la técnica no la mejoran, pero poder utilizar esa técnica gracias a que no estás tan cansado, influye.

  13. pablosales

    24 de febrero de 2012 a las 1:48 am

    Es que al final esto es como todo: queremos ver sólo lo que nos ofrecen y ponernos la venda o queremos indagar en el asunto y que salga todo a relucir? Todo esto es aplicable a la vida, si para conservar tu trabajo te dicen que tienes que hacer X cosa, aunque no te parezca bien la harás (siempre hay gente honrada).

    La victima principal de la cuestión es el deportista, salvo que te llames Gurpegui. Si es un futbolista le arropamos, pero si es un ciclista le repudiamos, y si no tira de la manta en dos años le recibiremos con los brazos abiertos…lo que hace el dinero 🙁

    En cadetes hay chavales de 14-15 años que antes de una carrera se meten tres o cuatro cafés, o un par de redbulls. Es ilegal? No. Es inmoral? Pues sí, si instauramos el todo vale, los valores se pierden. Y se hoy por hoy se han perdido casi todos.

  14. pablosales

    24 de febrero de 2012 a las 2:06 am

    Un último apunte. Cuánto más dinero gastas mejor tratamiento recibes (Ivan Basso y su tratamiento cinco estrellas). Otra desigualdad más, por si fueran pocas las arriba citadas.

    El deporte de élite casca el cuerpo, eso es cierto, pero de esto no se puede vivir toda la vida. Por eso luego trabajan de consejeros, entrenadores, directores de equipo, e incluso el que sabe juntar cuatro palabras seguidas de comentarista. Hay vida después del deporte, y estudiar jamás cae en saco roto (aunque lleves haciendo deporte desde los 10 años)

  15. emedepan

    24 de febrero de 2012 a las 9:59 am

    Me cuesta creer que hayan chavales dopándose por sistema. Es decir, seguro que hay algunos a los que dopan, pero no más de los que se emborrachan cada fin de semana, se fuman un par de paquetes, comen porquerías o no comen nada, o esnifan pegamento. Es decir, en esos casos estamos hablando de temas educacionales. Yo no permitiría a mi hjo que se dopara. Pero tampoco vería con buenos ojos que entrenara 7 horas al día y dejara el colegio a los 15 años. O que se obsesionara con tocar el violín.

    No creo que el dopaje actual sea como el de los 70-80 que casi convertía a mujeres en hombres o ponía en en grave riesgo la salud de los atletas. Ni tampoco que dé una ventaja tan grande que haga que todo el mundo se dope en masa. Porqué si la diese, por mucho que fuese ilegal, veríamos casos de dopaje sin parar. Cada día y a cada hora. ¿Si tomar un poco de nandrolona te convirtiera automáticamente en futbolista de élite, cuantos no estarían dispuestos a asumir el riesgo de que les pillaran a cambio de unos meses o años de gloria? Pero no es tanta la ventaja y nadie asume ese riesgo a no ser que estés ya muy cerca de lo más alto y necesites bajar esa décima o aguantar un puerto más del Tour. Igual que nadie se entrena 7 horas para jugar una pachanga contra sus amigos.

  16. Cristian*

    24 de febrero de 2012 a las 10:59 am

    Yo no estoy a favor del dopaje, pero sí que creo que determinados productos prohibidos en los deportistas de élite son totalmente absurdos: los tratamientos para la gripe por ejemplo, existen muchos medicamentos que si los tomara un futbolista, o un tenista, darían positivo en un control y hablamos de algo tan ridículo como un jarabe X o si mal no recuerdo, una aspirina o paracetamol (lo leí hace tanto que no recuerdo cual era)..
    Comparar ciertas substancias dopantes con dietas alimenticias me parece absolutamente descabellado, más aún cuando precisamente a nivel dietético lo que hacen muchos deportistas es comer de forma más controlada (En lugar de un filete de cerdo de 500grs con salsa roquefort y patatas fritas, reducir la ingestión de grasas nocivas, pero aumentar el rendimiento energético para el deportista). Lo que sí convendría descubrir son esos famosos batidos personalizados de suplementos vitamínicos para los deportistas… a saber en qué consisten: ¿solo son jugos de frutas o qué son exactamente?
    Lo más peligroso del dopaje, a parte del considerable aumento del riesgo fisiológico para el deportista sujeto al mismo (en determinados casos), es que no siempre el deportista es consciente de lo que se le pueda estar suministrando. A parte, muchas veces hay muchos deportistas que no tienen el grado de madurez necesario para asumir lo que se les incita muchas veces a tomar bajo múltiples presiones.
    La comparación sobre hacer alpinismo sin oxígeno me parece ya un tanto extrema; está claro que a determinadas latitudes es una inconsciencia enorme, pero para ello se entrenan y se preparan con mucho rigor; para ser capaces de soportar temperaturas muy bajas, y con instrucciones sobre qué hacer en determinadas circunstancias. En un deportista, que ya vive a un nivel de exigencia humana al límite, buscar ciertas substancias que puedan permitir sobrepasar los límites físicos a los que están ya sujetos, solo es comparable a intentar subir un 8000 sin oxígeno, en plena tormenta día sí, día también.
    Pero ojo, insisto, no todo lo que se estipula actualmente como dopaje en la mayoría de deportes me parece adecuado, creo que sólo aquellas substancias que alteren en exceso el rendimiento de forma artificial deberían ser la que estuvieran bajo control estricto.

  17. pablosales

    24 de febrero de 2012 a las 2:50 pm

    Te puedes tomar una aspirina y da positivo, es cierto (siempre que no tengas certificado médico) Por qué? Porque si te tomas una aspirina sin estar enfermo, mejoras. Poquito pero mejoras. También es paradójico que productos como la cortisona esten permitidos en el fútbol, y en el ciclismo se vaya a por él. Distintas varas de medir supongo, al final son los productos que la AMA quiere (mientras hay productos que se filtran al uso deportivo durante su fase de test clínicos, es decir, realmente aun no están en el mercado).

    Emedepan, ya de por si son superhombres, pero claro, subir un puerto a 40 por hora cuando llevas 200 km…o hacerse un sprint el minuto 110 de un partido de fútbol…suelo desconfiar de las exhibiciones. De las consecuencias del dopaje actual se tendrá que hablar dentro de 20-25 años, cuando empiecen a palmar (o no) ex-profesionales…pero vamos, es de ser cenutrio meterse productos para curar el cáncer, o para la escloriosis múltiple.

    Cristian, lo que dices de los batidos me recuerda a las papillas milagrosas del Sevilla. Por cierto, en otros blogs se comenta la muerte de Puerta, fue en pretemporada y no se le hizo autopsia. Por ahí cuestionan esto, como lo de Jarque…no estaría mal tampoco revisar el positivo de nandrolona de Guardiola, y por qué no le suspendieron.

    La entrada de Ramón me parece demagógica a más no poder. Y lo de querer instaurar la barra libre…en fin, viva el cinismo! Estamos podridos por dentro, y qué?

    Y por último decir que no por no dar positivo en un control, alguien no se ha dopado; existen vidas medias muy cortas de ciertos productos, enmascaradores, chivatazos…

  18. Ramón Flores

    24 de febrero de 2012 a las 3:21 pm

    @pablosales Me gustaría que me indicases donde está el cinismo en lo que he dicho.

  19. pablosales

    24 de febrero de 2012 a las 4:14 pm

    Penúltimo párrafo, cuando dices que el deportista debería ser libre…podemos discutir los límites de qué es y qué no es dopaje, pero de ahí a decir que barra libre, pues no.

    Por cierto lo de Batistuta que comentas también tiene tela: se queja un peón de obra de que tiene la espalda machacada después de 20 años currando??? Si te vas a quedar cojo y lo sabes, no fuerces la maquinaria arrastrándote en países árabes, casi cumpliendo 40 años.

    Por último la separación que haces con el resto de deportes («más alto, más fuerte…»)…como ya he puesto estar menos fatigado que el resto es una ventaja, aunque el dopaje no convierte un burro en un caballo de carreras. No se, toda la entrada en general me parece un tanto tendenciosa, pero bueno, es mi opinión.

    Si es que al final la culpa la tienen los deportistas que aceptan entrar en el círculo, la ambición desaforada es lo que tiene.

    Saludos!

  20. Ramón Flores

    24 de febrero de 2012 a las 4:20 pm

    @pablosales Lo siento, no entiendo tu argumentación, y sigo sin ver dónde he sido cínico.

    Saludos.

  21. pablosales

    24 de febrero de 2012 a las 4:26 pm

    Para mi la clave es la frase «no hay nada intrínsecamente malo». No me parece que se ajuste a la realidad.

  22. Ramón Flores

    24 de febrero de 2012 a las 4:33 pm

    @pablosales Yo no creo que haya nada intrínsecamente malo en el uso de sustancias para mejorar el rendimiento deportivo. Es una opinión, la tuya puede ser diferente y lo respeto. Pero no veo el cinismo, realmente pienso así.

    Saludos.

  23. pablosales

    24 de febrero de 2012 a las 4:39 pm

    Tengo otro punto de vista, cada uno tiene sus limitaciones y debería aceptarlas, pero es mi opinión. Sólo desde la honradez se puede combatir el dopaje, algo que falta muy mucho en el mundo donde vivimos.

    Jejejeje aunque no esté de acuerdo es un placer debatir, saludos!

  24. Robert Martínez

    24 de febrero de 2012 a las 5:20 pm

    Proteger al deportista. Ese es el argumento principal para mí. El dopaje es un factor de riesgo importante para la salud. Y es un factor que suma, que incrementa la probabilidad de consecuencias indeseadas. Todos sabemos que conducir de noche y con nieve es peligroso, pero si además vamos borrachos la probabilidad de siniestro será superior. Como espectador, aborrecería un deporte donde el índice de jugadores muertos prematuramente se va incrementando de forma alarmante con los años. Sería francamente desagradable.

    Y todo ello por no hablar de las consecuencias que generaría en el deporte juvenil. ¿Cuántos chavales iban a abandonar su deporte favorito casi al empezar, ya fuera por imperativo paterno o por voluntad propia, al comprender que el dopaje sería un requisito para poder desarrollar una carrera exitosa? El mensaje sería claro: ganar a cualquier precio.

    Creo que los problemas se amontonarían si desarrolláramos la idea de una legalización del dopaje. Yo no la compraría.

  25. Ramón Flores

    24 de febrero de 2012 a las 5:36 pm

    @Robert, sólo españoles, sólo en el Himalaya, sólo desde el año 2000, han muerto 23 escaladores. Extrapola a todas las montañas, todos los países, todos los años. Prohibimos la escalada? O es lícito jugarse la vida de una manera y no de otra?

    Sobre lo segundo, la lista de ganadores del Tours nos indica que para desarrollar una carrera competitiva a alto nivel es un requisito doparse, nos guste o no. Y pones «ganar a cualquier precio», como si eso fuera equivalente a darle un tiro al de al lado. Y no lo es.

    Saludos.

  26. Robert Martínez

    24 de febrero de 2012 a las 6:03 pm

    @Ramón

    No tengo los suficientes conocimientos de escalada como para argumentar si se podrían reducir elementos de riesgo e incrementar unas medidas de seguridad mínimas. Pero sería la única defensa legítima que se me ocurre. A mí la escalada me parece una locura, al igual que el motociclismo o cualquier otro deporte en el que haya un índice de mortalidad estadísticamente significativo. Quizás soy muy mojigato pero no me gusta ver morir a nadie, y menos por un accidente.

    En cuanto al segundo punto, coincido en que la expresión «ganar a cualquier precio» es exagerada. Pero sí que creo que la legalización del doping tendría drásticas consecuencias para el deporte juvenil. La élite se percibiría como mucho más inalcanzable. Y sobre todo, poco deseable. ¿Vale la pena una gloria efímera con devastadoras consecuencias para el organismo?

  27. Ramón Flores

    24 de febrero de 2012 a las 6:04 pm

    @Robert, exactamente tu última pregunta es la que creo que cada uno debe poder decidir.

  28. emedepan

    24 de febrero de 2012 a las 6:09 pm

    Yo creo que la gracia estaría en aspirar a tener un dopaje muy controlado. Y podrías tener la capacidad de prohibir alguna sustancia altamente nociva y de sancionar y juzgar a los médicos o farmacéuticas que los hicieran y no alertaran de sus riesgos. Igual que con los medicamentos. Seguro que alguien intentaría sobre-doparse, pero a base de educación y de ver los efectos que provoca, serían los menos.

    Creo que a la larga es más sencillo controlar y prohibir ciertas sustancias muy puntuales que intentar poner puertas al mar, que es lo que se hace ahora. No puede ser que algunos deportes como el ciclismo sean una caza de brujas continua.

  29. Nando

    24 de febrero de 2012 a las 6:10 pm

    En principio sería fácil aceptar que cada uno sea libre de hacer o no uso de sustancias que mejoren el rendimiento. Personas adultas por supuesto, como indicó Ramón Flores en su comentario #6. ¿Pero cuando se consideraría adulto un deportista para tener esa capacidad de decisión? Legalmente es de suponer que en el momento de su mayoria de edad.

    Me resulta difícil de aceptar la idea de un chaval (porque con 18 años es difícil suponer una madurez suficiente para decisiones de esa magnitud) metiéndose en el cuerpo toda clase de sustancias dopantes.

    Evidentemente se haría de forma controlada por un médico deportivo, apuntaron en elgún comentario, pero hay casos de sobra de jóvenes deportistas manipulados por entrenadores, técnicos o simplemente superados por la presión de la competición como para suponer que no caerían en un abuso de esas sustancias, bien en conocimiento de médicos deportivos sin escr´pulos, o incluso peor, administrándose, a espaldas de dichos médicos, personalmente y sin control tratamientos de mejora, ya no habría límites de picogramos. Barra libre. Al fin y al cabo, estaríamos suponiendo que serían sustancias permitidas, con lo que no estaría haciendo nada ilegal. Solo poniendo en peligro su salud y, a largo plazo su vida. Pero, eso si, asumiendo su responsabilidad. La responsabilidad que da la madurez de un chaval de entre 18 y veintipocos años.

    Y no nos engañemos, siendo hoy en día el deporte un negocio y estando profesionalizado como está. Si ya hoy en día se hace uso de estas sustancias, en el momento que se permitiese el dopaje se generalizaría, quizá no en todos los deportes, pero si en los de fuerza o resistencia extrema, con lo que ya no sería una opción, o hago uso de estas sustancias o ya ni podré soñar con tiempos o marcas mínimamente profesionales.

    Finalizando, claro que todos corremos riesgos. Un deportista de riesgo en morir en accidente, o un futbolista en acabar con las piernas destrozadas, o un tenista con problemas de espalda, etc. Pero un tenista o un futbolista tiene fisioterapeutas que le aconsejan y le tratan, y puedes elegir cuando retirarte. Un alpinista con preparación y experiencia gradual puede minimizar el riesgo. Hasta cierto punto pueden controlar o reducir las consecuencias de su práctica deportiva. Pero ¿quién puede controlar el riesgo de un ataque al corazón por un exceso de dopaje? ¿Quién decide el límite a partir del cual cierta sustancia de mejora de rendimiento o de recuperación es peligrosa? ¿Tu propio médico? Quiza el tuyo sea especialmente «permisivo». ¿Alguna asociación deportiva? Bien , eso es lo que se hace ahora, pero si no se le dota de una autoridad legal, ¿para que hacerle caso?

    ¿Dejaríamos a nuestro hijo dedicarse al deporte profesional en esas condiciones?

  30. Ramón Flores

    24 de febrero de 2012 a las 6:25 pm

    @Nando, gracias por tu comentario tan trabajado.

    Pregunto, dejaríamos a nuestro hijo subirse en una moto a 300 por hora, o al Everest sin oxígeno? Creo que el 99% de los padres diría que no. Entonces, hasta los 25 años no dejamos a un motorista o a un escalador decidir sobre su destino?

    Mi impresión, por otra parte, es que se corre menos riesgo tomando un producto que a lo mejor te mata dentro de 30 años de consumo continuado que subiendo a una cordillera de 8.000 metros o tirándose de un puente atado a una cuerda. Es una opinión personal.

    Pienso que tus argumentos, como el de algún comentarista más arriba, descansan en una premisa que no admito: que es lícito y se debe tener libertad para jugarse la vida o la salud de unas maneras pero no de otras.

    Saludos

  31. pablosales

    24 de febrero de 2012 a las 7:04 pm

    Se debe tener libertad para jugarse la vida, en eso estamos más o menos de acuerdo, pero en el deporte hay unas reglas bien claras y se basa en que todos compiten en igualdad de condiciones. Si ya hay diferencias entre los clubs de primera, a la hora de viajar por ejemplo, imagínate con barra libre…y creeme, si hubiese barra libre la gran mayoría seguiría buscando vias para mejorar a costa de cualquier cosa. La ambición no conoce límites, y los flashes y la fama atraen mucho.

    Para ver rendimientos metahumanos me pongo un juego de la xbox y ya está.

  32. Pepe Szendrei

    24 de febrero de 2012 a las 7:17 pm

    Desde que el deporte dejó de ser un mero entretenimiento y se convirtió en un negocio (o instrumento de propaganda) existe el doping.

    Yo suelo partir de dos premisas en lo relativo al fútbol:

    – Necesita del doping tanto como el ciclismo. Solo hay que haberlo jugado para saberlo.
    – Cuando un equipo de élite arrolla literalmente a otro equipo de élite demostrando una clara superioridad física (ya sea de músculo o de pulmón), es que le lleva un par de palmos de ventaja con los médicos. Es como con el NBA vs FIBA, pero a menor escala.

    El campeón de Europa del 2010 destrozaría al del 2000 y éste al de 1990, por muy Milán de Sacchi fuera (que le pregunten al Madrid de la Quinta cómo les pasaban por encima). Es una realidad con la que hay que saber vivir, pero sin pensar demasiado en ella por no dejar de disfrutar del deporte.

    Aquí un artículo antiguo de El País que aclara bastante sobre el asunto:
    http://www.iusport.es/casos/dopaje/pa251098.htm

  33. pablosales

    24 de febrero de 2012 a las 7:26 pm

    Muy muy buen artículo Pepe (y del año 98!!!), aunque no me creo lo de «dopaje inconsciente». Al que le dan jeringas o pastillas, y no pregunta, ya sabe lo que hay.

  34. Kurono

    24 de febrero de 2012 a las 8:00 pm

    No es una apología del «todo vale». Cuando se regula algo, habrá prohibiciones y medidas de control. No es una vía libre para que cualquiera se dope, sino para que se pueda medicar y regular la medicina deportiva, cosa importante. Porque como consumidor de espectáculo, buscas al deportista más llamativo, y si es hacer un sprint en una pendiente de 30º como Pantani, vas y lo vitorean.

    Es una medida para que no vuelvan a haber graves desventajas y riesgos para la salud. Prohibir nada ha hecho más que se haga de una manera muy turbia e insegura.

  35. rantamplan

    25 de febrero de 2012 a las 1:40 pm

    Primero que nada quiero felicitarte por el artículo y el debate que has generado, Ramón. He disfrutado muchísimo leyendo.

    Yo querría puntualizar mi opinión sobre el símil que haces con el alpinismo, que no me parece del todo pertinente. La idiosincracia propia del alpinismo hace que sea un deporte peligroso con un alto grado de mortalidad. Pero el fútbol no lo es. Creo que por esto mismo un deporte tiene millones de practicantes a lo largo y ancho del globo y el otro es completamente minritario en comparación. No vería aceptable aumentar ese riesgo de matarte practicando fútbol (o cualquier otro deporte intrinsecamente con riesgo bajísimo de matarte practicándolo) por el hecho de la elección personal de la gloria efímera, y más a una edad en dónde no creo que se teng ala madurez para realizar dicha decisión.

  36. Nando

    25 de febrero de 2012 a las 9:01 pm

    Entiendo que no compartas la premisa de que se debe tener libertad para jugarse la vida o la salud de unas maneras pero no de otras. Pero no es ese el punto del que quería partir para mi argumentación.
    Cuando hablamos de regulación del dopaje, entiendo que se hace aplicado a deporte profesional. Y hoy , por encima de valores morales o humanos, el deporte es sobre todo, negocio y espectáculo (si esto es bueno o malo ya sería otra cuestión). Por tanto los que lo practican, además de deportistas (o incluso antes que eso), son profesionales.

    Deportista a secas podemos ser cualquiera de los que aquí comentamos, que practicamos deporte por afición. Y, dentro de nuestra condición de deportistas evidentemente nadie regula si queremos medicarnos, o tirarnos de un puente.
    Pero el deportista profesional, como tal, debería (es mi opinión) estar sujeto a una regulación. Exactamente igual que un profesional de cualquier otro campo. Cualquier profesional de cualquier sector tiene su actividad regulada (medidas de seguridad, elementos de protección, exposición a ambientes peligrosos,…). Imaginemos que eliminamos la ley de prevención de riesgos, y que cada cual actúe bajo su responsabilidad. Nadie obligaría a un trabajador a asumir riesgos, simplemente, que cada cual actuase bajo su responsabilidad.
    Aquellos que prescindiesen de ciertas medidas, muchas veces engorrosas pero necesarias, seguramente serían más rápidos en su trabajo, o se necesitaría menos gente, o producirían a menor coste (igual que un deportista bajo los efectos de sustancias dopantes puede mejorar su rendimiento), ¿quienes tendrían más posibilidades de trabajar? evidentemente a aquellos que por temeridad, desconocimiento o (por desgracia algo que hoy en día sería lo habitual) necesidad asumiesen esos riesgos, algo que hasta hace no tanto tiempo era lo habitual. De la misma forma un deportista que estuviese dispuesto a administrarse sustancias dopantes tendría más posibilidades de ser contratado por un club, o de conseguir esas décimas necesarias para una beca. Si ya hoy en día se recurre a ello, una vez desregulado ya si que no quedaría más remedio que entrar en el juego.

    Si bien es cierto que un deportista profesional asume riesgos, (a la larga ciertas secuelas físicas son inevitables, producto de una práctica física intensa), hay algunos que son inevitables, y para ellas solo se puede intentar minimizar sus consecuencias, y vigilar la salud del profesional para manenerlas controladas. Pero hay otros riesgos perfectamente evitables.

    Solo podemos intentar controlar el riesgo de que un albañil sufra problemas de espalda o contusiones, por ejemplo. Pero si podemos evitar caídas mortales mediante sistemas de seguridad. Igualmente no podemos evitar las consecuencias del entrenamiento de un deportista profesional, pero si podemos evitar las consecuencias del dopaje. Las primeras son inherentes a la práctica del deporte profesional, y solo prodremos intentar minimizarlas. Las segundas son perfectamente evitables, no son necesarias para practicar un deporte, a no ser que las convirtamos en la norma.

    Por tanto no es una cuestión de decidir si un riesgo para la salud es lícito y otro no. Es decidir si un resgo es evitable o no, en el primer caso, eliminarlo, y en el segundo mantener ese riesgo en niveles asumibles. Exactamente igual que para otras actividades. Cierto que no es fácil. Ha llevado mucho tiempo regular otras actividades, y siendo el deporte prefesional algo relativamente nuevo, llevará tiempo regularlo de forma razonable, tanto en lso límites como e sanciones, para que no se vean casos aparentemente absurdos como el de ayer de Alessandra Aguilar, pero que no lleguemos a extremos como estos: http://www.youtube.com/watch?v=OVL8WhRfAuU&feature=related

    No veo motivo para que un deportista no esté amparado por la ley al igual que lo está otro profesional, en resumen.

  37. Nando

    25 de febrero de 2012 a las 9:02 pm

    Y por cierto, perdón por los tochos, es falta de habilidad de síntesis 🙂

  38. Juan Tanamera

    28 de febrero de 2012 a las 12:04 pm

    Muy interesante el post y los argumentos. Para volver a la ética habría que desprofesionalizar el deporte y volver a su sentido original. Sin eso me temo que lo mejor es liberalizar el doping como se liberaliza en el mundo de los negocios, que es lo que es el deporte profesional. A ningún ejecutivo de cuentas se le mira si toma pastillas para dormir para poder dar mejor rendimiento en el trabajo. Coincido con la visión crítica de la doble moral con la que se juega en el deporte y el doping. Recientemente he escrito sobre eso, y os invito a que hagáis lo mismo, en la plataforma ADI! . La he encontrado y me parece interesante probar. Están debatiendo la nueva ley contra el dopaje y aseguran que todo lo que se opine hasta el 6 de marzo se lo pasan a los parlamentarios para que lo usen en el debate y en las enmiendas a la ley. No hace falta vivir en el País Vasco.

  39. Postmoe

    29 de febrero de 2012 a las 9:29 pm

    «Como puede verse, aunque todas estas razones se mezclen convenientemente para dar la impresión de ser irrebatibles, analizadas una por una aguantan con dificultad un análisis riguroso.»

    ¿Análisis riguroso?

    Rebatir argumentos que nadie seriamente preocupado por el tema o informado defendería no me parece nada riguroso. Nadie te va a dar jamás los argumentos que tú has planteado en contra del dopaje. Te los dará alguien con ganas de opinar a pie de calle, y gracias.

    El tema del dopaje es una cosa bastante más seria de lo que se vende. En primer lugar se desarrolla alrededor de organizaciones delictivas. En segundo lugar, alrededor de profesionales médicos que han roto con su ética de trabajo, trabajo que se articula alrededor de la salud y la vida humanas.

    Todo eso a espaldas del aficionado y del resto de competidores. Más allá del debate médico eso es un delito y una afrenta a la esencia del deporte desde la antigüedad. Estamos hablando de sustancias que realmente cambian el rendimiento y que además exigen el uso de protectores hepáticos, transfusiones, sustancias de apoyo, sustancias para evitar positivos… que es no es una broma, es someter a un organismo a una gran cantidad de estrés.

    Pero es que además, por cómo debe realizarse forzosamente el dopaje, las condiciones no van a ser casi nunca seguras. Sólo los muy ricos van a poder garantizarse fármacos de calidad, con trazabilidad…

    El que haya vivido (aunque sea indirectamente) lo que es el ciclismo de chavalines que ya tienen ínfulas de… ya sabe como se paga uno los caprichos, las salidas… a mí eso de tener jóvenes promesas que pasan a la mitad del pueblo no me acaba de convencer.

    EL doping es eso, una actividad que además de ser discutible a nivel ético, tiene agravantes mucho peores y FORZOSOS.

    Uno no se puede dopar si no consigue sustancias y equipamiento vía mercado negro y se dopa gracias a la ayuda de profesionales que viven del negocio. Y eso tiene unas implicaciones que van mucho más allá de los argumentos que aquí se contemplan.

    Evidentemente doparse no es intrínsecamente malo. Como o lo es robar, o hacer trampas. Pero si consideramos las bases del deporte como concepto sencillamente es intolerable. Y si estamos contra el hecho de alimentar corrupción y redes mafiosas, también.

    A mí no me hace ni puta gracia, al menos, que esté tan extendido en el fútbol.

  40. Ramón Flores

    29 de febrero de 2012 a las 9:58 pm

    @postmoe Después de 39 comentarios, tú eres el primero que dice que nadie usaría esos argumentos para defender el dopaje. O sea que yo creo que hay más gente que los usa.

    Así que busco cuáles son los que tienes que ofrecer. Esencialmente hay tres, si no te he interpretado mal.

    – Uno, alrededor del doping se articulan redes mafiosas y corrupción. Claro, como alrededor de cualquier cosa que esté prohibida y tenga demanda. Esto no es problema del propio doping, sino de que sea ilegal. Todas esas redes desaparecerían o se dedicarían a otra cosa si se legalizase.

    – Dices que el doping va contra el concepto, la esencia del deporte. ¿Cuál es pues la esencia del deporte? Desde tiempos de los romanos solía ser «Altius, citius, fortius», y eso es exactamente lo que pretende el que se pone a correr o ir encima de una bici. Mucho más el que lo sacrifica todo por ello, se tome pastillas o no.

    РHablas de someter al organismo a una gran cantidad de estr̩s, etc., o sea, que da̱a la salud del deportista. Anda! El primer argumento del que yo habl̩.

    Y una cosa más. Creo que el médico que advierte al deportista de los riesgos de tomar tal o cual cosa no rompe en absoluto su ética de trabajo. Decide el deportista, no el médico. Y si me dices que colaborando en el doping está participando en algo que daña la salud del deportista, te digo que lo mismo hacen los médicos que cuidan a los baloncestistas en una temporada regular de 82 partidos, o que les ayudan a meterse 200 km y 5 puertos de montaña, o que participan en una expedición al Himalaya.

    Saludos.

  41. Pepe Szendrei

    1 de marzo de 2012 a las 9:39 am

    El que el doping va en contra de la esencia del deporte: sí y no.

    – Sí, porque a ver qué cómo cojones vendemos esto del «deporte y los valores» a los niños (y a los padres). Este es bajo mi punto de vista el mayor problema de cara a una posible legalización.

    – No, porque a ninguno de nosotros, después de haber visto a Messi o partidos de la intensidad de la actual Premier, nos gustaría volver al fútbol de los años 80. Igual que no nos gustaría ver a ningún atleta bajar de los 10 segundos en los 100 metros.

  42. Juan Tanamera

    1 de marzo de 2012 a las 12:48 pm

    @Postmoe
    Yo creo que hay una doble moral como desgraciadamente en casi todo en la vida. Y creo que la pasión por la prohibición en la que vivimos y que importamos cada vez más del otro lado del charco es un mal camino para todo, y para el deporte también.
    Insisto en que me parece que lo principal es diferenciar el deporte amateur del competitivo. Hace unas décadas las olimpiadas eran amateurs y en baloncesto jugaban los universitarios de EEUU. Hace mucho que eso llegó adónde tenía que llegar. En la competición gana el que más puede, y cada uno decide si dedica 1 o 8 horas al día, si deja de trabajar, si gasta en equipamiento técnico y en cuidados, etc. Querer mezclar los principios éticos del deporte amateur con la legislación del profesional es simplemente imposible y la trampa siempre irá por delante de la ley, así que lo mejor es dejar libertad y que cada uno juegue con las cartas que quiera. Eso sí, la libertad pasa por facilitar al máximo la información al deportista, los controles voluntarios para saber lo que le dan y sancionar con dureza la utilización de los deportistas por terceros y sobre todo a menores, a quienes para votar no se les considera responsables, luego tampoco para decidir poner su salud en riesgo. Pero a partir de ahí, quien pretenda que un deportista que cobra millones, que paga generalmente de una u otra forma un patrocinador, no caiga en la presión de jugar al límite es un incauto. Y riesgos para su vida los corre también un limpiacristales cuando se cuelga en una fachada, y lo hace para ganarse el pan, igual que muchos deportistas. A lo mejor tiene que tomar pastillas para el mareo para poder trabajar y a nadie se le ocurrirá decir que se las prohíban. Y está compitiendo, porque ese puesto de trabajo si él se marea iría a otra persona.

  43. Pay per head

    10 de octubre de 2012 a las 1:27 am

    muy pero muy interesante este artículo sobre el dopin cuando hoy en día se escuchan muchos casos de doping principalmente en deportes como el ciclismo, el baseball o la natación principalmente, esperemos que se reduzca la incidencia de dopados

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