Ahora me hago el duro, claro está, pero no hace tanto no tenía más remedio que claudicar, y hacer lo que se supone que los novios deben hacer en San Valentín. Esto es: comprar, pagar, regalar, dar conversación y, si hay suerte, follar. La condena del 14 de febrero suele darse, sobre todo, en esos primeros años de relación en los que uno está dispuesto a negarse a sí mismo para no negar lo que se está construyendo entre los dos. Cuando el sacrificio no lo es tanto, cuando el resto de cosas empiezan a importar menos y cuando uno reniega de lo suyo sin sentir traición por ello. Quiero decir, normalmente, o al menos en mi caso, a las novias no les va el fútbol, o no les va en el sentido enfermizo en el que nos va a muchos de nosotros. Ninguna novia que yo conozca sabe cómo quedó un Sporting-Deportivo del año 93, ni se acuerda del bigote que llevaba Meléndez en los cromos. Ninguna novia cabal asumiría de entrada una fiebre así de estúpida, y es en esos primeros años de celebrar San Valentín y mierdas varias a los que hacíamos referencia, cuando -por ir a cenar con gente que ni sabías que existía, por ir al cine a ver películas infames- uno se pierde partidos que no volverá a ver jamás.
Y eso es exactamente AMOR.
La situación se agrava si vuestra novia es como la mía. Creo que ya lo he contado alguna vez pero, total, no tengo nada mejor que decir. Me repito. Cuando conocí a Delia, ella pensaba que Ronaldinho, Romario y Ronaldo eran la misma persona con apodos distintos. Aún más, Delia creció con su madre preguntándole, en esas conversaciones que deben tener madres e hijas, supongo, en plan de mofa: ¿Te imaginas que te sale un novio que le guste el fútbol? Jajaja, sí claro, y qué más.
Pues toma.
Pero lo extraño de todo es que con Delia se obró el milagro. Empezó a venir a Castalia y dio la puta casualidad de que el Castellón no parecía aquel año el Castellón. Era la primera temporada de Oltra, batió el récord nacional de partidos sin perder, y destilaba ilusión, diversión y esas cosas que de vez en cuando, muy de vez en cuando en esta plaza, nos proporciona el fútbol. Noté enseguida que ella se fijaba en temas en los que yo no me fijaba en absoluto, tipo la ropa de no sé quién, la composición del Kinder Bueno a la hora de merendar, o la conveniencia o no de coger en invierno la manta del maletero del coche. Delia tomaba el fútbol a modo de excursión y, evidentemente, era una segura consumidora de Deportes Cuatro en el futuro inmediato, pero aún así no dejé de quererla. Y como ella partía de cero, además, y yo no hablo mucho en el campo, creó en su mente un vocabulario particular que todavía me hace gracia. Creo que ya lo he contado alguna vez pero, total, sigo sin tener nada mejor que decir. Me repito II. A los porteros, Delia los llamó paradores, porque paran. A los defensas los llamó quitadores, porque quitan. A los centrocampistas los llamó pasadores, porque pasan. A los delanteros los llamó chutadores, a veces, porque chutan, y metedores, otras veces, porque meten. Y al entrenador, al más importante, lo llamó mandador. Porque manda.
Y eso es exactamente AMOR.
foto: zazzle.es







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#1 pakorn dijo,
14 febrero 2012 7:46 pm
Real como la vida misma!
#2 Carlos Pérez dijo,
14 febrero 2012 10:53 pm
Jaja, GRANDE, me has alegrado la noche! Fantástico!
Saludos!
#3 protodo dijo,
14 febrero 2012 11:09 pm
Solo verdades como puños…Entrañable.
#4 Kapo dijo,
15 febrero 2012 9:38 am
Pues celebro ser la excepción. Mi novia tuvo claro desde el primer día que el fútbol era sagrado, intocable. Cuando hay futbol, no hay cine, ni teatro, ni cenas. Eso sí, en todo lo demás manda ella
#5 pablo dijo,
15 febrero 2012 10:14 am
Magnífico! Como la vida misma. Anda que no me habré perdido yo partidos importantes por complacerla. Eso sí, los del Atleti son sagrados… bueno, no siempre.
Un saludo.
#6 @GarrinchaCF dijo,
15 febrero 2012 1:15 pm
Enrique eres un puto artista, que real y cuanto me has hecho reír
A la mía le encantan las tandas de penaltis, dice que es lo que más le gusta del fútbol. Eso sí aunque ella no es una enferma (como yo) si le gusta el fútbol. Ha estado conmigo en San Siro, en Rosario viendo un Newell’s-Racing (cantando ‘y dale alegría alegría a mi corazóooooooon – la Copa Libertadores es mi obsesióoooooooon) y un Racing-Quilmes. Al River-Boca no le deje venirse, y el próximo reto es ir al Bernabéu o al Calderón esta temporada, pero con este frío a ver como la convenzo. Eso sí, anoche por San Valentín no vi la Champions (tampoco me interesaba mucho el Barça) y nos tragamos ‘De Boda en Boda’. AMOR, es lo que hay
#7 Jan dijo,
17 febrero 2012 3:53 pm
¡Calzonazooooooos!
Mi novia tuvo claro desde el primer momento, y de esto hace ya casi 14 años, que cuando el Rayo Vallecano salta al terreno de juego el mundo se paraliza. No hay comidas ni eventos familiares, otros planes, ni siquiera sexo (lo que le hace ver que la cosa va en serio). La franjirroja manda sobre esas otras cosas banales.