
- ¿Xavi o Iniesta?
- Busquets.
- Bah, en serio. ¿Xavi o Iniesta?
- ¿En serio? Mario Rosas.
Soy tan vago que perdería un concurso de vagos por no presentarme. Soy tan vago que mi foto debería estar al lado de la entrada de vago, ga
(Del lat. vacŭus) en la enciclopedia. Soy tan vago que empiezo este artículo con un par de tópicos que apestan, y soy tan vago que retomo aquí lo que dejé ayer a medias. Soy tan vago que una vez estuve tres días sobreviviendo a base de azúcar y cerveza por no cruzar la calle hasta el supermercado. Soy vago, sí, extremo, y lo saben mis amigos, mi familia y mis compañeros de trabajo. Lo sabe hasta el colega Borja Barba, que perdona con infinita comprensión mi catálogo de excusas para no escribir apenas en Diarios de Fútbol. Soy tan vago que mi pereza es mayor que mi vanidad, porque si subo algo aquí, y algún muchacho tipo Bortibort me dice en Twitter, oye mola eso que has escrito, me pongo en modo pavo real, abro mis plumas y llamo a mi novia: ¿Ves? No he tendido la ropa, no he puesto el lavavajillas y no he bajado a comprar… pero mira esto.
Soy tan vago que soy muy de Mario Rosas. Por imperfecto. Por humano en esta época de deportistas modelo. Por inmoral. La semana pasada fichó por el Huesca, y soy tan vago que quería escribir algo pero no lo hago hasta ahora. Y porque la alternativa a la escritura era ir al gimnasio, que conste. Hasta hace poco, Mario estaba en no sé qué equipo de Azerbaijan o por ahí. Un día entré en la web y no entendí mucho, pero llegué hasta su ficha, y a su foto con sonrisa de jugón, que parecía la foto de un jugador de béisbol molón. La vi y pensé, qué cabrón. En Azerbaijan, qué tío, con un par.
Para el que no lo sepa, Mario Rosas nació en Málaga. Con 12 o 13 años el Barcelona lo reclutó para La Masia. No tardó en ser la estrella de su equipo en cada uno de los escalones que precedieron su salto mordido a la plantilla profesional. “El bueno era Mario”, recuerda Xavi, amigo y escolta en el verde, cada vez que tiene ocasión. “El bueno era Mario”, confirma Iniesta, que lo observaba con admiración, unos años menor. Nadie dudaba de su valía, encerrada en un cuerpo enjuto de menos de 1,70 de altura y peso escaso, que decantaba partidos desde la mediapunta. El creativo de toda la vida. Ni seleccionadores de las sub-loquefuera, ni los jugadores del primer equipo. Con 17 años subió al vestuario de los mayores. Nadie dudaba. No tardó en compinchar con Guardiola y Figo, no tardó en convencer a Louis Van Gaal. Talento llamando a talento. La promesa a punto de confirmar.
Y Mario llegó. Pero no se quedó. Tuvo algún minuto en Liga, calentó la banda incluso en Champions, y luego se enredó en lesiones musculares y matices que con el tiempo devienen excusas. Se dejó llevar, resumiendo, y al salir del Barça todavía más. Una vez lo entrevisté, una de esas entrevistas largas y pretendidamente profundas, y me dijo que no se arrepentía de nada, que también había sido y era feliz, que no se pregunta hasta dónde, de haber tenido otra pasta, u otra pizca de suerte, podría haber llegado. No sé. Su voz me decía eso. Sus ojos, lo contrario.
Mario se fue de Barcelona y se empapó del trauma de entender que al fútbol se juega de otras maneras, allá fuera. Para muchas de ellas no estaba preparado. Deambuló por Alavés, Salamanca, Cádiz, Fulham… Hasta estuvo en una pretemporada en Estados Unidos, flipando. Le dieron un fajo de billetes y una lista de entrenamientos. “Has de venir aquí, aquí y aquí, a tal hora. El resto del tiempo haced lo que queráis”. Eso, en un resort de lujo, o parecido. No llegó a debutar, claro.
El desplome de Mario tocó fondo cuando bajó a Tercera con el Girona. Entonces aterrizó en Castellón, y se pasó una temporada entera sin apenas jugar. El vuelco se produjo en la siguiente. Pepe Moré, el entrenador, retrasó su posición, y Mario halló un desafío bello y extraño. Quizá se dijo a sí mismo que era la última oportunidad, que ya era hora, quizá le motivó su nuevo oficio de organizador, o quizá alguien le cogió del cuello y le abrió los ojos de un broncazo. No lo sé. Pero Mario se convirtió en uno de los mejores jugadores de Segunda, añadió un montón de muescas a su fútbol y, a su vera, el Castellón pasó de pelear por no bajar a luchar por subir. Y anduvo cerca, ya con Abel en el banquillo, esperando en el mercado invernal el empujón definitivo de su dirigencia. Y hubo empujón, pero hacia abajo.
Mario salió de Castellón y volvió el Castellón de antes. También volvió el Mario de antes. El desastrito que tanto comprendemos quienes compartimos su tendencia a la autodestrucción, sin ni siquiera soñar con tener su talento. Si viviera en Huesca, me acercaría a algún entrenamiento. Merece la pena. Es inmortal en los rondos, sin un fallo, sobradísimo en los ejercicios de posesión en espacios reducidos. Seguramente no hará nada en Liga pero a mí, que vivo bien lejos y el Huesca me da igual, qué carajo me importa. Si pienso en Mario recuerdo un jugador bronceado, que utiliza las dos piernas, el exterior y el interior, se asocia en corto, es preciso en largo, sabe regatear y conduce la bola con pasito corto, tan suyo, engañando en la finta y el regate con media sonrisa. No corre, trota. No suda, brilla. Y no trabaja, juega.
Y si es tan bueno, ¿por qué no está con Iniesta y Xavi? Bien. Soy tan vago que me ahorraré sus defectos.
foto: lankaranfc.com







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#1 cityground dijo,
9 febrero 2012 7:17 pm
Ahora lo tenemos por Huesca, a ver si nos ayuda a salvarnos que esta difícil.
El otro día debuto contra el Sabadell y jugo bastante bien.
Cuando vino con el castellón hace 4 años era una maravilla, de los mejores jugadores que he visto en estos años en 2ª en el Alcoraz.
Por muchas condiciones que tengas en juveniles no todos llegan al primer nivel, hay muchos factores que hacen que uno llegue y otros a priori mejores no.
#2 milestone dijo,
9 febrero 2012 7:27 pm
En aquel partido en El Alcoraz hizo uno de sus últimos goles con el Castellón, no fué un gol de filigrana, fué un gol de fuerza y es que aquel año Mario parecía otro fuera de Castalia. Por aquí se le recuerda.
#3 Bortibort dijo,
9 febrero 2012 7:37 pm
El bueno es Enrique.
#4 Enrique Ballester dijo,
9 febrero 2012 7:55 pm
No seas pelota, Bortibort, que no lo necesitas
#5 Rodericco dijo,
9 febrero 2012 8:51 pm
De los mejores artículos que he leído en lo que va de año. Bravo, Enrique.
#6 Borja Barba dijo,
9 febrero 2012 8:58 pm
Vaya imagen debo de tener ahí fuera, vaya imagen…
#7 Miquel dijo,
9 febrero 2012 9:16 pm
Creo recordar haber visto algún partido de Mario cuando jugaba en el B y oír a muchos de esos que entienden de futbol base confirmar lo buen jugador que parecía y el futuro que tenía si no se torcía nada. Pero veo que Ballester y yo tenemos algo en común (a parte del gusto por el futbol) y son los jugadores que humanizan el futbol. Además utilizando esa palabra. Porque a veces parecemos olvidar que esos deportistas que nos venden como modélicos y sin defecto alguno son tan imperfectos como los que felpamos con ellos en la grada. No es el primer texto que leo de Mario en los últimos tiempos, pero si el que mas me ha gustado.
Un saludo
#8 Catalogos de Ropa Interior | Catalogos de Ropa Interior dijo,
9 febrero 2012 10:21 pm
[...] A propósito de Mario Rosas – Diarios de Fútbol [...]
#9 theosarapo dijo,
10 febrero 2012 4:57 am
Efectivamente, en aquel Barsa B que ascendió a Segunda de la mano de Rojo, creo. El bueno era Puyol jugando en el centro del campo donde oficiaba la maravillosa manija de Mario Rosas. ¡Vaya equipazo¡
#10 @miguelbuke dijo,
10 febrero 2012 9:44 am
Prototipo de juguete semiroto de la cantera del Barça. En la virtud se esconde la maldición, la de las especifidad extrema de un fútbol que hace que los que son buenos triunfen en el Barça. Mientras tanto, los que no lo son tanto, o simplemente los que no tuvieron tanta suerte, salieron de allí desnudos por no conocer otra forma de fútbol.
Como se imaginaría uno secuela del show de Truman. Un tipo que no sabe manejarse en el “mundo real” tras tantos años de un entorno específicamente creado para su deleite.
#11 WalterEggo dijo,
10 febrero 2012 10:19 am
Dadán y Enrique son sin duda mis favoritos. Que gran artículo, copón.
#12 Rober dijo,
10 febrero 2012 11:28 am
#10 @miguelbuke
A gran cantidad de jugadores salidos de las divisiones inferiores del Barça les ha ido de maravillas en otros equipos: Rufete, Verdú, Sergio García, Luis García, Botía, Damiá… sólo por el caso de este chaval y algún otro no se puede generalizar, ni decir que no salen preparados para “otros tipos de fútbol”.
#13 Jarke dijo,
10 febrero 2012 11:48 am
Joder, no me gustaría tener a Borja Barba como jefe. Me lo imagino con látigo y todo…
#14 WalterEggo dijo,
10 febrero 2012 1:25 pm
A mi el que me da miedo es Ramón (dicho desde el cariño y el respeto)
#15 Zine dijo,
10 febrero 2012 2:20 pm
Gran artículo. Yo le recuerdo también en su etapa en el Murcia, cuando quería jugar era mediocampista de primera pero sobrado. Una pena, o no, si a él le ha valido la pena…
#10 @miguelbuke
Como Arteta, Roger… o los varios que ha recordado Rober, sí. A Mario le perdió su mala cabeza, nada más, como a Nano, como a Trashorras… El que es buen jugador y está centrado puede jugar donde sea, por mucho que se le haya “especializado”..
#16 victor dijo,
10 febrero 2012 3:28 pm
Sigue sin poner lavadoras y escribe más. Un delicia el artículo, enhorabuena
#17 A propósito de Mario Rosas « cajondelosrecuerdos dijo,
10 febrero 2012 4:10 pm
[...] A propósito de Mario Rosas [...]
#18 mayerckick dijo,
10 febrero 2012 5:10 pm
El artículo incluye una gran falsedad: Enrique ya no tiene novia. Ahora se llama mujer
#19 peluchon dijo,
10 febrero 2012 5:44 pm
eres un fenomeno ya quisieran + de la mitad de los articulistas deportivos escribir la mitad que tu.gracias
#20 Pepe Szendrei dijo,
10 febrero 2012 6:14 pm
Muy grande el artículo, Enrique.
Y qué gran caso de “puedo y no quiero” Mario Rosas. En Cádiz no brilló como en Castellón, pero se veía perfectamente cuánto potencial desperdiciado tenía.
#21 desde la barrera dijo,
10 febrero 2012 11:23 pm
En el Murcia no hacía nada de nada, un pufo absoluto.
#22 EdPH dijo,
13 febrero 2012 4:31 am
Suelo pasar por el blog casi todas las semanas, siempre encuentro algo interesante, pero no se por qué había pasado por alto este artículo. Como socio y aficionado a la UDSalamanca, equipo anterior a la penúltima aventura de Mario, me soprendió que Rosas volviera a la Segunda División tras la nefasta temporada anterior, pero más me soprendió que fuera TT en Twitter. Intento recordar algo bueno de esa ultima temporada y que nos mandó a Segunda B y…. quizás unos pocos minutos a principio de temporada, y ya.
Este chico es más que un juguete roto, es un ejemplo más de que sin cabeza. Pero en su fichaje por el Huesca, el que más mérito tiene es su agente. Ha conseguido colocar de nuevo a su pupilo, y todos estamos sorprendidos.
En fin… con esta sopresa dejo mi comentario, y si alguien quiere conocer el cariño que por Salamanca se le tienen (aquí se le llamaba MARIO FOUR ROUSES, por ser cliente habitual de un conocido local de copas) que se pase por el post dedicado en el foro HALA UNION: http://halaunion.com/foros/viewtopic.php?t=5775.
A pesar de todo, gran artículo.