Algún día seré el capitán de Gales, piensa Aaron James Ramsey a sus 17 años cuatro meses y veintidós días, una idea que aflora solo cuando logra olvidarse un segundo de porqué Dave Jones, nacido en Liverpool pero entrenador del Cardiff, me has dejado en el banquillo en la tarde soleada de Londres, precisamente hoy que es la primera vez que pisamos este estadio por dentro, que me ha conmovido vacío y ahora me estremece porque se han agrupado noventa mil almas sumando las suyas y las nuestras. El camino a Wembley estaba escrito desde Middlesbrough, cuartos de final, el partido que vio todo el mundo, que vio Sir Alex Ferguson para posteriormente descolgar el teléfono y marcar mi número. Poco nos costaría ponernos de acuerdo porque si me había fijado en alguien en mi vida, si me preguntaban cuál era mi ídolo y no te alargues, sé concreto, porque sólo puedes decir uno y sólo uno, ese era en Ryan Giggs. Un galés que vestía impoluto de red devil, y porqué no iba a vestir yo esa camiseta si la oportunidad se presentaba, si mi único pero era estar relacionado con John Benjamin Toschack por arrebarle un récord, el de precocidad en Cardiff.
Allí estaba Aaron James Ramsey, saliendo al terreno de juego en la última media hora, observador a cámara lenta de la jugada que decidiría el título. Una defensa clavada en el césped mientras al portero Enckelman se le escabullía el balón de las manos, el compañero Roger Johnson no reaccionaba y la punta de la bota de Nwanku Kanu pasaba por allí. Uno a cero, Portsmouth campeón de la FA Cup.
El viaje a Manchester se fue al garete porque apareció Arsène Wenger, y no el Arsenal, sino Arsène Wenger, para contarle que el club al que entrena siempre da opciones a los jóvenes, que podrá competir al máximo nivel, que lo repito las veces que haga falta, creo en ti eres presente y eres futuro.
Unas semanas después Aaron Ramsey se enfundaba la malla de los gunners. En agosto debutaría en la Champions League contra el Twente. Al mes lo haría en liga frente al Blackburn Rovers y en noviembre se armaría por primera vez con los colores de la selección absoluta. A sus 17 años, diez meses y veinticuatro días, Aaron James Ramsey veía más cerca que nunca ser el capitán de Gales y lucir el distintivo que reposaba aquella noche en el brazo izquierdo de Craig Bellamy.
En Londres había un espejo en el que mirarse, un líder de sus características que iba de área a área y se había convertido, tras la marcha de Thierry Henry, en el jugador más importante del club. Todo el Emirates Stadium se lo puso en la cabeza, mira Aaron, fíjate bien, aquí está el camino, tú serás el nuevo Cesc Fábregas. El mismo Cesc Fábregas que el 27 de febrero de 2010 le marca un penalti al Stoke y dice que ya está bien, que de estas ha visto tres, Abou, Eduardo y Aaron, que qué puede decir, que es difícil, que si no estamos suficientemente protegidos y hablas con el árbitro y te dice play on play on y sé que esto es Inglaterra pero hay un límite.
Ryan Shawcross se marcha llorando al vestuario y Aaron James Ramsey, a sus 19 años dos meses y un día, al hospital con una pierna rota. Quién le iba a decir unos años atrás que la entrada más dura posible le esperaba en la senda del fútbol. Él que había antepuesto el juego de caballeros jugado por villanos al juego de villanos jugado por caballeros.
He’s Aaron Ramsey, He is a Welshie
he loves the rugby, just like his dad
he told sir Alex, You’ll never have me
because I’m an Arsenal lad!
Hay pocos casos de jugadores de rugby que se hayan pasado al fútbol o al contrario, jugadores de fútbol que hayan destacado en el rugby. Puede que el inglés Danny Cipriani, que en su momento llegó a jugar con los reservas del Queens Park Rangers. Está Luke McAlister, internacional neozelandés que de joven hizo una prueba con el Manchester United. Los hermanos irlandeses Kevin y Mick O’Flanagan, que en los años cuarenta representaron a su país en ambos deportes, pero en definitiva hay pocos ejemplos. El de Ramsey es uno de los más recientes. En sus días de estudio en Caerphilly, en el sur de Gales, compaginaba la práctica de fútbol con el rugby, aunque ya se había decantado por el primero cuando los ojeadores del St. Helens, club que participa en la máxima competición europea, fueron a buscarle. Puede que aquél día en Stoke-on-Trent recordara su elección, cuando les dijo a los representantes de los Saints que gracias pero no me interesa, son muy amables pero ya he firmado por el Cardiff City. Resulta irónico que Ramsey sufriera su lesión ante el Stoke, lo más parecido al rugby en el mundo del fútbol. Tibia y peroné, sin pronóstico inicial de recuperación, quién sabe si volvería a jugar. En el imaginario del futbolista quedaba muy lejos ese día en el que debía capitanear las ilusiones de su país.
Un mes sin andar. La primera pregunta va dirigida a uno mismo: ¿Volveré? Había que olvidar por un tiempo el deporte y concentrarse en ganar el valor necesario para presentarse diariamente a las sesiones de recuperación. Un día pensar en positivo, que coincidieran dos días buenos en una semana, y al fin volver a echarlo tantísimo de menos. Nueve meses después de Shawcross, Aaron James Ramsey volvió a pisar un terreno de juego con la camiseta roja y los pantalones blancos. Los Wolverhampton Wanderers visitaban las instalaciones de los reservas gunners. Allí el joven galés volvía a empezar de cero. Puede que futbolísticamente desde un punto más remoto que aquel banquillo de Wembley, con Dave Jones a un lado y la final perdida. En términos contractuales gozaba de total seguridad porque el Arsenal le había extendido el contrato en plena convalecencia.
Antes de regresar al primer equipo probó una cesión de tres meses al Nottingham Forest. En enero de 2011 se decidió por una segunda al Cardiff City, porque la tierra de mis padres es tan querida para mí que seguro me da el último empujón a la élite. El 12 de marzo, más de un año después de su lesión, Aaron Ramsey estaba sentado en un banquillo, esperando su oportunidad en la misma competición que le había dado a conocer. Saltó al césped de Old Trafford sustituyendo a Abou Diaby en el minuto 72, y aunque ese día no le enfadó la suplencia, su equipo también perdió y cayó eliminado.
Unos días más tarde, el desaparecido Gary Speed nombraba a Aaron James Ramsey, 20 años y 90 días, capitán de la selección de Gales. Un poco pronto, pensó Wenger. Seguramente el futbolista tampoco se lo esperaba, pese al algún día seré capitán que había llevado en mente desde su debut.
Ramsey es habitual en los planes del técnico francés y empieza a enseñar las cualidades que se le intuían antes de Stoke. No ha explotado aún, pero se le espera, si bien el afamado Jack Wilshere ha aprovechado su ausencia para adelantarle por la derecha.
Esta tarde, el futbolista galés que un día quiso jugar al rugby y después prefirió el fútbol, dará gracias al calendario por haber situado el partido del Arsenal en sábado. Hoy empieza el Seis Naciones para Gales, que juega ante Irlanda a las 4 de la tarde. De haber escogido el otro camino, porqué no iba a vestir esa camiseta si la oportunidad se presentaba. En otro escenario en otro deporte, cantaría La tierra de mis padres con catorce y no con diez.
Enlaces de interés / Fuentes
The gunning hawk | Aaron Ramsey on choosing football over rugby
BBC | Ramsey’s debut with Wales
Youtube | La lesión de Ramsey
En DDF | La pasión y el compromiso
En DDF | Gary Speed. Futbolista, héroe, persona
Lista | Jugadores que han cambiado entre diferentes códigos de fútbol







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#1 luis dijo,
5 febrero 2012 11:17 am
Buen artículo e interesante historia que desconocía.
#2 Celtic de Glasgow dijo,
5 febrero 2012 6:38 pm
Ahora en la actualidad es un fantasma en los campos de fútbol.
#3 Gunnersaurio dijo,
5 febrero 2012 7:21 pm
#2
de que estas hablando? Ramsey se recupero y es uno de los buenos elementos del mediocampo del Arsenal
#4 desde la barrera dijo,
6 febrero 2012 1:06 am
Go Gunners, grande Ramsey