Mirar a los ojos de la gente es sencillo tras marcar el gol que deposita en la Premier al equipo de tu vida tras 104 años de historia mediocre. Levantas la barbilla y le gritas a todo el mundo lo cojonudo que eres. Fácil. Aguantar la mirada mientras desgranas el desastre que ha sido tu vida post-fútbol, un reguero de jornadas alcohólicas jalonadas con repetidos intentos de suicidio es harina de otro costal. Dean Windass, de los pocos futbolistas que han alcanzado la categoría de héroe aunque fuera en casa humilde, se volvió humano de golpe. Pienso en Windass y recuerdo lo que confesó en su día Kevin Keegan. Es complicado encontrar algo para reemplazar al fútbol porque realmente no existe.
Cuando leí el asunto en la prensa telefoneé inmediatamente a Paul Giblin. Quería conocer la opinión de un hincha confeso del Hull. Para averiguar si todo había sido, como a mi me parecía, la revelación inesperada de un tío normal, o la culminación de un rumor que ya llevara tiempo ronroneando en la grada. Me cuenta que casi nadie en Hull conocía los problemas de Windass con la bebida, algo sorprendente teniendo en cuenta que admitió empujarse una docena de tragos al día. Quizá sus años en el Middlesbrough, uno de los clubes ingleses que más han trabajado por perpetuar la cultura de la pinta, hicieron algo por la causa.
Sea como fuere el caso de Windass representa como pocos el paso del viejo fútbol al nuevo. Seguramente nadie le explicó al nueve, un tipo llano al que al que no se le cayeron los anillos por volver al andamio cuando el Hull le rechazó en edad juvenil, la manera de lidiar con el fútbol moderno. Nadie le dijo que mamarse y comer hasta reventar no era lo más aconsejable para un profesional de la pelotita. Y si alguien le aconsejó le entró por un oido y le salió por el otro, como a todos. Los goles entraban a chorro y eso era lo que contaba.
Acelera hasta el precipicio y mira abajo, como diría Lotina, no es fácil. Los bálsamos que el circo reserva a algunos se le negaron a Windass. Pésimo comentarista, escritor limitado y con escaso éxito en los banquillos, volvió a la actividad que dominaba y estuvo a punto de matarse. Depresiones, decepciones, extravíos y muerte. Entre tanta purpurina conviene no olvidar que el fútbol también es esto.








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#1 Miguel Sureda (@miguelbuke) dijo,
25 enero 2012 1:03 pm
Iba a ponerte un comentario pretendidamente ocurrente sobre la pinta de estibador de Windass y lo ideal que hubiese sido un cameo suyo en la segunda temporada de The Wire, pero para qué arruinarte el texto, Sergio, con la clase que tú gastas…
#2 Manuel Martín @manucdl dijo,
25 enero 2012 7:39 pm
Casos como estos se encuentran más instalados en la Premier League que en España. Algo tendrá que ver también la cultura con ello. Desconocía a este jugador y el texto se me ha hecho incluso breve.
#3 Sergio Cortina dijo,
25 enero 2012 9:42 pm
Tomando pintas y chupitos en el bar del puerto, Miguel. Temporada clásica