Abonado, como estoy, a la patada disimulada, al fingimiento en el área, al pelotazo arriba como resumen de la creación; es normal que mi elástica de guerra vaya más unida a la tosca maraña de Uhlsport que a la elegancia brillante de Nike. Me siento más cómodo con una pesada y mate camiseta de Legea que con las rayas de purpurina con las que Adidas remata sus prendas. Para entender el fútbol hay que ponerse en la cabeza del amigo que llama religiosamente cada semana para confeccionar dos equipos. El amigo que elige campo, que reserva pista, que recoge el dinero y que paga, disciplinado, mientras nosotros bromeamos en el vestuario y nos quitamos las botas humedecidas por el contacto salvaje con el falso césped. Ese amigo es, curiosamente y no me he equivoco, el que más conjuntado viene. Pensad en él. En sus medias a juego, el pantalón ceñido a la perfección y la última camiseta que ha sacado su equipo. O lleva el blanco merdellón con dorado que podría haber firmado Volcom, o lleva la estilizada jaula azulgrana con la que Nike dio por finiquitado su trabajo, o la por fin elegante zamarra del Athletic que nos regaló Umbro. Cosas así.
Si miramos al vestuario, ese camerino del sudor y el castañear de dientes, veremos un par de jugadores vestidos de nada. Con esos modelos genéricos de Decathlon o Sprinter que son a la ropa deportiva lo que Ella Baila Sola son al Hard-Rock de los setenta. Esas camisetas que parecen confeccionadas con restos de chalecos reflectantes, con una tela que parece de disfraz de los chinos, con esos diseños a medio camino entre el corredor de mediamaratón y el profesor de gimnasia de los noventa. Y después, esquinados, orgullosos pero invisibles, estamos nosotros. Con nuestras camisetas del Nápoles, con una rareza del Bayern, con una carísima Adidas del Milan o quien sabe qué modelo que hayamos arañado de Ebay o de esta nuestra particular biblia de lo exótico.
Cada quince días y de la mano de Classic Football Shirts, la tienda online especializada en camisetas antiguas, nos acercamos al fútbol con una perspectiva diferente. Lo hacemos desde las camisetas con las que se ha construido la historia del deporte rey.
Volvamos al amigo que llama siempre. Alguien debe decirle que no se puede jugar al fútbol estando guapo. Que aquí, a este campo de fútbol-siete con bolitas de caucho que se meten hasta en los ojos y donde gastamos más energía yendo a por el balón que sprintando para recibir el pase al hueco de ese amigo lumbreras, no se viene a lucir prenda sino a rebañar balones. Y para eso nada mejor que suscribirse a Lotto, a Macron, a Legea, a esas marcas menores y parcas. Extrañas pero homéricamente atrayentes. Que bastante tiene con tener que perder su tiempo en llamar a cuñados tuercebotas para suplir las inesperadas bajas como para además tener que vestir de limpio. Porque cuando alguien falla un gol a puerta vacía y viste una camiseta del Bologna todos le miramos con complicidad, con ternura. Pero si alguien falla un gol a puerta vacía, si alguien comete ese error con un empate después de cincuenta minutos de pelea e insultos disimulados, y encima lleva el último modelo de setenta u ochenta euros, es entonces cuando no encontrará la más mínima acogida. Todos miraremos al suelo, mascullaremos su nombre, escupiremos lejos y pensaremos: tanta camiseta para nada.
Por eso, abandónate a la vulgaridad económica de las ofertas. Descubre en tu armario un modelo del Treviso. Viste del Charlton. Los héroes del fútbol-siete no juegan en Primera. Nuestros héroes son desconocidas estrellas de las gradas altas. Si vistes como Messi el nivel de exigencia es mayor. Si vistes como Kallon, Delap o Lovenkrands el apoyo, el respeto y el cariño están asegurados.
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#1 emedepan dijo,
13 enero 2012 11:23 am
Algo parecido pasa en las categorías regionales, pero con las botas. Si llevas botas de colores, más te vale ser bueno… Aunque si son rosas, que algún “valiente” me he encontrado llevándolas, no te salva ni la calidad… Y si eres un defensa algo tocho, que sean lo más negras y de la marca más barata posible.
#2 elhijoderomario dijo,
13 enero 2012 6:32 pm
En la variación está el gusto: un sábado de Lee Trundle y al siguiente de Giggs jojojojo
#3 NIPO dijo,
14 enero 2012 2:42 pm
Que nunca nos falte ese infrafutbolero tesoro en nuestro armario!