Hace un tiempo, en una entrevista, Raúl Tamudo se quejó, con amargo desdén, de la ausencia de lugares en la calle para jugar a fútbol. Resulta que en el antiguo descampado en el que de niño le daba a la pelota con su hermano hay ahora un Ikea. No sé. Creo que no me equivoco si sugiero a Raúl, el que ya no está, que pregunte a Álvaro Vázquez, el que reclama su trono. El chico enseña cosas que no se aprenden en ninguna escuela.
Hace poco, en una entrevista, Álvaro Vázquez explicó, con un punto de orgullo, por qué se besa una de sus muñecas cuando marca gol. “Por la sangre”, dijo. Tal cual.
Hace nada, Álvaro la lió. Lo suyo no es nuevo, pero esta irrupción última esconde el cuajo necesario para quedarse, para subir de galones, para ser el delantero del Espanyol, el club de su vida, de su gente. Lleva el ocho en la espalda pero el nueve en el corazón, donde late esa sangre que mueven los alambres que se llaman piernas. Salió en el derbi con su equipo abajo, en el límite de la resistencia. Se pegó con todos, con recado incluido para Alves y culminó su pequeña revuelta con el tanto del empate. Con astucia, con instinto, se fabricó el hueco para quedarse solo en el área, y embocarla de cabeza. Entonces la rabia contenida de su revolución, esa que empezó siendo interior, mutó en compartida, en colectiva. Y el matiz no es banal. Es el éxito el que diferencia a un valiente de un macarra.
En Copa, contra el Córdoba, fue titular. La actuación resume su potencial. Álvaro alberga dos propiedades básicas en los grandes atacantes. Una, mejora a medida que se acerca a la portería rival. Otra, es un magnífico rematador a un toque. Así marcó su triplete, anoche. En el 1-0, asomando en la segunda ola, escalonado para abrir línea de pase, recoger la descarga y clavarla cerca del larguero. En el 2-0, iluminando el centro a la larga, castigando la espalda del central, en área pequeña, demostrando que sabe ir, pero también irse, que es otra manera de llegar. Álvaro, recapitulamos y es lo que queremos subrayar, tiene el carácter del extrarradio, la sangre, y tiene el oportunismo del pícaro. Tiene todo eso. Pero incluso tiene más.
Fútbol. Con y sin balón. El Espanyol suspiraba por un gol. Se insinuaba la carga final. Antes, sin embargo, Álvaro dejó una maniobra deliciosa, control y caño, para polvorear de arte el arrebato que estaba por provocar. Ese imberbe que agitó el derbi cuando amenazaba con languidecer, ni se inmutó cuando el portero del Córdoba desvió con mérito su latigazo de diestra. Álvaro se levantó, retó con la mirada al arquero y asimiló la frustración en deseo. Ya nadie lo pudo detener. En el minuto siguiente arrancó por la diestra y tensó el centro a Sergio García, que no acertó en el segundo palo. Uy. Insistió. Tras el saque de puerta completó la secuencia con un golazo. El desmarque, la carrera y la vaselina. En el 4-2, otra vez, intuición y puntería letal. A un toque, por supuesto.
Así es Álvaro, empapado de frescura, de desparpajo, de gol. Tiene todo lo que define a una promesa, pero lo mejor es que apunta todo lo que se necesita para perdurar. Debut en el Bernabéu. Gol después en su estreno como titular. Bota de Plata en el Mundial Juvenil. Lo de ahora no puede llamarse casualidad.
foto: EFE/Andreu Dalmau







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#1 Kirkis dijo,
12 enero 2012 7:10 pm
Pues muy acertada tu comparación con Rulo.
Tiene mucho potencial pero si sigue luchando como lo hace hasta ahora, estamos ante una gran promesa de nuestro fútbol.
#2 Cacharra dijo,
26 abril 2012 4:13 am
Este, Adrián y Rodrigo del Benfica son los nombres que tengo señalados en rojo para la delantera de España en 4-5 años. A ver si se ponen fuertes y se hinchan a meter goles y darnos alegrías.
#3 Así fue la Liga: Espanyol (14º) » Diarios de Futbol dijo,
23 mayo 2012 10:16 am
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