Es bien sabido que el fútbol moderno se distingue del arcaico en el extremo cuidado de los detalles. El césped se corta a una altura predeterminada, se riega o no, se ensayan jugadas de estrategia de saque de banda, se contratan speakers profesionales para animar a la afición, o se opta por un modelo individualizado de bota que permita maximizar el rendimiento del futbolista en cuestión. Cada rincón del juego o sus alrededores es explorado al milímetro, descompuesto al microscopio buscando esa particularidad que nadie ha visto y que pueda permitir arañar algún punto, alguna victoria, algún gol. Una obsesión por lo lateral que tan pronto prestigia a Benito Floro como hace famoso a Rory Delap.
Uno de estos rincones es el que ha inspeccionado recientemente Tim Myers, un tipo muy inteligente, medio matemático medio físico, especialista en mecánica de fluidos. Además de tratar de sacarse la millonada que traen aparejada las ecuaciones de Navier-Stokes, al profesor Myers también le interesa el fútbol. Y en este contexto, trata de contestar una pregunta que ha recibido bastante poca atención, pero que puede ser interesante. Dado que el equipo local es el encargado de suministrar el balón para cada partido, ¿sería posible elegirlo de un modo adecuado para que ayudase a ganar?
Recordemos que el reglamento sólo impone restricciones a la circunferencia (68-70 cm.), el peso (410-450 gr.) y la presión del balón (0,6-1,1 atmósferas al nivel del mar). Dice que su forma ha de ser esférica y nombra al cuero como material, aunque no obliga a su utilización. Basándose en estas premisas, se han fabricado todo tipo de balones, desde el diseño de goma de Goodyear a mediados del siglo XIX hasta los que actualmente guardan el secreto de un chip en su interior. Para un anfitrión, las únicas restricciones que admite el hecho de jugar con un balón u otro tienen que ver esencialmente con el tema de sponsors.
El profesor Myers investiga las causas que determinan el movimiento de una bola que gira a gran velocidad, y que se ve sometida a dos efectos contrarios debidos al flujo el aire: el referido a las ecuaciones de Bernoulli, que impulsa la trayectoria hacia arriba, y el efecto Magnus, que la envía hacia abajo. A partir de este punto de partida, obtiene dos conclusiones muy interesantes: en general, la bola responde mejor a los efectos y curva más su trayectoria jugando al nivel del mar que en altitud; y además, un balón con superficie rugosa dibuja más y mejores efectos con el mismo tiro que un balón con superficie suave. Por tanto, si vives en la costa y te enfrentas a un equipo boliviano, utiliza un balón rugoso, que sea más incontrolable. Si es al revés, usa el suave y verás el rostro de decepción de tus rivales cuando no consigan que el balón describa la trayectoria que desearon. El estudio incluso explica con detalle por qué el Jabulani resultó tan odiado por todos en 2010.
No sirve como prueba, evidentemente, pero el Bidvest Wits sudafricano asumió las enseñanzas de Myers y no perdió ni un partido más en casa en la temporada. A lo mejor pronto más gente se toma el asunto en serio.
Tim Myers | Does the football really matters?
El Periódico | Entrevista a Tim Myers







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#1 juan dijo,
16 diciembre 2011 3:10 am
Esta clase de detalles deberían de recogerse cuando alguien quiere discutir en serio el mejor equipo de la historia, el mejor jugador de la historia, o cualquiera de esas tonterías que de cuando en cuando a los periodistas se les da por discutir pero que por lo general lo hacen de la manera mas superficial. Las tecnologías han invadido de una manera asombrosa el deporte y en particular el fútbol,este ejemplo del balón no es sino una muestra.Otro podrían ser los software que se utilizan para entrenamientos, para medir rendimientos y para dosificarlos, para crear estrategias, etc. no menos las instalaciones ¿podría minerven de Bolivia competir con liverpool cuando el primero apenas si tiene un campo para entrenar y el otro tiene hasta instalaciones especiales para arqueros? Generalmente cuando se quiere hacer alguna comparación se suele abstraer todo lo que no sea habilidad o estrategia, como si el fútbol hoy en día se pudiera reducir al esfuerzo individual, al talento, o al genio de un entrenador. Realmente el fútbol se ha complejizado muchísimo,es una lastima que sus comentaristas sigan hablando de él como en tiempos de pelé o maradona, por eso esta clase de post son tan interesantes, ojalá que cuando toque comentar sobre el talento de messi no olviden hablar de toda la tecnología que acompañó su crecimiento, desde médicos hasta satélites.
#2 StreltsovGol dijo,
16 diciembre 2011 10:55 am
Una puntualización, sin querer ponerme “mijita”: eso de que las ecuaciones de Bernoulli impulsen el balón hacia arriba mientras el efecto Magnus lo haga hacia abajo… no es tan simple. Depende de la rotación del balón, ya que si rota en un sentido determinado, ambos efectos pueden sumarse al ir en la misma dirección. Aparte echo en falta una mención al efecto de la temperatura, que también cuenta mucho (no es lo mismo la viscosidad y densidad del aire a 5ºC que a 35ºC, para una altitud dada).
Por lo demás es un post interesantísimo, y que puede abrir los ojos a mucha gente acerca de la importancia de la ciencia y la tecnología en el fútbol. Por si no hubiera quedado claro desde la final de Berna de 1954 (el buen equipo alemán equipado con botas de tacos enroscables superó al excelente equipo húngaro equipado con botas más primitivas). O con los éxitos de la URSS y el Dinamo Kíev bajo Valeri Lobanovski.
#3 Le Tissier dijo,
16 diciembre 2011 4:57 pm
Ramón, que bueno eres cuando no te sale tu vena madridista.
Felicitaciones por el post.