El tardío desayuno del domingo veintisiete de noviembre fue algo peculiar. Como cada día, frente a la taza y las galletas abrí la edición online de los periódicos y lo aderecé con la ventana de Twitter. Fue allí donde me enteré. A los 42 años de edad, había fallecido Gary Speed. No voy a engañar a nadie, mi imagen de Gary Speed aparecía borrosa por el paso del tiempo. Sabía de su incorporación hace apenas un año al banquillo de la selección de País de Gales, pero se me perdía en lo más profundo de la memoria su brillante carrera como futbolista. Fueron varios fogonazos en forma de recuerdos: la implacable media del último Leeds campeón (Strachan, Batty, McAllister, Speed), el Newcastle de principios de la pasada década en Liga de Campeones… poco más. Después, con el devenir del tiempo y el ocaso de su carrera, le perdí la pista. Sin embargo y pese a esa lejanía, ayer, cuando empezaron a dispararse los rumores de que Speed había decidido colgar su cuerpo de una cuerda, le sentí cercano.
Le intenté comprender. Intenté hacerme a la idea de qué es lo que lleva a un hombre a atentar contra su propia existencia. Recordé aquellas sabias palabras de Dadan Narval, el día después del trágico suicidio de Robert Enke. ‘Quizá lo tengan todo, pero la tristeza ilimitada es una y común, tanto para el rico como para el pobre‘, decía. Seleccionador de su país con una inhabitual racha de cuatro victorias en los cinco últimos partidos, leyenda en varios de los más importantes clubes de Inglaterra, padre de dos hijos, apuesto y pletórico de salud física… Pero, al parecer, entre los éxitos hubo un resquicio de debilidad para que se colara la amargura y la tristeza. Una brecha a partir de la cual todo se desmoronó. La amargura por vaya usted a saber qué. Supongo que es algo con un componente irracional lo suficientemente fuerte como para no obviarlo. Por eso humanicé a Speed. Quizá porque hacía tiempo que le había perdido la pista como hombre de fútbol. Porque para mí el fallecido ya no era un héroe, no era un futbolista, ni siquiera un seleccionador nacional. Era un hombre, un trabajador, un padre de familia. Como si los futbolistas no pudieran ser ninguna de esas tres cosas…
Y, es curioso, por muchos kilómetros que nos separen, por mucha distancia física o social que se interponga, la muerte de un futbolista (o exfutbolista) siempre nos toca cercana. Estoy convencido de que, por muy dolorosa que hubiese sido, ninguna muerte de un desconocido me hubiese tocado tan de cerca en la mañana de ayer como la de Gary Speed. En el fondo, me sentí algo culpable. Me sentí culpable de que el simple hecho de que se tratase de un hombre del fútbol me hubiese llevado a una reflexión. Cientos de personas se quitan la vida cada semana en el mundo y ninguna de ellas me incita a recapacitar sobre sus motivos, sobre lo oscuro de sus situaciones personales o sobre las terribles consecuencias de sus actos. Pobres. Porque ninguna de ellas tiene relación con el fútbol profesional. Porque ninguna de ellas, en ningún momento de sus vidas, ha sido héroe antes que padre o futbolista antes que persona. Con ninguna de ellas habría cometido la torpeza de considerarla intocable e inmune al dolor. La desgracia es que tenga que ocurrir algo como lo de Gary para meternos de una vez en la cabeza que ellos también son humanos.
Gary Speed – RIP







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#1 Me vais a odiar dijo,
28 noviembre 2011 4:17 pm
“El amor nos iguala a todos y el desamor nos destroza a todos.” Borges
#2 Jordi Lucas dijo,
28 noviembre 2011 5:07 pm
Es una lástima lo de Gary, descanse en paz. La depresión no entiende de estatus, es una enfermedad que requiere atención y tratamiento, el cerebro humano es aún un terreno algo incomprensible incluso para los científicos.
Presiones sociales, desengaños, muchos pueden ser los desencadenantes fatales, lo que está claro es que todos somos iguales ante la enfermedad.
#3 Kurono dijo,
29 noviembre 2011 12:07 am
Gran artículo Borja, sobre una de las últimas “viejas glorias” de la First Division de Inglaterra (en activo solamente queda Ryan Giggs si no ando mal). Deberías enmarcar este artículo.
La depresión es una enfermedad. En nuestra sociedad se le quieta importancia y se cree es solamente un “mal trago”, sin embargo, de no atenderse con profesionales de la medicina (los Psiquiatras), pues pasan estas desgracias. Que en paz descanse Gary Speed.
#4 Jorge dijo,
1 diciembre 2011 6:11 pm
muy parece muy loable el homenaje en pluma que habéis ofrecido ha este hombre. Que por causas que respetamos y desconocemos dejo esta vida. El caso es que hay un punto en que discrepo el mencionarle como héroe, es la palabra menos apropiada. Muy bien has mencionado que poseía todo en una etapa de plenitud fisica, fama, dos hijos, una familia, reconocimiento de toda indole. Que bien es cierto que se lo ganó con crédito y por su propio peso durante largos años. Pero dejar así a sus hijos me parece todo menos héroe. hay gente que con menos recursos se aferra a la vida, sin ir más lejos los 30000 personas que viven en las calles de madrid. se me pone la carne de gallina que una persona que tenga hijos pueda hacer algo así. Pero lo respeto, pero no me vendáis que fue un héroe. héroes son los que luchan cada día y en peores condiciones. Saludos y paz.
#5 Saturday’s football names » Diarios de Futbol dijo,
4 diciembre 2011 8:16 am
[...] tiene 33 años. El primer futbolista que firmó medio millar de apariciones fue precisamente Gary Speed, al que se le despidió con sentidas ovaciones en todos los campos de Gran [...]