Redención

Recibo el balón pegado a la línea, como a mí me gusta. Acomodo la pelota con el pie izquierdo, delicado, privando a la línea de banda del placer de besar el cuero. Sobre mí, cincuenta mil pares de ojos se clavan en mis botas. Hay un murmullo constante, pero no lo escucho. Sólo escucho lo que quiero. Los latidos de mi corazón acelerándose, el deslizar de la pelota sobre el césped, el golpe seco del interior de mi bota en el control, los pasos del lateral que me acecha, … No quiero mirar hacia adelante. No estoy para nadie. Lo voy a intentar. Una vez más. Ésta sí, va a ser la buena. Acompaño mi arrancada con una serie de movimientos antinaturalmente interrumpidos, casi espasmódicos. El engaño. Sé que esta vez me va a salir. Amago. Hacia dentro, hacia fuera de nuevo. Concentrado en mi ejercicio no sé ni lo que tengo a mi alrededor. Ya está, he agotado la maniobra, es el momento del cambio de ritmo, de dejar atrás a mi marcador, de exprimir mi punta de velocidad. Lo intento. Me voy, disparado hacia la línea de fondo, confiado. Siento que levito. Lo único que veo es el balón, cosido a mi bota, y al fondo una línea blanca, amenazante, que se acerca cada vez más rápido. Se me acaba el tiempo, se me agota el espacio. Siento la respiración del defensor en mi cogote, no he conseguido engañarle. Está encima de mí. Ahora sí que puedo oírlo todo. Escucho el murmullo ronco de la grada. Percibo incluso algún silbido de reproche. También me llegan las voces irritadas de un compañero, indicándome lo inmejorable de su posición. Me voy al suelo. Derrotado. He perdido una vez más.

Por extraño que parezca, Diego Capel solo tiene 23 años. Sin embargo, parece que lleve toda una vida intentando una jugada imperfecta. Cuatro temporadas en la primera plantilla del Sevilla FC, en las que su imagen se fue transformando de prometedora estrella a caricatura de un extremo, fueron suficientes. El chico había llegado a un punto de intrascendencia e improductividad que amenazaba seriamente su antaño prometedora carrera futbolística. Con un único registro en su catálogo interpretativo, la exigencia era máxima. Si ese registro único no funcionaba, el menudo extremo almeriense se diluía, haciendo de su banda izquierda un territorio yermo, baldío. Y, por los motivos que fueran, pese a contar con unas dotes inmejorables para la interpretación del papel, el registro no funcionaba. Capel se había convertido, tras apenas cuatro años como profesional, en un futbolista innecesario.

El empujón que necesitaba su trayectoria para salir de las aguas pantanosas en las que parecía haberse encallado llegó el pasado verano. Y vino de Portugal. Cansado de recoger las migajas que iban dejando por el camino Porto y Benfica, el Sporting Clube de Portugal se dispuso a renovar una plantilla que ya no daba más de sí. Llegaron al Alvalade futbolistas como Ricky van Wolfswinkel, Stijn Schaars, Valeri Bojinov, Oguchi Onyewu o Jeffren. Y, entre todos ellos, un aún jovencísimo Capel en busca de redención.

Con el nuevo capítulo abierto, al almeriense no pareció lastrarle el peso de la página en blanco. Decidió reinventarse, empezar de cero. Y fue valiente al hacerlo donde lo hizo. Triunfar como extremo en un club en el que han sentado cátedra miembros de la legendaria estirpe de los hombres de la cal como Paulo Futre, Luis Figo, Ricardo Quaresma, Simão o el propio Cristiano Ronaldo exigía un esfuerzo extra. La sombra de la Academia de Alcochete era alargada, pero el fútbol tuvo a bien devolverle a Capel la sonrisa que le había robado. Asentado como titular en la banda izquierda sportinguista, el veloz extremo andaluz acaba de ser elegido por la asociación de futbolistas portugueses como el mejor futbolista del mes de octubre en la Liga ZON Sagres, tras anotar tres goles en tres partidos. Ahora ve el fútbol de otra manera. Su registro vuelve a ser efectivo y cada vez más perfecto. Ha encontrado el lugar ideal para desarrollar sus condiciones naturales en un fútbol alegre, quizá incluso algo anárquico, como el portugués. En una tierra de extremos, de gente como él. Gente a la que la grada comprende lo complejo y exquisito de su trabajo.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

8 Comments

  1. pele

    24 de noviembre de 2011 a las 3:27 pm

    magnifico

  2. Futìle

    24 de noviembre de 2011 a las 5:15 pm

    Pues me alegro bastante por él. Como tú bien dices se volvió un jugador totalmente intrascendente, cuya única respuesta ante las defensas rivales era la búsqueda de la faltita o la tarjeta amarilla. Supongo que le hacía falta este cambio de aires, que siga así.

  3. Jordi Lucas

    24 de noviembre de 2011 a las 5:18 pm

    Diego Capel tiene calidad y talento de sobra como para triunfar donde se lo proponga. Como todo futbolista, si goza de confianza, su rendimiento se multiplica, quizás es lo que le faltó en España.

  4. Kurono

    25 de noviembre de 2011 a las 2:24 am

    Pues lógico, quizá en Lisboa le están enseñando lo que tiene que hacer un extremo, y como casa de los últimos grandes extremos puros de todo el mundo (hace rato en Sudamérica esta posición fue abandonada a favor de los “Wings” o laterales de largo recorrido o bien los falsos delanteros por banda), Capel pueda recuperarse y superar por fin el “sanbenito” de ser un jugador insustancial cuya única gracia era el “piscinazo” o provocar falta al rival. No está demasiado grande, pero debe apurarse o si no, el futbol élite se le puede escapar

  5. Jorge

    25 de noviembre de 2011 a las 11:30 am

    Sinceramente no me ha gustado Capel, pero viene a ser lo mismo por lo que nunca me gustan los jugadores del Sevilla, en especial los laterales o los extremos. Son unos lloricas. Todo el rato tirandose al suelo para porvocar al defensa y la amarilla. Por eso creo que lo mejor que pudo hacer Capel era irse buscar fortuna en otro sitio. Una gran elección el futbol portugues, en el que predominan los extremos rapidos(Figo, Quaresma, Cristiano,..). No hace mucho tiempo otro jugador anteriormente del Sevilla también tuvo que emigrar a Portugal para volver a ser el que era. El año pasado se hablaba de él incluso para la selección…No digo más.

    Magnífico artículo Borja. Como siempre

  6. juni

    25 de noviembre de 2011 a las 2:19 pm

    ¿Valeri Bojinov? Hacía años que no sabía de él. ¿Alguien sabe cómo ha ido su carrera estos últimos 3 años?

    Nunca me gustó Capel, aunque reconozco que tenía condiciones. En el Sevilla la explosión de Perotti le relegó a un segundo plano en el que cada vez se fue enterrando más y más.

  7. Torreblanca

    25 de noviembre de 2011 a las 7:07 pm

    A mí, este supuesto resurgir de Capel me suena más a flor de un día. Me parece poco un mes y tres partidos para dar por recuperado al almeriense.

  8. Señor Lunes

    25 de noviembre de 2011 a las 7:59 pm

    Aunque es verdad que ha hecho un buen mes, tampoco está marcando las diferencias de modo espectacular, en muchos momentos de los partidos desaparece y tiene la manía de salir de la banda más de lo que debiera, supongo qu ebuscando participar más en el juego, lo cual le lleva a conducir la pelota de regate en regate sin moverla, que es de lo que se trata.
    No quiero restarle méritos, ojo, pero tampoco es para encumbrarlo ya, aunque por lo que estoy viendo, está muy centrado, con confianza y, sus compañeros lo tienen como un jugador mmuy importante.
    Domingos ha eliminado los problemas de Alvalade, por fion no se habla del Sporting durante la semana, y eso que Izmailov sigue con sus lesiones como siempre. Al final regenerar el equipo ha sido una gran decisión. Así que el Sporting, todavía un poco inseguro en defensa, se parece bastante al Sp Braga de Domingos pero con más clase y, repito, de momento, más dubitativo en defensa. Le falta, eso sí, jugar con los grandes, puesto que sólo lo hizo con el Sp Braga en copa y aunque ganó 2-0, tuvo la suerte de su aldo.ç
    Bojinov, llegó del Parma a cambio de Jaime Valdé sy 3´5 millones de euros, y va tirando entre lesiones y partidos. Si no selesionara tanto…