Piénsalo bien: el tiempo no existe. Decimos que han pasado unos minutos, unas horas, un día, un año, pero en realidad son meras convenciones. Hay movimiento, hay acontecimientos, pero no hay tiempo como tal. Un segundero es una aguja que se mueve, nada más. No indica nada ajeno a sí mismo. Eso lo ponemos nosotros.
Hay cambios, eso es innegable. El sol surca el firmamento a un mismo ritmo (el reloj original), las estaciones son más o menos recurrentes. Nuestro cuerpo, nuestro rostro, lo que nos rodea, sufre mutaciones. ¿Es eso tiempo? Sí, pero no. En punidad, son acontecimientos.
¿Y el tiempo futbolístico? ¿Existe? El reloj serían las jornadas, los campeonatos de invierno, los Boxing Days, las temporadas… convenciones, al fin y al cabo.
¿Y los acontecimientos? Ah, eso es otra cosa. Lo que realmente ocurre, el movimiento: los cambios en la plantilla, ese jugador adorado que ahora viste de rival, el presidente al que nadie echará de menos, la reforma en el estadio que hace que parezca otro, el descenso que impide el derby esta temporada, el título que alzamos al cielo… y algo que motiva este post: un cambio estético paulatino, a veces casi imperceptible, pero imparable que hace que un día mires atrás y te sorprendas, pues pareces otro.
Nos pasa a nosotros: ¿qué hay en común en el rostro de ese que fui hace veinte años y quien soy ahora? A veces, casi nada, a penas una sombra o un brillo en la mirada. ¿En qué punto dejé de ser ese que fui, en qué momento exacto se borró la última huella de aquel rostro?
Y con nuestros equipos pasa lo mismo. Echa un vistazo a las equipaciones de los últimos quince años del club de tus amores . Te sorprenderás como con tus fotos antiguas. ¿Realmente vestimos así toda una temporada? ¿Cómo sucumbimos a la moda pasajera de los colores fosforitos, de las formas imposibles? ¿Esos fuimos nosotros? ¿Qué tiene que ver la zamarra del 99 con la de hoy?
Las camisetas, moda futbolera, quedan así ancladas en torno a unos acontecimientos, formando algo que llamamos tiempo humano. Ésta por ejemplo, la veo y recuerdo perfectamente el momento en que mi amigo Jokin (que ya no está) la lució por primera vez, orgulloso ante todos nosotros, que la acariciábamos fascinados con las yemas de los dedos pulgar e índice como antiguamente se hacía con las telas de oriente. O esta otra, ajena a nosotros pero que a todos nos evoca nombres de dioses que derrotamos en una madrugada mágica tantos años atrás. Y qué decir de ésta, tan fea y que sin embargo ha quedado unida por aquel jugador increíble que hizo levantarse del asiento a todo un país
practicando un slalom entre jugadores como si el mismísimo Alberto Tomba condujera un balón.
Porque las camisetas viejas de fútbol son a nuestros equipos -y a nuestros recuerdos futboleros- lo que los pantalones de campana al album familiar. Un elemento que observamos mitad fascinados mitad sorprendidos, que nos hace darnos cuenta cuánto hemos cambiado y evocar lo que fuimos con un poso de nostalgia y cierta tristeza. ¿Paso del tiempo? Ya hemos dicho que en realidad el tiempo es una convención, aunque… ¿qué asunto humano no lo es?
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#1 cobra dijo,
20 noviembre 2011 12:37 pm
Un contenido diseñado para acabar en una bella oda a la publicidad.
#2 Jordi dijo,
20 noviembre 2011 12:49 pm
Un apunte, la camiseta que has puesto del Barça no es la que llevaba Ronaldo el dia del Compostela, esa es la primera que llevó Rivaldo, en el primer año de Van Gaal, ultimo año de Kappa vistiendo al Barça. Es mas, diria que fue con las que Giovanni hizo las butifarras en el Bernabeu.