La Play

Un martes de noviembre. Por la mañana he conseguido romper la pereza y madrugar para ponerme a escribir. A las ocho y media ya estaba tomando café frente al ordenador. He terminado un artículo que tenía apalabrado con la revista de música con la que colaboro habitualmente. Después, he trabajado un rato en la novela. Siempre la novela. ¿La terminaré algún día?

A las doce y media, cansado de escribir, me he duchado y vestido. Después, he ido al mercado a hacer algo de compra. Hacía buen tiempo, cosa rara en Bilbao. De vuelta al piso, he leído durante un rato (Bashevis Singer) y he cocinado. Últimamente me relaja cocinar. Jamás pensé que la cocina podría ser agradable. Ha llegado Naia (así se llama ella) y hemos comido viendo la televisión.

Después ha marchado a la oficina. Aún nos besamos apasionadamente en cada despedida, y eso me hace feliz. Llevo con ella tres años, el último conviviendo. Cuando la puerta del ascensor la oculta corriendo su telón metálico pienso que le quiero.

Recojo la mesa y friego rápido. Odio fregar. Cuido de no dejar restos en el estropajo, que sé que le molesta. Convivir es hacer propias las manías del otro, me digo, y pienso que es una pena tener las manos mojadas, porque debería apuntar esa frase.

Por la tarde escribo un rato más, pero las palabras no fluyen. Recuerdo que cuando era más joven solo escribía de noche, rodeado de cigarrillos, chimeneas de mi pequeña factoría de letras. Sin embargo ahora solo soy capaz de hacer avanzar los textos por la mañana, en pijama.

Hastiado, llamo a Javi y quedamos para tomar un café en el Lamiak. Siempre nos vemos en la misma mesa del segundo piso Es una costumbre idiota, pero que nos gusta mantener. Me cuenta que está feliz porque por fin tiene fecha para exponer sus últimos trabajos. Hablamos de arte, de literatura, de música, de la vida y de la muerte. Juntos visitamos después un par de exposiciones.

Dejo a Javi y marcho corriendo a una entrevista de trabajo -¡nadie vive de escribir!- de la que no me llamarán, pero a la que debo acudir si quiero que el INEM, de tanto en cuanto, siga ofreciéndome algo.

Ya son las ocho y media de la tarde. Naia no llegará dentro de una hora, ha quedado para tomar algo con una amiga tras el trabajo. Estoy cansado, mentalmente cansado, y no me apetece escribir. Hago un zapping de inercias entre cadena y cadena. Aburrido, decido jugar un rato a la Play Station, por supuesto al juego de fútbol.

Mientras carga, pienso que voy a jugar a que fichaba por el Fulham. Me imagino a mí mismo en una rueda de prensa en Londres. “No puedo prometer goles”, diría, “Sólo entusiasmo y esfuerzo”. El juego ha cargado. Tengo un jugador creado a mi imagen y semejanza –idealizada imagen y semejanza, por supuesto-. Entro en el editor y lo saco del Werder Bremen para trasladarlo a Londres. Empiezo una liga y el sorteo depara un primer partido de altura Arsena-Fulham. Me imagino el ambiente previo al mismo. El Arsenal sabe que no lo tendrá fácil, pero el Fulham promete guerra. En un derby, además, nunca se sabe lo que puede pasar.

Los jugadores virtuales saltan al campo. Entre ellos, ese que soy yo. Forman frente a los fotógrafos. Los flashes son relámpagos de popularidad. En la pantalla aparece la alineación con la que el modesto equipo de Craven Cottage se enfrentará su todopoderoso vecino. En la punta de ataque el nuevo delantero español llegado del Werder Bremen, con el número 17 a la espalda, formará junto Bobby Zamora y Moussa Dembélé. ¡Martin Jol sale al Emirates con tres puntas!

Comienza el partido. Últimamente no juego mucho, y he perdido práctica. Sin embargo, mi Fulham consigue resistir las embestidas de los gunners. El primer tiempo termina con empate a cero. Comienza el segundo al tiempo que oigo la puerta de entrada. Saludo a Naia desde el sillón y le digo que espere un momento, que ahora apago la Play. Se sienta a mi lado. En la pantalla, Dickson Etuhu da un preciso pase en profundidad a Dempsey, que ha caído en desmarque a la banda izquierda. El estadounidense sienta a su defensor con un espléndido regate y cuelga un hermoso balón al pico del área. Desde allí, el número 17 del Fulham empalma el balón con su pierna diestra y éste entra por la escuadra de la portería de Szczęsny, quien no puede hacer nada para impedir el gol. El Emirates, silenciado, atiende al júbilo de los hinchas cottagers. Los jugadores se abrazan. Cuando la melé se abre, el delantero emerge. La cámara se detiene en él en primer plano, Sonríe feliz. Entonces, en la parte baja de la pantalla aparece un rótulo que lo identifica como autor del 0-1:

Number 17: NARVAL

- ¡Si eres tú! –ríe Naia, señalando la televisión- ¿Pero cómo puedes ser tan infantil? –me dice, y me besa la frente antes de salir del salón.

Yo apago la Play, no sin antes terminar el partido y salvar la temporada (en el sentido informático del término) y de pronto, me invade una profunda sensación de vergüenza. Me ruborizo. No puedo evitarlo, me siento como si me hubiera pillado masturbándome.

Cenamos juntos y hablamos de cómo nos ha ido la tarde. Le digo que he estado con Javi y que he acudido a la entrevista de trabajo, pero que no tengo mucha ge. Ella me cuenta que a la oficina hoy han ido unos tipos de lo más raro, pidiendo un presupuesto para una obra millonaria. Reflexiona en alto sobre lo engañoso de las apariencias, ya que aquellos tenían pinta de no tener un chavo y resulta que estaban forrados. Mientras habla, intento imaginar qué pensara ella de mí cuando me ve jugando a ser lo que no seré ya nunca, seguir recreando un sueño de infancia. Y de nuevo me siento profundamente mal.

¿Por qué sentimos vergüenza de nuestras fantasías? ¿Por qué nos sentimos tan indefensos cuando revelamos involuntariamente nuestros sueños? ¿Por qué residen en lo más íntimo de nosotros?

Y en lo relativo a Naia, a mí, a nosotros. ¿Cuándo dejaré de ser un niño? ¿Se puede ser un padre de familia y seguir jugando a aquello que te apasionaba cuando tenías diez años?

Ella duerme. Le abrazo con fuerza, huelo su pelo, recuerdo cuando nos conocimos. Otra vez me digo que la quiero. Pero esta vez con un pensamiento inédito: quizá si la amo tanto es también porque ella sonríe ante el niño que sigo siendo. Quizá no deba avergonzarme. A ella no le importa. Nunca se burlará de mis sueños, aunque sean infantiles, aunque estén caducos y jamás se cumplan, aunque no casen con qué soy de cara terceros, aunque los recree a veces a través de una máquina.

Duermo.

Sueño.

Sueño que el Fulham llama a mi puerta.

30 Comments

  1. Land Decover

    18 de noviembre de 2011 a las 1:01 pm

    “¿Por qué sentimos vergüenza de nuestras fantasías? ¿Por qué nos sentimos tan indefensos cuando revelamos involuntariamente nuestros sueños? ¿Por qué residen en lo más íntimo de nosotros?”
    Me quedo con esto del bello relato.

  2. Lobo

    18 de noviembre de 2011 a las 1:02 pm

    Este texto se identifica muchísimo con mi situación. Cambia Madrid por Bilbao y poco más. Increíble.

    Habrá que seguir las evoluciones de ese 17!

  3. Miguel Sureda (@miguelbuke)

    18 de noviembre de 2011 a las 1:26 pm

    Crackazo. Mito Atemporal.

    Me encanta cómo escribes. Aunque a veces se me hagan largos tus téxtos (no éste). Aunque no te guste el boxeo.

    La invitación sigue en pie, por cierto.

  4. cityground

    18 de noviembre de 2011 a las 1:31 pm

    Gran relato, muy intimo y personal.

    No jugando a la play pero mi mujer debe pensar algo parecido cuando me pongo a ver un partido en el ordenador que se corta y se ve fatal, todo por ver al Forest por ejemplo.

  5. Juampex

    18 de noviembre de 2011 a las 1:52 pm

    Anoche crucé una conversación por twitter con Ramón (J Flores) en la que le decía que iba a renunciar al Pro evolution por ver la entrevista de Monica Marchante a Javier Clemente. Parece una tontuna, pero es algo que a base de noches y noches de jugar antes de dormir, ha alcanzado ese punto de casi ritual en que coinciden el placer de jugar con la sensación de ser algo casi necesario. Un libro, un programa de tv, una pelicula, han de resultarme sumamente atractivos para que esa hora y media que me robo de sueño cada día no se dedique a jugar.

    Anoche fue eso. Y hoy sales tu con esto, con lo que me identifico tanto.

    Con tantos sentimientos, y con tanto gusto por seguir jugando a la Play, sí, como desde hace tantos años cuando ser padre era algo taaan lejano. Y sí, yo también tengo mi “muñeco” creado según mi imagen idealizada (aunque tiene un bagaje de equipos extenso; a botepronto ya ha pasado por Zaragoza, Nac Breda, Vitesse, Lille Metropole, Newcastle, Fiorentina y de momento, Real Madrid ; algo que para alguien como yo no es posible más que en esa vida virtual ) y con él juego a que conquisto trofeos, partidos, goles, asistencias desde el césped, juego eliminatorias con archirivales, me enfado cuando no me convocan… y me voy sonriendo a la cama cuando consigo alguno de esos objetivos o, en caso de perder y según la época, pensando en la trampa de no haber guardado la partida o en la tontuna de sí haberla guardado pese a haber perdido, “si solo es un videojuego”.

    Y sí, también la parte más importante, la de reflexionar, disfrutar y agradecer la comprensión de ella, que duerme plácidamente mientras que yo sueño con los ojos abiertos, e incluso bromea conmigo al irse a dormir o al levantarse,preguntándome si he metido ya algún gol, o contra quien jugamos ese día.

    You represent.

  6. Kapo

    18 de noviembre de 2011 a las 1:54 pm

    Por dios, que EA compre este texto para anunciar su producto!

  7. art

    18 de noviembre de 2011 a las 1:55 pm

    Un poco cursi, pero fantástica reflexión.

  8. Juanito

    18 de noviembre de 2011 a las 3:46 pm

    Ha molado mucho!!

  9. Renardo

    18 de noviembre de 2011 a las 4:38 pm

    Brutal. Fin.

  10. KaoS

    18 de noviembre de 2011 a las 5:28 pm

    No sé como lo haces. Sinceramente. Suerte con la novela!

  11. Juntaletras

    18 de noviembre de 2011 a las 5:35 pm

    Se te han escapado un par de leismos. Lo digo de forma constructiva, no por chinchar.

    El texto me ha encantado, lo hacer tuyas las manías es muy cierto. En cuanto a hacer las cosas de cuando tenías 10 años, yo creo que te harán mejor padre

  12. Marc

    18 de noviembre de 2011 a las 6:42 pm

    Pues tu deberías vivir de escribir, la verdad.

  13. Carlos

    18 de noviembre de 2011 a las 8:10 pm

    Desde Colombia, plenamente identificado con el post. Me encantó.

    Mi esposa tambíen me mira extraño cuando juego a ser Di Maria o Mezut Ozil y mucho más, cuando uso las equipaciones de mi equipo favorito o alguna camiseta con la imagen de un superheroe.

  14. Full Norbert

    18 de noviembre de 2011 a las 10:06 pm

    Grande. Yo también he tenido mi jugador, pero en el Barça. Ahora juego con el Chesterfield, me gustó el nombre (por lo del tabaco) y me lo pedí. Estoy en el modo manager y lo he subido a la Premier rápidamente (es que no estoy en el nivel más chungo) con algún que otro fichaje y vendiendo a los que eran malos, más la retirada de alguno, pero tengo un grueso importante del primer año. Os parecerá una flipada, pero hace poco viendo internet, no veaís qué alegría me entró cuando me enteré de que el año pasado subieron a la Npower League One. Y de cómo sus aficionados echan de menos a su delantero estrella, Craig Davies. Más de millón y medio de euros me ofrecieron por él. Ni loco vendo a ese crack.

  15. Oscar

    19 de noviembre de 2011 a las 1:09 am

    Nada de vergueza!!! Yo en el Fifa Manager me creaba a mi, y tambien a mi mujer. Y cada vez que me echaban de un equipo o fichaba por otro, le decia, “cariño, nos hemos mudado a…” y ella me decia “que bien, o que mal, no me gusta esa ciudad” jejeje.

  16. edgar

    19 de noviembre de 2011 a las 2:00 am

    Genial, con tu talento solo deberías escribir, pero bueno, hay que hacer frente a las distintas circunstancias de la vida, y al igual que los demás también me he creado, en el PSG, alternando con Gameiro (jejejeje), pero únicamente juego amistosos por que da pereza jugar la Master League, ya que es muy largo (zzz). Estoy seguro que el PSG tumbará el reinado del Barca

  17. Hugo

    19 de noviembre de 2011 a las 6:10 am

    Excelente! Estas nuevas vidas que no hemos creado, para poder “viajar” por todos los equipos con los que hubiesemos querido jugar pero por circunstancias de la vida no pudimos, totalmente identificado.

  18. David W.

    19 de noviembre de 2011 a las 11:13 am

    Todos vivimos fantasías, normal que nos veamos un poco ridículos al descubrirlas, socialmente se nos encaja en cada edad en un comportamiento, y el que es capaz de pasar más, se siente mejor.
    Me parece interesante reflexión, pero si resulta un poco cursi cuando hablas de tu relación (huelo su pelo, recuerdo cuando nos conocimos… ???puf!)

  19. Jesús Marrone

    19 de noviembre de 2011 a las 1:20 pm

    Está guay el relato :) El problema es que cuando los niños son pequeños se les va matando la imaginación, así que cuando llegan a adultos no son capaces de tener fantasías o las ven como algo malo.
    No sé si fue en Redes 2.0 o en youtube donde vi un vídeo en el que había una prueba de dar un clip a la gente a ver cuántos objetos distintos podían hacer con el clip. Lo habitual eran 20 objetos, sin embargo cuando el niño era pequeño se disparaba esa cifra porque tenían más imaginació: “¿El clip puede ser naranja? ¿Puede medir el clip 200 metros?”.
    Bueno, muchas gracias por el post, me voy a comer con Ambrosio, el mayordomo invisible de mi Mansión :)
    https://www.facebook.com/profile.php?id=1452591471&sk=wall

  20. Leon

    19 de noviembre de 2011 a las 2:16 pm

    Que bueno Dadan. Mi mujer me regaló la PSP por mi cumpleaños hace un tiempo… poco más puedo decir.

  21. Mitilija

    19 de noviembre de 2011 a las 3:12 pm

    Como siempre, el jodi.do Dadán dando en la diana…que mamón. Y que grande.

  22. Martí

    19 de noviembre de 2011 a las 3:21 pm

    Espléndido. Gracias.

  23. Foquita farfan

    19 de noviembre de 2011 a las 4:29 pm

    Por que será que tantos nos identificamos con este post? Mi chica currando esta tarde de Sábado y yo en casita a darle a la Play. Habrá que crearse un jugador en el pro.

    Soberbio y genial relato.

  24. Luis Suárez

    19 de noviembre de 2011 a las 11:58 pm

    Dadan, es verdad, deberían pagarte por escribir….

    “¿Se puede ser un padre de familia y seguir jugando a aquello que te apasionaba cuando tenías diez años?”

    Si! Claro que se puede! Hay noches en casa en que primero espero a que duerma mi hijo, luego mi mujer, y por último “me robo” dos o tres horas de sueño para fantasear que tomo los micrófonos de la rueda de prensa del Artemio Franchi y juego al misterio con los periodistas, les anunció que jugará Koldrup y a último momento ingresa Camporese, provoco por medio de los mensajes del Fifa 12 al técnico rival y entre partidos hasta tengo diálogos imaginarios con mis dirigidos, sobretodo con los que no juegan a menudo… Y sí, a veces también me averguenza, pero lo disfruto y es mucho más fuerte que yo.

  25. Cristian*

    21 de noviembre de 2011 a las 4:46 pm

    Gran artículo, cómo no, aunque quizás demasiado poco futbolero para éste blog!! ;) (Por poner algún “pero”). Veo que sigues fiel al viejo Pro, pero si tienes una play3 es un sacrilegio que no te hayas pasado aún al FIFA, como ya hemos hecho la mayoría :P

    ¿Soy el único que no se crea a sí mismo como un delantero?

  26. TRITON

    21 de noviembre de 2011 a las 7:47 pm

    notable articulo, yo estoy haciendo mis primeras armas en el limitado pero valiente Hannover 96, esperando a que Jurgen Klopp me llame para jugar en el Borussia Dortmund con Mario Gotze y su banda jajaj
    aaah yo soy mediocampista, no delantero como casi todos ustedes xD

  27. Manuel Martín

    23 de noviembre de 2011 a las 5:17 pm

    Fantástico texto Dadan.

    Para algunos es la play, para otros el Football Manager o el Age of Empires. Esa realidad virtual que nos lleva a realizar cosas inimaginables en la vida real como jugar en el Fulham, no es más que una manera de plasmar nuestros sueños en un videojuego. Es bueno mantener siempre vivas esas fantasías, sabiendo que lo son, y transportarnos a un momento de nuestra vida en la que no existen las preocupaciones ni las responsabilidades: la niñez.

  28. Winterbottom

    24 de noviembre de 2011 a las 1:28 am

    Desde la emoción que me ha provocado leer tu texto, te agradezco haberlo escrito y haberlo compartido. Es salvador en todos los sentidos tropezar (por inesperado) con unas historia que me ha commovido tanto como esta. Por identificarme en algunas cosas( yo cambio la play por el football manager y mi Cambridge) y por poder confirmar que en los días de cada día siempre habrá razones para reconciliarte con el mundo que tu prefieres(Tan esquivo que parece ocultarse siempre).
    Gracias Dadan Narval

  29. NIPO

    25 de noviembre de 2011 a las 9:37 pm

    Yo creo que para disfrutar del juego tienes que ser centrocampista. Un delantero es muy elemental, pero sentirte sólo en el medio, viendo como ese atajo de mantas del Almería son incapaces de darte un pase a derechas y tu te sientes obligado a coger la pelota y hacer la recorrida memorable de todos los tiempos para marcar… y marcas… entónces eres el rey. Un rey, que como dicta la norma del jugador creado, llevará cada fin de semana un peinado diferente, intentando ser más estrfalario que el anterior, hasta que un día te cansas, le pones la cabeza del perro, te ries y sales al campo a morder a todos

  30. Antonio

    24 de diciembre de 2012 a las 12:34 pm

    Impresionante, Dadan. Me encanta. Lo leo con 13 meses de retraso, pero me parece genio este fragmento, de verdad. Quizás, te has pasado de bohemio un poco, pero lo que retratas es algo sensacional. Creo que no soy el único que se ha sentido identificado con muchas de estas frases. Enhorabuena, y, como muchos dicen por aquí: deberían pagarte por escribir.