Todo lo que ocurre en el mundo es futura carne de poema. El amor, el hambre, la guerra o los besos que nunca dimos. Hasta lo que no está puede acabar llenando un cuaderno de versos, por ejemplo, la existencia de dios; por ejemplo, la ridícula mecánica de la existencia. Para muchos de vosotros, como para mí, no hay cosa más grave en este mundo que una derrota, ni más dichosa que una victoria, ni más amarga que un penalti fallado en el último minuto, ni más extática que alzar una copa. Como los poetas, por más que pueda sorprenderos, son gente normal, también escriben sobre fútbol. En mis manos está el libro “El gol nuestro de cada día”, una antología de Francisco J. Uriz publicada por Vaso Roto Poesía. En él, gente de mal vivir desglosa su pasión balompédica en renglones que jamás llegan al margen derecho del folio. Entre ellos, ya adelanto, estoy yo mismo, la excepción que confirma la regla, porque el libro es una auténtica gozada.
Me cuesta seleccionar algún poema. Hay lugar para el panegírico más desgarrado como esa “Oda a Kahn” escrita desde el corazón por Albert Ostermaier o el laudatorio de Pablo Hidalgo al genio argentino Lionel Messi “Te he visto parar el partido y preguntar. / ¿Qué queremos de todo esto, / un día de gloria o una forma de vida, / un trofeo o un proyecto en el tiempo para los demás?”. Hay hasta una “Oda a Pep Guardiola” con versos como “¡Salve, constructor de caminos / geómetra carnal, arquitecto / de torres de victoria!”, que dejan a las claras que dentro del creador late un hincha con más tripa que seso, con más entusiasmo que reflexión calma. Es parte del encanto de este poemario, la doma de un sentimiento hirviente, su cristalización en algo más trabajado y menos perturbador que el alarido en el estadio, su conversión en un poema que encierra todo aquello y además algo de sensibilidad y orden.
Hay composiciones volcadas en el sentimiento futbolístico, en el marco en el que se desenvuelve el fenómeno del cuero “Cómo vas a saber lo que es el amor / si nunca te hiciste hincha de un club”, que canta Walter Saavedra, o la precisa descripción de Baldomero Fernández “Son veintidós muchachos, las rodillas / al aire. Olor a magulladas hierbas”. No es casualidad que la obra comience con la celebrada cita de Camus “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”.
No sé si sois lectores de poesía, tampoco importa demasiado. Siempre he dicho que para disfrutar de la poesía no hace falta saber sobre ella. Pasa igual con el fútbol, no es necesario conocer el club de origen de un extremo serbio para disfrutar de su regate. Que no os confundan. La poesía, como el fútbol, es una creación de gozo inmediato. Abandonaos un poco a la lírica, encontraréis en estos poemas extractos de nosotros mismos, fotografías de una pasión que sobre el césped o el papel merece ser revivida.







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#1 Jordi Lucas dijo,
11 noviembre 2011 4:57 pm
Un poco de poesía no le iría mal a más de un jugador…incluso Ibrahimovic caería mejor en su biografía, pero creo que las bellas artes y la filosofia en general no le sientan muy bien…
#2 Marty McFly dijo,
11 noviembre 2011 6:14 pm
Lo incluiré en mi lista de libros para vacaciones. Parece una mezcla curiosa mezclar poesía y deporte. Por cierto, hablando de leer y de mezclas, mirad el enlace a un artículo que dejaron ayer en el foro de ACB, he estado entretenido con este blog y me parece muy recomendable:
http://iloveturre.blogspot.com/2011/11/smokin.html