“Quizá la mayor facultad que posee nuestra mente sea la capacidad de sobrellevar el dolor. El pensamiento clásico nos enseña las cuatro puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades“.
Patrick Rothfuss
Pasan por la Puerta del Sueño todos los acontecimientos cuya imposibilidad metafísica define al fútbol como onirismo colectivo. No puede ser que un futbolista controle un balón, dé una vuelta de vals en otra dirección y, milagrosamente, se encuentre la bola un año después para ajusticiar a un portero. Ni que el gol que todos hemos ejecutado alguna vez en un sueño, controlando en tu campo a la que no mancha y regateando a un ejército antes de empujar a puerta vacía, lo repitieran idéntico dos tipos a los que une un hilo de plata en tiempos y lugares diferentes. Y mucho menos lo que siempre llevamos en el fondo del corazón, y que repetimos una y otra vez en ese espejo de fantasía que son los videojuegos: tomar el equipo de tu barrio, de tu pueblo o de tu pequeña ciudad, y en un parpadeo hacerlo campeón de Europa. No puede ser. Y si ese tipo seductor se llama Sueño, Morfeo, Oneiros o Sandman, igual podemos conocerlo por Dennis, Armando, Leo o Brian. Qué sabemos nosotros.
Hasta aquí lo que se refiere a esos hermosos momentos en que sonreímos con los ojos cerrados y despertamos felices, dispuestos a exprimir el nuevo día o el nuevo lunes. Pero hay momentos terribles en los que todo parece ir al revés, las grietas resquebrajan las promesas de alegría, y percibimos entre la desazón y la angustia el mar negro e infinito que se anuncia detrás. Pongamos que nuestro club va por delante en el descuento de la final de la Copa de Europa, y la pierde en un minuto. O que morimos por ese equipo que es pequeño pero orgulloso, que se enfrenta al titán en la final, va perdiendo y consigue empatar, y vuelve a ir perdiendo y vuelve hacerlo, marca un gol, dos, tres, cuatro, se queda con diez y aguanta, se queda con nueve y sigue resistiendo, y que, con Ítaca ya a la vista, acaba condenado por un gol en propia puerta de su gran capitán. Cuando el dolor es excesivo, corren las lágrimas y el simple recuerdo regala un martillazo, no hay más solución que cruzar la Puerta del Olvido. Aunque parezca tan lejana que lleguemos a creer que no existe, en algún lugar nos espera para aliviarnos. ¿Dónde está Alesia?
Luego llegan los estados superiores. Si estos sueños o pesadillas siempre nos contemplan como espectador, más o menos implicado, muchas veces demasiado, momentos puntuales nos lanzan al paroxismo. Los minutos más intensos de la vida, los que sentimos con el cerebro, el corazón y el hígado, el borde de las pestañas y las puntas de los pies. Segundos en los que estamos viviendo tanto, sintiendo tanto, celebrando tanto, que el marciano que llegase del exterior saldría despavorido advirtiendo a sus compañeros de la irracionalidad y los sonidos desgarradores capaces de proferir los extraños bichos que habitan en este pequeño planeta. Nadie recuerda nada al cruzar la Puerta de la Locura, esa que por ejemplo reventó el disparo de un pequeño vampiro, y cerró suavemente un santo de barba venerable levantando al cielo seis kilos de gloria dorada. ¿Alguien podría describir qué ocurrió en esos minutos que definen la mente en blanco?
Pero todo acaba. Lo bueno, lo malo, lo alegre y lo duro, felicidad, gravedad y desesperación. La multitud marchándose tras el partidazo, esa tristeza infinita de las gradas sin nadie de la que hablaba Galeano. Nada puede sustituir al fútbol, Kevin, cuando toca la campana de la retirada, y las piernas niegan lo que en la cabeza han dibujado el talento y la experiencia. Un ruido sordo a derribo que nos llega de los fantasmas de Highbury, Sarriá o el auténtico Wembley, catedral desaparecida. El rumor de los que defendieron camisetas que ya no existen, clubes enteros perdidos en el océano de la codicia, la ineptitud o el tiempo. Y sobre todo, por encima de todo y de nosotros, la leyenda de los que nos dejaron: las flores en la Plaza de los Héroes recordando a Pancho, las multitudes despidiendo en Belfast a George Best mientras sentían en su interior mutar la admiración en añoranza; y la otra cara, Juanito en una carretera anónima, Escobar viendo un cañón, o Sindelar Dios sabe cómo. Aunque se fueron, siempre estarán aquí. ¿Por qué entonces, siendo inmortales, tuvisteis que cruzar la Puerta de la Muerte?
El fútbol es eterno.








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#1 Futìle dijo,
10 noviembre 2011 5:51 pm
Este blog es único, conseguís poner la piel de gallila. Felicidades a todos los editores.
#2 Futìle dijo,
10 noviembre 2011 5:51 pm
“gallina” mejor dicho
#3 Jinka dijo,
10 noviembre 2011 5:55 pm
La definición del gol de Bergkamp en el primer párrafo es tan detallista (y a la par difusa), que no creo ni mucho menos que sea el único que sabía de qué gol hablabas exactamente sin necesidad de leer su nombre de pila.
Gran artículo.
#4 meitnerio dijo,
10 noviembre 2011 6:11 pm
Yo también había pillado lo de Bergkamp. Lo que me ha llegado al alma es el relato de las finales. La del United y la del Alaves. Gallina de piel, oiga…
#5 XavierJusticier dijo,
10 noviembre 2011 6:27 pm
Fantástico, esto sí que se puede decir que es fútbol hecho poesia
#6 snedecor dijo,
10 noviembre 2011 6:31 pm
Qué pasada, Ramón. Emociona
#7 Pauleta dijo,
11 noviembre 2011 2:03 am
Mas alla de las remontadas proezas goles y hazañas hay momentos tragicos dignos de los mejores dramas que quedan marcados en la memoria de cualquiera… la figura destacada de todo el campeonato pasa junto al trofeo despues de autoexpulsarse, el capitan del equipo de toda su vida se resbala bajo la lluvia y estrella el penalti decisivo en el palo, las lagrimas desgarradas despues de romperse por el mismo punto del que llevaba meses recuperandose.
#8 Full Norbert dijo,
11 noviembre 2011 4:27 am
Hay grandes momentos en el fútbol, buenos y malos.Coincido con Ramón, el fútbol es eterno. Gran artículo, sí señor.
#9 WalterEggo dijo,
11 noviembre 2011 10:36 am
Entre Dadán y Ramón esta alcanzando un punto de madurez verdaderamente encomiable. Bravísimo.
Y la descripción de ese gol de Bergkamp está a la altura del gol, de ese gol que para mí es uno de los mejores que se han marcado jamás en un campo de fútbol.
#10 moigomlo dijo,
11 noviembre 2011 1:57 pm
Que grande! Merece la pena pasarse por aqui de vez en cuando para leer estos magnificos articulos. Como aficionado recreativista todavia tengo marcado en mi memoria ese 0 – 3 en el Bernabeu el mismo dia que paso del tragico acidente de autobus. Todavia me acuerdo de la La salve rociera en ese monumento del futbol como es el Bernabeu.
#11 Ramón Flores dijo,
11 noviembre 2011 4:14 pm
Gracias a todos.
#12 ElDiez dijo,
12 noviembre 2011 12:29 am
Para no ser menos a mí también me ha encantado esta entrada, enhorabuena Ramón. Muchas sensaciones en cuatro párrafos para hablar de un deporte, pero bendito deporte que a los aficionados nos hace sentir de forma intensa algunas de esas sensaciones…