Un buen amigo, corredor de maratones, suele decir que la reina de las carreras es como la vida, porque en los 42.195 metros que separan salida y llegada recorres todo el espectro posible de emociones. Dice que por momentos estás eufórico, mientras que en otros crees que llegar al final será imposible; afirma que hay trechos que recorres sin esfuerzo, como un coche que baja una pendiente, pero que en ocasiones cada paso te cuesta un esfuerzo sobrehumano, límite; nos jura, a quienes no somos capaces de correr cien metros sin detenernos dos o tres veces, que todo lo que va desde la felicidad plena hasta la más absoluta de las desolaciones (y viceversa) cabe perfectamente en cuarenta y dos kilómetros y pico.
Cada vez que habla de su afición, nos lega otra comparación existencial que quiero compartir con vosotros: el maratón es como la vida, porque para recorrerlo no debes pensar demasiado en por qué lo estás corriendo y debes concentrarte en el siguiente paso, en el siguiente tramo, para llegar al final.
Yo, que soy más de letras que de zapatillas de deporte, y más de enquistarme en los porqués que en vislumbrar la meta, a veces pienso que contar una historia es falsear la vida. Me explico: las historias tienen su propia lógica y ésta no es compatible con el transcurrir de nuestra existencia… a no ser que obviemos hechos, falseemos un final o nos inventemos datos inexistentes. La vida no es una novela, porque la novela exige una lógica narrativa y de construcción de personajes que de la que la vida y las personas carecen.
Pero claro, quizá no podamos narrar nuestra vida como una novela o un cuento, pero sí partes de ella. Tomemos dos puntos aleatorios de nuestra existencia y, voilà, tendremos una historia. Por ejemplo: “Con diez años Dadan se convenció definitivamente de que la meta en su vida era jugar en el Athletic. Veinticinco años después, en una visita guiada a San Mamés, se entristeció al darse cuenta de que a estas alturas ya debería estar anunciando tras esos micrófonos, su retirada” o “Pedro sonrió al ver en televisión que la derecha gobernaría de nuevo el país. Ya era hora se dijo. Evitó recordar que, veinte años antes, lanzaba piedras contra la policía entre consignas revolucionarias” o “Ayer llovía, y Cristina pudo disimular sus lágrimas entre las gotas de lluvia. Pero esta mañana amaneció soleada y no pudo ocultar sus ojos hinchados”.
Todo esto lo pensé ayer, que fue para mí un día difícil. Comenté con un amigo que últimamente me encontraba sin fuerzas para afrontar mis jornadas laborales, textos, anhelos, y él me obligó a repensar lo dicho desde la perspectiva de quién era yo hace poco tiempo.
- Piensa, Dadan, lo que habrías dado hace cuatro años por tener la posibilidad de trabajar en los proyectos que ahora afrontas –me dijo.
Y con eso basto. Joder, tenía razón, toda la razón. Si ese yo reciente pudiera venir al ahora, me daría dos sopapos, exigiéndome que espabilara. He ahí otra historia con una lógica narrativa aplastante, que me obligó a pensarme a mí mismo desde un plano distinto. Quizá el momento no sea el mejor, quizá haya sueños que se me escapen entre los dedos, como granos de arena, pero quien fui hace poco no me permite quejarme por cómo estoy ahora.
Y he aquí que hoy por la mañana he amanecido ojeando las declaraciones de Koikili, lateral izquierdo del Athletic Club, sobre su situación en el equipo y he vuelto a pensar lo mismo. El bueno de Koi, querido por la afición dada su absoluta entrega sobre el campo, no cede un milímetro al abatimiento. Como si un delantero rival se tratara, marca en corto los estados de ánimo, sin dejar que se le escapen, que le metan un gol, y afirma, sin sombra de falsedad en sus palabras, que para él ir convocado los últimos partidos es un honor y una alegría.
He ahí una lección: si Koikili compara su situación con la de hace dos temporadas, por ejemplo, si narrara su historia desde aquel momento hasta hoy, la conclusión sería nefasta. Pero en lugar de ello, se ha forzado (y lo ha conseguido) a narrar esta temporada como si de una historia autónoma se tratara. Así, ha ubicado el comienzo de esa novela en un punto que conocemos: llegada de un técnico nuevo, que no cuenta con él y le aparta del grupo. Y desde esa perspectiva, es cierto, el momento actual es bueno y esperanzador.
Algunos dirán que está por ver cómo termina esta historia, que quizá Koi vuelva a la grada y todo esto quede en nada. Sin embargo, no han aprendido nada de la lección que Koikili hoy nos regala: si vuelve a la grada, esa será otra historia y será contada en otra ocasión, como diría Michael Ende. Porque ésta que hoy nos ocupa tiene un principio (comienzo de temporada) y un final eventual (hoy), y, como buena historia, es edificante.







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#1 Futìle dijo,
9 noviembre 2011 11:47 am
Qué trabajo cuesta relativizar las cosas y ponerlas en su contexto. Cada día es una batalla completamente nueva.
Enhorabuena por el texto, Dadan!!
#2 Robert Martínez dijo,
9 noviembre 2011 12:25 pm
El valor puede derivar de la comparación. Puedes sentirte genial entre mediocres o mediocre entre genios. Lo que pienses no cambiará tu posición al respecto, pero determinará tu estado de ánimo y los recursos físicos y emocionales que serás capaz de movilizar para hacer frente a las contingencias de la vida. Esa podría ser la lección. Al loro, que no estamos tan mal.
#3 Jordi Lucas dijo,
9 noviembre 2011 2:13 pm
Muy buen texto para levantar el ánimo en momentos de crisis emocional, otro ejemplo podría ser el Levante UD por ejemplo, lleva dos derrotas seguidas y algunos se pueden quejar de los últimos fallos cometidos.
Pero si se comparan hace solo uno o dos años, la evolución ha sido tan espectacular que si viniese otra derrota el siguiente fin de semana aún deberían estar felices y seguir luchando por la hazaña que están consiguiendo. Creo que la clave de todo es la modestia, humildad y saber tener los pies en suelo sin abandonar jamás.
#4 Mitilija dijo,
9 noviembre 2011 2:15 pm
Te pones a leer la web de MARCA o del Sport. Luego entras aquí, lees esta maravilla y piensas: hay algo más que una crisis económica en este país.
#5 Iñigo dijo,
9 noviembre 2011 3:22 pm
El fútbol como excusa para contar historias y reflexionar, qué gran artículo, da la sensación de estar leyendo el pasaje de algún libro, muy en la línea de todos los que escribes.
#6 Asier dijo,
9 noviembre 2011 3:39 pm
Una vez más, me quito el sombrero ante un artículo tuyo, Dadan. Preciosa y útil reflexión acerca de cómo encarar los problemas que nos van viniendo en esta carrera de fondo que es la vida.
Soy un gran admirador de Koikili y cada frase suya que leo me reafirma en mi idea. Ojalá hubiera más profesionales (en todos los ámbitos) que afrontaran así las dificultades.
Me enorgullece que en el Athletic tengamos a gente así: Koi, Gurpegi o Toquero son ejemplos muy válidos.
#7 Wasky dijo,
9 noviembre 2011 7:28 pm
@Asier
“Buh!”
#8 protodo dijo,
9 noviembre 2011 10:01 pm
Excelente articulo, ademas hoy lo necesitaba, estaba jodido y ahora no se…Creo que hay que seguir corriendo y corriendo. La meta ya llegara y cuando lo haga ( final de la crisis ) me pillara corriendo y no parao.
Un saludo.