Dicen, aunque suene difícil de creer, que todo surgió como consecuencia de un penalti. De un penalti fallado, para ser más precisos. Era la tarde del 26 de junio de 1996. Sobre el césped de Wembley, ante los ojos de millones de europeos y bajo la inquisitoria mirada de una afición sedienta de gloria, Gareth Southgate, el mítico capitán del Aston Villa, encaraba el lanzamiento decisivo de una tanda que debía de llevar a Inglaterra a una final, en este caso de una Eurocopa, treinta años después de la única disputada hasta la fecha por el país de los creadores del fútbol. El tiro fue raso, potente, hacia el costado izquierdo pero quizá demasiado centrado. Andreas Köpke atajó y se llevó por delante el sueño de toda Inglaterra. El sexto penalti alemán, convertido por Andy Möller, terminaba de confirmar la debacle. Alemania estaría en la gran final, en detrimento de la anfitriona.
Sobre aquel mismo césped, a varias decenas de metros de las celebraciones de los alemanes, un hombre, un capitán, se hundía bajo el peso de la palabra ‘DEFEAT’ (derrota). Así, en mayúsculas. Tony Adams (Romford, Essex, 1966) no pudo soportar la presión del fracaso. Las expectativas depositadas por los ingleses sobre aquella ‘su’ Eurocopa eran tan gigantescas que nadie concebía cualquier resultado que no fuese alzarse con el campeonato. Una generación extraordinaria, con futbolistas como Gascoigne, Platt, Shearer, Ince, Sheringham o el propio Adams, sucumbió (una vez más) bajo el implacable rodillo teutón. Nada extraordinario, si nos atenemos a la Historia. Quizá un revés insoportable, para la mentalidad del legendario capitán del Arsenal.
Tony Adams vio como el ocaso de su carrera había reservado para él un trago tan amargo como el sufrido en aquella tanda de penaltis ante Alemania. No lo esperaba. Su idea era otra. Una carrera incontestable y trufada de títulos en aquella zaga del Arsenal que cualquier aficionado era capaz de repetir de carrerilla (Dixon-Adams-Bould-Winterburn), la capitanía con Inglaterra, la posibilidad de levantar la Euro en Wembley… Merecía otro epitafio.
El golpe de realidad hizo tocar fondo a Adams. A lo largo de su prolífica carrera había logrado compaginar su actividad como futbolista profesional de primer nivel con una querencia por el alcohol cada vez más inaplacable, una práctica no demasiado inhabitual en la Inglaterra futbolística de los 80/90. Son numerosos, y algunos muy sonados, los incidentes protagonizados por el capitán gunner. Una vez se cayó por unas escaleras, completamente borracho, y necesitó 29 puntos para suturar una brecha en su cabeza. Tuvo varios encontronazos con la justicia a causa de la conducción. Condenado en vía penal por cuadruplicar la tasa de alcohol permitida, tuvo que realizar servicios para la comunidad en 1990. En 1994 admitió haber jugado un partido de liga con el Arsenal encontrándose bajo los efectos de veinte cervezas. El propio jugador reconocía en su autobiografía (‘Addicted’, publicada en 1998) haber llegado a entrenarse con el cuerpo cubierto de bolsas de plástico bajo la ropa para expulsar el alcohol a través del sudor. Pero, por extraño que pareciese, Adams siempre supo manejar la situación. Llevando una doble vida, capitán del Arsenal de día y alcohólico incurable por la noche, consiguió que tan grave adicción no incidiese demasiado en su rendimiento deportivo.
Pero el problema existía. Se cuenta que cuando, en el otoño de 1996, Arsène Wenger se hizo cargo del Arsenal el panorama que allí se encontró era deportivamente desolador. El estilo de vida de aquella plantilla distaba mucho de ser el idóneo para un deportista profesional. Juergas continuas, alimentación descontrolada, innumerables desmanes alcohólicos… En aquel insano hábitat, jugadores como Paul Merson, Kenny Sansom, Ray Parlour o el propio Adams convirtieron sus carreras en espirales ingobernables. Vidas de pendencieros vestidos de futbolista. La llegada del alsaciano supuso una catarsis en ese aspecto.
Un mes antes, el 14 de septiembre de aquel 1996, Tony Adams había admitido públicamente su problema con el alcohol. Se confesó adicto. Admitió haber convertido su vida en un laberinto sin salida y aceptó someterse a tratamiento para vencer su adicción. Fue el principio de su nueva vida, su segunda fecha de nacimiento. Bajo el manto de Wenger, comprensivo y oportuno como pocos con el gran capitán gunner, Adams recondujo su vida. Aprendió a tocar el piano como parte de su programa de rehabilitación, reformó sus abruptos modales y se convirtió en la persona reflexiva y sosegada que nunca había sido. Un nuevo hombre. Como él mismo afirmó en cierta ocasión, “si el viejo Tony se hubiese encontrado con el nuevo habría pensado ‘¡menudo gilipollas!’“.
A Mister Arsenal aún le dio tiempo para alzar dos nuevos títulos ligueros (con el de 1988/89, los dos de la década de los 90 y el de 2001/02 se convirtió en el primer futbolista en levantar, como capitán, el trofeo liguero en tres décadas diferentes), crear una fundación para la rehabilitación del alcoholismo, la drogadicción y los problemas derivados del juego en deportistas y ser reconocido, con todos los honores, como Miembro de la Orden del Imperio Británico. Un central imponente, durísimo, capitán del Arsenal con únicamente 21 años, maestro en el oficio de defensor y valiente. Valiente por encarar su problema, reconocerlo, afrontarlo y vencerlo. Adams supo aprovechar su momento. Supo convivir con el salvajismo y los innumerables excesos de la loca década de los 80. Pero, sobre todo, supo ver el final. Supo darse cuenta de que su vida no tenía fundamento y de que había caído en una red de la que, sin ayuda, iba a ser incapaz de salir. Puede que todo fuese por un penalti lanzado con potencia, raso, y ligeramente hacia el costado lado izquierdo. Por un bendito penalti fallado.






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#1 kay dijo,
3 noviembre 2011 12:21 pm
Yo me quedo con que, a fin de cuentas, nunca sabemos en que situaciones va a desembocar algo malo. Igual años despues no hubieras cambiado que te pasara eso malo.
#2 Sir Alex Ferguson. Retirement is for young people. » Diarios de Futbol dijo,
5 noviembre 2011 1:35 pm
[...] golazo al Arsenal, en semifinales de la FA Cup. En el camino quedaron los gunners Patrick Vieira, Tony Adams, Lee Dixon y Martin [...]
#3 Camisetas clásicas: póntela otra vez » Diarios de Futbol dijo,
10 enero 2012 10:37 pm
[...] pase de Song lo han dado una larga lista de futbolistas. Empezando por Tony Adams, capitán y bebedor, un 7 de agosto de 1999 en el St Mary’s Stadium de Southampton. Henry no [...]