Nunca he estado muy de acuerdo con aquella máxima futbolera que desprecia a quienes no ganan. Mentira, digo; mentira, me rebelo, que les den a los campeones. Que les den, aunque sea por un rato, un rato largo, a las academias, a los manuales, a los céspedes artificiales y a los ciudadanos modelos que devienen en deportistas ejemplares, en chapados de vitrina, en señuelos para turistas. Porque yo pienso, a bote pronto, en el fútbol de la última década, en quién me ha hecho disfrutar de veras, qué partidos vi sólo por aguardar un chispazo de verdad no manipulada, a qué jugadores recordaré nostálgico cuando sea viejo, me cague encima y no pueda ni cortarme las uñas de los pies, cuando tenga un tiempo limitado que me obligue a elegir bien las ensoñaciones, quiero decir, y no bajo del cajón del podio a uno que apenas ha ganado nada, nada tangible al menos, ni falta que le hace. No bajo de ese podio, ni en broma, al amigo Cassano. Y por eso, mientras aguardamos noticias fiables acerca de su estado de salud, quiero convertir este panegírico cassanista en un baile de recuerdos puros, un viaje escueto y concreto en el tiempo y a los rincones de mi memoria, sin consultar nada y a nadie acerca del poso estadístico y contable de Antonio Cassano, el futbolista, el poeta. El que no requiere medallas para ser héroe, ni prosa para crear Literatura.
“Antonio Cassano, poeta”, tituló Enric González uno de sus más memorables artículos sobre el Calcio. En él, enfrentaba a dos jóvenes que maravillaban en el campeonato italiano. En el contraste, Kaká era el guapo, el buen chico, el que adorarían las marcas multinacionales, y Cassano, bueno, Cassano era catalogado en la estirpe de los malditos: Baudelaire, Rimbaud… Talentino era el feo, el gamberro feliz, el que no tardaría en estropearse, en entrar en combustión. Recuerdo anotar una frase de aquella columna, como suelo: “Un tipo como él no puede crear tanta belleza y quedar impune”.
La primera vez que vi a Cassano era de noche, como ahora, y era lunes, como ahora, también. Estaba Maldini en la pantalla, juraría que el programa era el añorado Fiebre de Fútbol y, probablemente, mi madre venía al comedor para quitarme el mando de la tele. Cuando abrió la puerta, se encontró a su querido hijo, su primogénito, sangre de su sangre, al que amamantó con amor, generosidad y todo eso, saltando junto al sofá, en batín, por un gol de un equipo al que no conocía de nada, con las manos en la cabeza y gritando en sordina para no despertar a nadie: “Qué golazo, qué golazo…”. El gol en cuestión, el que confirmó a mi madre lo que ya debía intuir (más le valía buscarse una buena jubilación), fue, cómo no, el que Cassano marcó en Bari, al Inter, en su segundo partido en la Serie A. Aparte de la evidente belleza que acentuó mi excitación adolescente, el gol tenía más. Lo tenía todo. Tenía un control maravilloso, tenía sutileza, tenía picardía, tenía improvisación, tenía valor y tenía gracia. Tenía un punto de barro y otro de alma. Tenía forma, y fondo. Qué poeta aquel. Sí, poeta. Qué hallazgo, qué emocionante y qué historia rebelde. Tan mago, tan vulnerable. Efímero pero eterno. El chico pobre del Sur que liquida al equipo rico del Norte. El chico que sabe todo lo que no se enseña. El chico que evita lo que demás aprenden. El chico que es único, por esto, y por lo otro. Único.
Recuerdo que a la mañana siguiente, en el instituto, mientras simulábamos escuchar al profesor de turno, abrí el cuaderno de mi compañero de pupitre. No podía olvidar aquel golazo, aquella genialidad tan poco forzada, aquel talento tan natural y fluyente, pero sí el nombre del artista. “Casseno, o Cassaro, o algo así”, escribí, “dentro de unos años será Balón de Oro”.
Y no lo ha sido, ni lo será, pero qué más da. Con los años, cuando anduvo obediente, o cuando anduvo remolón, Cassano ha logrado algo más difícil de lograr que una pelota pintada de oro. Lo más difícil, y juro que no hay nada más difícil en esta vida, es lo suyo. Que lo aceptemos como es. Que lo queramos. ¿Por qué? Porque nos divierte. ¿Y por qué más? Porque se divierte.
Cassano marchó de Bari y, antes de engordar en el Madrid, resurgir en la Sampdoria y volver a ganar en el Milan, fue campeón con la Roma. Los equipos campeones suelen tener apellido. Y con la Roma campeona suele haber discusión. Unos dicen que fue la Roma de Capello; otros, la Roma de Totti. No, parece que definitivamente, y aún menos por el último del Milan, a il Talentino no lo recordaremos por los títulos. Qué cutrez, ni por los registros goleadores, qué ordinariez, si casi prefiere regalarlos. No los necesita. Y no sólo eso: Cassano es tan grande, tanto, que es de los pocos que no necesitaba, no necesita, un final trágico para convertirse en leyenda.
Forza Talentino!
foto: fifa.com







RSS
#1 Mhusrra dijo,
1 noviembre 2011 11:48 am
A mí estas noticias siempre me dejan un mal cuerpo inaguantable. Ahora mismo no sé que es exactamente lo que le pasa. En la COPE se han hecho eco de un medio italiano (Parece que ANSA) y dicen que se trata de un ictus, pero el Milan afirma que no es así, que el diagnóstico definitivo no esta aún.
Cassano es de esos jugadores que como persona no será potable para todo el mundo, pero que le coges cariño igualmente. A saber la de anécdotas que nos ha dejado dentro del campo y fuera de él. Creo que el único punto débil de Cassano (y el de tantos otros genios del balón a lo largo de la historia) es su cabeza.
#2 Giorgios Papaloukas dijo,
1 noviembre 2011 11:59 am
Hay que esperar su evolución antes de finiquitar su vida deportiva.
#3 pele dijo,
1 noviembre 2011 12:09 pm
La eurocopa la va a jugar
#4 Benja dijo,
1 noviembre 2011 12:46 pm
Precioso articulo. Bravo.
#5 Sabin dijo,
1 noviembre 2011 6:06 pm
Aquí un romanista que disfrutó enormemente de la magnífica dupla que formó con Totti durante años.
¡Ánimo, Talentino!
#6 protodo dijo,
1 noviembre 2011 6:32 pm
Cassano,genio y figura hasta… Su pronta recuperacion.
Forza campeone!
#7 Kurono dijo,
2 noviembre 2011 7:31 pm
Esperemos que se recupere. No se que tan lejos hubiera llegado Cassano de haber sentado cabeza, pero “Il Talentino” es un jugador colosal. Desde su golazo al Inter (que el mismo reconoció que de no ser por esa jugada, quizá hubiera parado siendo un delincuente), seguido de su paso por Roma, Madrid, Sampdoria y actualmente el AC Milan, la leyenda de Cassano no para de “engordar”.
#8 No es Ibra, es el Milan » Diarios de Futbol dijo,
6 febrero 2012 12:02 pm
[...] en la recuperación de Vilanova, en el Milan miran de reojo hacia el corazón de Cassano, tras la operación de urgencia a la que fue sometido el delantero de Bari el pasado 4 de noviembre. Igualados pues en lo emotivo, el tercer clasificado de la Serie A debe aferrarse al 2-2 cosechado [...]