De la mano de Classic Football Shirts , la tienda especializada en camisetas antiguas, nos acercamos al fútbol con una perspectiva diferente, desde los uniformes con los que se ha construído la historia del deporte rey.
Diarios de Fútbol es un equipo. Y no digo que todos vayamos a una, que bailemos sincronizadamente unos junto a otros en una especie de pandilla zen eternamente armonizada. Ni mucho menos. Aquí los presentes casi nunca jugamos al primer toque, todo lo contrario, somos más de tarascada inclemente que de caricia balompédica. Decía lo de ser un equipo porque, desde el primer minuto, todos nos sentimos parte de algo único. Con sombras, luces y puntos ciegos, pero una unidad al fin y al cabo, un grupo de esos que tanto nos gustan: heterogéneo, inconstante y sin necesidad de convertirse en pdf. Los que aquí escriben son mis amigos y hoy he decidido homenajearlos. No necesito verles morir para dedicarles unas pocas y sinceras palabras de elogio. Y lo hago hablando de camisetas.
Porque es fácil imaginarse a Borja Barba con la camiseta del Bayern de Munich. Constante, inflexible pero con mucha luz en su mecanismo certero. Un equipo alemán donde han brillado brasileños. La mezcla entre el clasicismo balompédico, la frialdad germana y la leve hendidura por la que, cuando quiere, se escapa una destello flexible, cercano e inasible. También es fácil ver a Pol Gustems lleno de entusiasmo vistiendo la camiseta del Ajax un equipo joven, explosivo, que pese a la inexperiencia presunta ha sido capaz de dar lecciones de fútbol, de aplomo, de decisión en los momentos importantes. O el Inter de Enrique Ballester, un equipo hecho a golpes de la vida. Que va madurando lentamente, olvidando el pasado y agarrándose al futuro para encontrar en él ese toque de felicidad que pueda anestesiar la grada. El talento recubierto de oficio, como cuando pasó Mourinho por allí, como cuando consiguió domar el espectáculo para conseguir los títulos desde el sacrificio. Y que sencillo es ver a Miguel Gutiérrez vestido con la camiseta del Nottingham Forest, un equipo pequeño que logró enamorar a media Europa. Que se olvidó pronto de donde venía para dejar bien claro a donde quería ir. Y hacerlo desde la humildad y sencillez y no desde el estruendo y el autobombo al que acostumbran los entrenadores o los presidentes en las ruedas de prensa. Ir paso a paso sin dejar víctimas en el camino, todo lo contrario, arrastrando consigo a cuantos parroquianos descreídos se encontraba. Referencia de una generación de equipos sencillos que algún día harán historia. O la locura contenida del Olympique de Marsella vestida por Ramón J. Flores. La aparente mesura frente al descontrol, el ingenio a ramalazos, el método mezclado nervio. El pase preciso en el momento preciso, la ruptura inesperada. O Dadan Narval vistiendo con la camiseta de Ghana. Haciéndose un hueco entre los grandes con más corazón que orden, con más entusiasmo que sistema. Con más talento que el del músculo, con más sufrimiento que el rival, con más fuerza que táctica sibilina. De frente, al todo o nada de un partido que siempre es el último. Al límite del esfuerzo. Y como olvidar a Sergio Cortina llevando su camiseta del West Ham. El amor antibalas, lo macarra y lo elegante en un mismo tejido. Barriobajero pero distinguido. Con más nervio en sus piernas que copas en sus vitrinas. Sin necesidad de ganar para ser un equipo ganador. Underground, apestando a pescado frito, desenvuelto en las calles que dan vida a las ciudades, esas que no siempre están transitadas, esas que a veces parpadean en mitad de la noche, donde se forjan las historias verdaderas.
Los imagino a todos estos en el tercer tiempo, con las camisetas sudadas tras una pachanga con más voces que fútbol. Siempre hemos hablado de esto, la medida de un hombre se da en el campo de fútbol. Somos como jugamos. El cobarde sobre el césped será un cobarde en su despacho. Quien no mete la pierna no vale cuando la pandilla se junta rodeando las jarras de cerveza. Imagino ese partido, imagino esas camisetas, me permito la licencia de hablar bien de mis compañeros en este blog. Vosotros, que también sabéis lo que es tener las piernas amoratadas en torno a una mesa de bar tras un demencial partido de domingo, brindando, exaltando la amistad sellada en torno al balón, sabréis entenderme.
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#1 Philc0re dijo,
1 noviembre 2011 1:36 pm
Bonito homenaje… es de agradecer que haya rincones como el vuestro, con análisis cargados de cordura y muy lejos del los campos de la autoindulgencia. No sé si mis clicks en vuestra página sumarán muchas visitas, pero en lo que sigáis escribiendo por aquí siempre tendréis, al menos, un lector al que contarle alguna historia. Saludos desde la estepa Pucelana.
#2 Josef84 dijo,
1 noviembre 2011 6:59 pm
Lo he dicho en twitter y lo digo aquí: queremos saber cual es la camiseta clásica que define a Antonio Agredano.
#3 Full Norbert dijo,
2 noviembre 2011 4:58 am
Muy bueno el artículo, buen homenaje. Me quedo con una frase: “No necesito verles morir para dedicarles unas pocas y sinceras palabras de elogio.” Es mucho mejor que tus amigos sepan en vida cuánto les aprecias.
#4 pele dijo,
2 noviembre 2011 2:40 pm
#3 mas razon que un santo