Apuntes de la undécima jornada

La fábrica de chocolate. Hubo un tiempo en que la Masía era conocida como factoría de medios centros a nivel planetario. Salvo con algunas excepciones como el gran Puyol, alguien en la cartera barcelonista tiraba de varita e implementaba en el cerebro de los chavales las variables necesarias para dirigir el juego, bien desde la calma (Milla), la sobriedad (Busquets), el primer toque (Pep) o el pase corto (Xavi). Como muy bien nos cuenta el amigo Martí Perarnau “en Senda de campeones”, la producción blaugrana se ha diversificado, y quizá no ande lejos el día soñado por la culerada de alinear once canteranos. El último que se ha puesto de largo ha sido el joven Isaac Cuenca, que en su alternativa como titular ha mostrado lo punzante y hermoso del oficio de extremo, además de adornar su debut con un golazo que no olvidará. Y Tintín Deulofeu, en la recámara.

La esmeralda oculta. Amenaza el avispero que rodea el Manzanares con llevarse por delante las posibilidades de la plantilla de este Atlético, que son muchas y buenas. A Diego, Falcao y Arda los protege su nombre internacional, más allá de puntuales rendimientos o estados de forma, y el conflicto de Reyes parece más personal con Manzano que deportivo; sin embargo Adrián, con sus 23 años, su currículum por construir y su aspecto indefenso y frágil, huele a carnaza en medio del huracán que agitan una directiva impresentable, un entrenador perdido y una afición tan desencantada como ardiente. Y es una pena, porque el asturiano parece uno de los más firmes valores en que podría apoyarse el futuro colchonero, un delantero moderno, fino y técnico, que de vez en cuando sacar recursos que firmaría el más potente de los nueves. Servidor creyó ayer que era el Tigre, y no él, quien dibujó el cabezazo inapelable que reventó el marcador del Calderón.

Manos y manos. Aunque muchos comentaristas de fútbol –algunos ex jugadores- lo sigan obviando reiteradamente, para que una mano constituya infracción es imprescindible que el jugador toque el balón con la mano de modo voluntario. A partir de esta premisa básica, se puede discutir si los penaltis a los que dieron lugar los incidentes de Nsué y Romaric en Barcelona y Málaga constituyeron falta o no. En el primer caso, Adriano centra, y la pelota impacta a quemarropa con el bermellón, que esperaba con los brazos abiertos. Es difícil creer que cuando uno los abre de ese modo no cobija la intención de cortar “con lo que sea”, luego penalty. En la segunda acción, Romaric se lleva la mano al rostro para taparse el pelotazo de Jesús Gámez, y el balón golpea más en la cara que en el brazo que iba a protegerla. Aunque hubiera rozado la mano, se habría tratado de un lance seguramente instintivo, que el jugador no controla con la voluntad, así que en principio no hubiera debido pitarse nada. En cualquier caso, dos jugadas al límite, que merece discutir.

Mucha clase, poca cabeza
. Casi muere el primer tiempo cuando Álvaro Cejudo empalma un balón al borde del área que se cuela con suavidad en la meta de Munúa. Es el premio al buen trabajo de Osasuna, que acabará la tarde derribando al Levante del podio de la Liga. El delantero cordobés, una de las revelaciones de este comienzo de temporada a pesar de no ser precisamente un recién llegado, enloquece mientras la alegría se desborda por las gradas del antiguo Sadar. La nota discordante llega cuando el goleador, entendiendo mal la euforia, se quita la camiseta en un gesto que no por repetido acabaremos nunca de comprender. Inevitable la tarjeta, pues, que combinada con la segunda tras el descanso condena a su equipo a un calvario que no merecía. Quizá actitudes como ésta merezcan una sanción interna algo mayor que quedarse sin visitar el Bernabéu en jornada matinal.

Maneras de perder. Estéril fue la jornada para Betis, Real Sociedad y Zaragoza, tres aficiones condenadas a graves problemas con la longitud de sus uñas en la recta final del campeonato. Sin embargo, el regusto de final de las derrotas resultó diferente. Los blanquiazules enfrentaron a sus rivales madrileños con el miedo por bandera, la defensa como tàctica y el catenaccio como estrategia, recibieron un tanto pronto, y se pasaron el resto del choque, Menotti dixit, sin saber muy bien si ser toro o torero. El Betis salió como siempre con esto último bien claro, reclamando la posesión y el mando del partido; no les funcionó porque el mecano de Cúper comienza a carburar, la suerte les sacó la lengua en forma de postes, y Mel no dispone del futbolista valioso que transforme, como él hacía cuando futbolista, la ortodoxia en pólvora. Dos tácticas legítimas, dos maneras de intentarlo, idéntico resultado… y sin embargo no es lo mismo.

Matemático profesional, lector empedernido, escritor ocasional y esforzado blogger, se enamoró del fútbol como fuente de momentos inolvidables y como metáfora de la vida. Nada mejor que un buen debate sobre tal o cual jugador, golazo o táctica, y nada peor que el fanatismo, la polémica gratuita o el cotilleo. Apasionado de las viejas historias sobre enfrentamientos míticos y leyendas del balón que no tuvo ocasión de conocer, guarda en su memoria muchos goles y partidos con la sensación de que fue un privilegio vivirlos (ramon.flores@diariosdefutbol.com).