Desde que empezó la Liga, y contando la Champions, el Villarreal ha jugado once partidos. Sólo ha ganado uno. El Levante acentuó la crisis amarilla el pasado domingo, ocho meses después de encender la mecha del declive. Porque sí, lo del Villarreal no es nuevo. Su segunda vuelta fue mediocre, de mitad tabla, un catálogo de insinuaciones preocupantes que se han revelado con claridad en el inicio del presente curso. Y todo, recordemos, empezó en un Villarreal-Levante de aparente trámite, en el lejano mes de febrero.
A aquel partido llegó el Levante en zona de descenso, rodeado de dudas y temores, y salió de él con un botín de gigantesco valor. Y no sólo por los tres puntos, que también. En aquel cero a uno forjó un carácter que desde entonces es símbolo granota. Fue aquella cita la reivindicación definitiva de un grupo de veteranos orillados en sus anteriores clubes que marcó el estilo del club para los siguientes meses. Un estilo que nace en el orden, el trabajo, la sensatez, la sobriedad y el espíritu colectivo. Y un estilo que trasciende al entrenador (de Luis García Plaza a Juan Ignacio Martínez), que le sirvió para evitar el descenso como antesala de la explosión del presente curso. El Levante es líder de Primera. Sin más.
El Villarreal, en cambio, recuerda aquel partido y se sumerge en la pesadilla. Porque a ese partido que parecía uno más se presentaba el Villarreal envuelto por la euforia. El equipo de Garrido era una máquina brutal en su estadio y exhibía un balance casi perfecto, con once partidos, diez victorias, 31 puntos y 26 goles. Y un juego valiente, creativo, ambicioso. Pero tras la inesperada sorpresa del Levante, en un encuentro muy táctico, con el muro de los tres centrales enfrente, anclados en la impotencia, los números del Villarreal empeoraron de modo alarmante. Jugó siete partidos ligueros más en casa, en los que sólo marcó 7 goles y obtuvo 11 puntos. Y el juego cambió también, de la mano de la mentalidad generalizada. Se priorizó sobre cualquier objetivo la clasificación para la Liga de Campeones, clave en los planes económicos del club. Garrido captó el mensaje de su directiva y comenzó la doctrina del ahorro. El Villarreal dejó de soñar con lo máximo para mutar en un pragmatismo tibio. Administró su ventaja en la tabla y braceó en la vulgaridad, hasta llegar a la orilla con lo justo. Hipotecó el estilo y, pasado el verano, ha sido incapaz de encontrar su mejor versión, esa que unía la rabia y la agresividad de Garrido a la rueda de apoyos y asociaciones de Pellegrini. Quiere, pero le está costando volver.
Cabe recordar, a estas alturas, que Garrido subió al primer equipo para que el Villarreal jugase como su presidente, Fernando Roig, entiende que debe jugar. Recogió de Valverde un grupo aparentemente desganado, con tendencia a la dispersión, y falto de ansia competitiva. Remontó en el tramo final de la 2009-10, y con la ayuda de los despachos logró plaza europea. En la 2010-11, anudó un equipazo pese a reducir presupuesto. Acertó en los fichajes (Borja-Marchena), en relación calidad-precio, y aupó al grueso del filial. Concretó un proyecto de entidad, de múltiples aristas teóricas, en un once, en el césped, en la práctica. En aquella primera vuelta el Villarreal se marcó el objetivo de ser grande, y salió a que le partieran la cara en el Camp Nou o en el Bernabéu, consciente de que algún golpe él también repartiría. Ese Villarreal extramotivado, intenso, voraz, casi suicida, se ha esfumado. Y con él, la excitación febril de El Madrigal, donde los porteros rivales eran héroes incluso llevándose un carro de goles.
Fue el tiempo, nada tan clave como el paso del tiempo, lo que mató el despegue. A Garrido lo condena el medio plazo, más allá de las lesiones, más allá de que, por vez primera, la exigencia de la grada es mayor que la del club. Cuando los rivales conocieron el juego de espejos y engaño, ese que inducía Nilmar (desaparecido desde hace demasiado) no halló ningún plan alternativo que no fuera el de la precaución, ese que le sirvió para sobrevivir, bueno, pero no ahora para construir. Garrido es bueno en un mundo en el que no vale con ser bueno si además eres previsible. Agotó discurso, táctica y relato. El club bajó el listón a su vera, y las opciones del desenlace se reducen en el embudo.
Ya no se habla de grandeza, de alternativa, de títulos, de sueños. El Villarreal piensa a la contra. Se habla de ultimátum, de culpables, de traición, de pesadillas.
7 de febrero de 2010 – Garrido y el aroma perdido
13 de noviembre de 2010 – El Villarreal quiere ser mayor
18 de enero de 2011 – Así respira el Villarreal de Garrido
14 de abril de 2011 – Cuando termina la novedad
16 de junio de 2011: Así fue la Liga: Villarreal CF (4º)
foto: villarrealcf.es / ACF Fotografía







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#1 Miquel dijo,
25 octubre 2011 5:33 pm
El tiempo se ha encargado de demostrar lo mal entrenador que es Garrido. Una historia común en el fútbol.
Saludos
#2 Gontxo dijo,
25 octubre 2011 6:07 pm
Mencionado de puntillas. No pasa nada por hacer hincapie. Garrido y el Villarreal no entraron en Europa su primer año, les metieron vía despachos.
Este año tiene mala pinta. Ya el año pasado se fue vaciando, aunque les quedó el consuelo de que mientras resistían en Liga, en parte tb porque el Sevilla de Manzano, el Atleti y el Athletic no llegaron a incordiar y fallaron en momentos de dar el escalón, pero en la competición que no se clasificaron se encontraron a Twente y Napoles que no apostaron por los titulares y empezaron a soñar, hasta que el Oporto les hizo la manita aplastante.
Ahora, no aparecen muchas excusas validas. En Champions huelen a colistas de grupo (el Napoles con titulares es otra cosa), el City y el Bayern… En Liga han ganado un partido y se van alejando de la cabeza… No sé cuál es el problema, ni por tanto la solución.
#3 ese_joose dijo,
25 octubre 2011 6:59 pm
El problema? que Cazorla ya no está..
#4 desde la barrera dijo,
26 octubre 2011 1:00 am
Gontxo, llevas con los lloros 2 años, en cada post en el que se mencione a villarreal o mallorca
#5 Ramon dijo,
26 octubre 2011 1:08 am
Creo que se han juntado varios aspectos. La marcha de Cazorla que era el jugador más importante del equipo ha sido clave, y el fichaje de De Guzmán no ha suplido su baja, Valero que era otro jugador clave no está tampoco a su máximo nivel, al igual que Rossi al que creo que los rumores sobre su futuro durante el verano le han afectado demasiado. Pero bueno Garrido tampoco está encontrado soluciones al mal juego del equipo y veremos si Roig mantiene al entrenador en su cargo como suele hacer o si toma una decisión drástica. Veremos como plantea el partido de mañana.
Un Saludo!
#6 Borja Barba dijo,
26 octubre 2011 2:13 am
Cazorla.
#7 Enrique Ballester dijo,
26 octubre 2011 3:03 am
No sé, Cazorla aún estaba en la segunda vuelta del año pasado, y el Villarreal es 15º.
#8 JL dijo,
26 octubre 2011 9:14 am
Gontxo, eres un cansino.
#9 Pepe Szendrei dijo,
26 octubre 2011 12:20 pm
Yo estoy con Enrique, no es únicamente Cazorla.
#10 cardel dijo,
26 octubre 2011 11:46 pm
No sigo muy de cerca la actualidad del Villarreal, pero ¿está ligada la baja forma del equipo con el declive de Senna?
#11 Giorgios Papaloukas dijo,
27 octubre 2011 9:46 pm
He tenido que consultar para saber que Valverde fue cesado del Villarreal tras 20 jornadas: 7 ganados, 5 empates y 8 derrotas.
Además de la lesión de Nilmar, acaba de caer Rossi para 5 ó 6 meses.