Su historia es curiosa, de esas que parecen dibujadas por la caprichosa Olivetti de cualquier novelista. Una infancia peculiar y complicada, un pasado imborrable y una vida repleta de sobresaltos hasta alcanzar la madurez. Cuando a José Lopes le surgió la oportunidad de dejar atrás una vida de penurias y pobreza en su Cabo Verde natal no lo dudó ni un instante. Era la España de los años 70, tan necesitada de mano de obra como abonada a la precariedad. Allí, al noroeste de la provincia de León, donde la comarca de Laciana luchaba a diario por robarle a la tierra el sustento en forma de carbón, encontró trabajo y acomodo José, muy lejos, en lo geográfico y en lo espiritual, de su querida Praia. No fue el único caboverdiano que aterrizó en tan remoto lugar a la llamada de la riqueza producida por la entonces muy boyante minería. Fue así como la compañía Minero Siderúrgica de Ponferrada, siguiendo un ambicioso plan de explotación minera de la zona de Villablino, atrajo hasta la zona a un gran número de familias de inmigrantes portugueses y caboverdianos, en su mayor parte. Las minas, a plena producción, necesitaban personal que las trabajase.
En este curioso escenario fue en el que vino al mundo, en 1981, Valmiro Lopes Rocha. Hijo de inmigrantes caboverdianos afincados en Villaseca, muy cerca de Villablino, el pequeño vio como su vida daba un giro radical con tan solo cuatro años, cuando sus padres tomaron la decisión de separarse. Así, el pequeño tuvo que trasladar su residencia a Madrid junto a su madre. Muy lejos de la paz del Valle de Laciana.
Ante las dificultades económicas, la madre del pequeño Valmiro se vio obligada a dejarlo en acogida en un colegio para hijos de inmigrantes sin recursos en Aravaca, a las afueras de la capital. Fue allí donde el hijo del aventurero José, el caboverdiano nacido en lo más profundo de la cuenca minera leonesa, comenzó a percibir que lo suyo con el balón no era del todo normal.
Fue así como, a la edad de quince años, las monjas cedieron ante la insistencia de la hermana mayor de Valmiro. El joven, que ya jugaba en las inferiores del Pozuelo, se había ganado el derecho a hacer unas pruebas para ingresar en las categorías inferiores del Real Madrid. Tan lejos de Laciana. Tan lejos de Cabo Verde.
De la mano y bajo el manto protector de Vicente del Bosque, Valmiro, ahora ya Valdo, pasó a ser una figura conocida en la antigua Ciudad Deportiva. Porte estilizado, zancada ágil, cierta sensación de fragilidad… a muchos, no sólo por el físico, les traía lejanos recuerdos de un chavalito de un banlieu parisino que empezaba a romperla en el Monaco llamando la atención de varios grandes europeos. Pero, como antes y después ocurriese con otros muchos, su trayectoria en la casa blanca no fue sencilla. Si bien llegó a hacerse un huequecito para poder incluso debutar con el primer equipo madridista, gracias nuevamente a Del Bosque, (lo hizo en Liga ante el Athletic Club e incluso en Liga de Campeones, frente al Lokomotiv) y dejar su nombre escrito para siempre en las hemerotecas, la carrera de Valdo no tenía sitio en aquel Real Madrid que dominaba en Europa de la mano de los Zidane, Roberto Carlos, Hierro, Figo o Raúl.
Fue en el mercado de invierno de la temporada 2001/02. Ante la escasez de oportunidades de calidad, decidió aceptar la oferta de Osasuna, para terminar convirtiéndose en ídolo en la capital pamplonica. Fue el gran Osasuna de Javier Aguirre, finalista de Copa y tormento de gigantes en competiciones europeas. De Navarra dio el salto a un club con, supuestamente, mayores aspiraciones como el Espanyol. Pero las cosas no salieron como debían. Dos flojas temporadas como perico dieron con sus huesos en el Málaga, donde tampoco dio lo que de él se esperaba en el año en el que permaneció cedido en La Rosaleda. Sin ánimo para continuar su aventura espanyolista, Valdo y el club catalán decidieron rescindir el contrato que les unía. Mejor probar en otro sitio, mejor empezar de cero.
Fue lo que debió de pensar Valdo, ya con 29 años, cuando aceptó la oferta de un Levante recién ascendido a Primera división. Había muchas cosas por hacer en el Ciutat de València y así lo entendió el lacianiego.
Hoy, un año después de tomar la decisión de recalar en el conjunto granota, Valdo, el hijo de José Lopes, el caboverdiano de Villablino, es una figura destacada en el sorprendente colíder de la Liga BBVA y ha hecho suya la banda derecha del equipo que dirige Juan Ignacio Martínez. Una vida repleta de obstáculos y vericuetos no ha sido suficiente para detener su carrera como futbolista profesional. Y todo empezó en una mina de carbón leonesa.








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#1 carlos dijo,
14 octubre 2011 8:12 pm
ese vecino!!!!!!!!!! viva Laciana
#2 Pablo dijo,
15 octubre 2011 12:07 am
http://retrogoles.blogspot.com/ Todos los goles de tus idolos de los 60, 70, 80 y 90. El mejor archivo del futbol español se está gestando.
#3 Mitilija dijo,
15 octubre 2011 6:07 pm
Grande Valdo y grande Borja!
#4 La nube granota » Diarios de Futbol dijo,
17 octubre 2011 12:58 am
[...] queremos decir que el artículo que el pasado viernes dedicábamos en este mismo sitio a Valmiro Lopes Rocha haya tenido fuerza premonitoria. De hecho, el partido ante el Málaga CF parecía idóneo para [...]
#5 Liga BBVA 2001/12: mejor centrocampista derecha | MuroDeBlogs dijo,
17 mayo 2012 6:41 pm
[...] El hijo del minero caboverdiano de Villablino ha encontrado su hábitat ideal casi en la cuesta abajo de su carrera. El modesto pero orgulloso [...]