Cuando la agencia de publicidad que gestiona la presencia en redes sociales de la cervecera Cruzcampo, uno de los patrocinadores principales de la selección española de fútbol, nos hizo llegar lo que era un primer esbozo de lo que tenían planeado ofrecernos, la rotundidad de nuestra respuesta al ofrecimiento no pudo ser mayor. Se gestaba una experiencia única, inolvidable. Cruzcampo, con vistas a potenciar su imagen de marca en Twitter y Facebook, había decidido que un representante de DDF acompañase a la selección hasta Praga, viajase con la expedición oficial, se alojara en el hotel de concentración en la capital checa, y asistiera al partido entre la selección anfitriona y los nuestros. Se trataba de vivir un viaje con los campeones de Europa y del mundo desde dentro, y contarlo, en tiempo real, a través de las citadas redes sociales. No pudimos negarnos.
Así, desde las 8 de la mañana del jueves día 6, hora en la que fuimos citados en la T4 del Aeropuerto de Madrid-Barajas para embarcarnos en el vuelo chárter fletado por la RFEF que nos trasladaría hasta el Aeropuerto de Praga-Ruzyně, hasta que volvimos a pisar tierra en Madrid, el sábado día 8 alrededor del mediodía, gozamos de una vivencia al alcance de muy pocas personas. Viajar con los campeones del mundo, conocer lo que es una concentración de una selección nacional, compartir hotel con nuestros internacionales y disfrutar del partido ante la República Checa, todo ello, sin menospreciar la siempre recomendable visita turística de Praga.
Ya en el avión de ida, lo primero que llamaba la atención era la clarísima ‘compartimentación’ de los pasajeros. Un primer tercio del avión estaba ocupado por los futbolistas, cuerpo técnico, asistentes y directivos de la Real Federación Española de Fútbol. Una expedición formada, en total, por cerca de 60 personas. A continuación, directivos e invitados de las marcas patrocinadoras, grupo en el que nos encontrábamos nosotros. Y por último, en el tercio de cola, el nutrido grupo de reporteros, cámaras y periodistas que viajaban para cubrir el partido.
El vuelo de ida dio lugar para no pocas anécdotas: futbolistas absolutamente inquietos incapaces de permanecer sentados en su sitio durante más de cinco minutos, mucho iPad echando humo, Iker Casillas ‘visitando’ a su televisiva pareja con toda la naturalidad del mundo, algún que otro ronquido e incluso Manolo Lama vendiendo lotería de Navidad a todo el pasaje.
Aterrizados en Praga, la organización del evento (responsabilidad de Santa Mónica Sports), nos había preparado un interesante recorrido turístico por la Praga más monumental, la que rodea a la Catedral de San Vito, al Puente de Carlos, o al famoso Orloj, el reloj astronómico del Ayuntamiento de la ciudad. Una indispensable visita turística en la que, por supuesto, no faltó el factor gastronómico.
A la llegada al hotel, en la tarde del jueves, coincidimos con la llegada de los futbolistas desde el entrenamiento previo al partido. El revuelo alrededor de la entrada del Marriott Praha era constante. Cazaautógrafos, estudiantes de Erasmus, viandantes curiosos… todos buscaban con la mirada, desde la calle, lo que nosotros veíamos desde dentro. Fue el momento en el que pudimos cruzar algunas palabras con varios de los internacionales, como Javi Martínez, David Silva, Santi Cazorla o Fernando Llorente, muy atentos los cuatro, antes de dejarles tranquilos para ir a cenar a su comedor privado. Puede imaginarse el lector la curiosa sensación que produce algo tan mundano e insignificante como compartir ascensor con, por ejemplo, Fernando Torres. Tiene un punto de surrealista, no crean.
El día del partido amaneció grisáceo en la capital checa. Tras el desayuno, y mientras los futbolistas se preparaban para salir a dar el preceptivo paseo por alguna zona verde de la ciudad, el grupo que conformábamos los patrocinadores e invitados nos dispusimos a visitar el barrio judío de Praga. Allí pasamos la mañana, sin poder avistar al Golem en ningún momento, empapándonos in situ de una inolvidable lección histórica.
En las horas previas al partido, la recepción del hotel se convirtió en un auténtico caos. Mucha gente en busca de los campeones del mundo, aunque no todos con un acceso tan directo como nosotros. Tras la merienda, algunos de los jugadores vino a atendernos amablemente, con tiempo suficiente para las preceptivas fotos de recuerdo. No obstante la tensión lógica a los momentos previos a un partido oficial podía prácticamente mascarse. Eran pocos los futbolistas que querían romper su ritual de concentración. Por eso, si cabe, es de agradecer el gesto que tuvieron entre otros, Javi Martínez, Pepe Reina, Jordi Alba o David Silva. Saben que se deben a la gente, e intentan no defraudar a nadie, aunque a veces suponga un esfuerzo extra.
Ya en el pequeño pero coqueto estadio Letná (ahora denominado Generali Arena por motivos de patrocinio), habitual hogar del Sparta de Praga, teníamos un sitio reservado junto al palco de autoridades. Desde que hicimos entrada al recinto, siempre bien identificados con nuestros colores, pudimos gozar de la extraordinaria amabilidad, hospitalidad y respeto de los aficionados checos. Llama la atención la educación con la que se vive el fútbol. Ni un mal gesto, ni un reproche, respeto reverencial por el himno español… Es más, muchas palabras de felicitación, mucho ‘good luck’ camuflado bajo un peculiar acento y mucho gesto de cariño nos hicieron sentirnos casi aún mejor que en nuestra propia casa. La sensación no se quebró ni con el tempranero 0-2 a nuestro favor. Sin cesar de animar a los suyos con el inagotable ‘Český! Český!’, el público local reconocía la superioridad de los nuestros en cada jugada.
Ni siquiera las ingentes cantidades de cerveza (sí, en el interior del estadio no es que no se sirvieran bebidas alcohólicas… es que servidor sólo vio servir jarras y jarras de cerveza) alteró los ánimos locales. La superioridad de España había sido absoluta (el 0-2, coincidirán, se quedó algo corto) y sólo quedaba felicitar al rival, cosa que no uno, ni dos aficionados checos hicieron, sino un buen número de ellos, con los que las buenas relaciones nos llevaron incluso a algún tradicional intercambio de bufandas y deseo mutuo de futuros éxitos deportivos.
El viaje de vuelta, ya con la victoria de los nuestros en el bolsillo, fue una nueva oportunidad para acercarse a los futbolistas. Ya más relajados tras el partido, la sala de embarque de nuestro vuelo nos mezcló a todos, futbolistas, periodistas y patrocinadores, con lo que el contacto fue aún más sencillo y directo. Xabi Alonso, que aún se mostraba dolorido por la violenta patada que le propinó Hübschmann en el partido, Juan Mata o Pedrito atendieron muy amablemente nuestra breve conversación, en los minutos previos a embarcar rumbo a Madrid y dar por concluido el viaje y la experiencia.











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#1 Full Norbert dijo,
11 octubre 2011 3:22 am
Qué suerte, habrá sido una gozada de principio a fin. A ver si conseguís repetir más veces y no sólo para partidos de España, sino de cualquiera.
#2 Agencia de Publicidad | Agencia de Publicidad dijo,
11 octubre 2011 5:29 am
[...] República Checa-España: historia de una experiencia – Diarios de Fútbol [...]
#3 Mitilija dijo,
11 octubre 2011 10:15 am
Llevo meses luchando por hacer algo con vosotros. Ahora se que si lo que se os propone es interesante y tiene sentido, es posible que digáis que si.
Lo tendré en cuenta.
#4 Borja Barba dijo,
11 octubre 2011 10:22 am
@ Mitilija
¿A qué te refieres?
#5 Jesús Marrone dijo,
11 octubre 2011 11:08 am
Ha tenido que ser una experiencia espectacular. Gracias por compartirla
#6 Pepe Szendrei dijo,
11 octubre 2011 12:13 pm
Gracias por compartir la experiencia. Envidia sana!
#7 Kurono dijo,
11 octubre 2011 8:59 pm
Gracias por lo compartido.
Un off-topic: Me parece que dejaron un poco de lado que Montenegro, nación que se independizó durante el año 2006 y que únicamente ha jugado dos eliminatorias,en toda su historia acaba de garantizarse un puesto de repechaje para la Euro 2012 (POR cierto, la población total de Montenegro no supera los 650,000 habitantes). Amablemente sería agradable un post sobre la hazaña de las “águilas valientes”